España va camino de convertirse en un desierto: “Como país no podemos renunciar a las renovables porque nos ha tocado la lotería y es la gran oportunidad del siglo XXI”

2026/09/20

Emilio Santiago y Héctor Tejero, autores de 'España contra el desierto'. (Cedidas por Arpa)

Emilio Santiago y Héctor Tejero, autores de ‘España contra el desierto’. (Cedidas por Arpa)

España es el epicentro de la crisis climática en Europa. Solo hace falta observar los fenómenos ocurridos en los últimos años dentro de nuestro país para darse cuenta de ello: olas de calor cada vez más intensas y persistentes, grandes incendios forestales que queman decenas de miles de hectáreas, lluvias torrenciales seguidas de largos periodos de sequía… De hecho, la desertificación es una grave pesadilla que se cierne sobre la geografía española: casi el 75% de nuestro territorio corre el riesgo de convertirse en un desierto.

Esta emergencia climática que amenaza con transformar España en un lugar inhabitable, sin embargo, puede ser una oportunidad para colocarnos en la vanguardia de la modernización mundial y liderar la revolución verde necesaria para evitar las peores consecuencias del cambio climático. Para ello, la política será fundamental, pues de ella depende que nuestro país acelere, se quede estancada o incluso retroceda en la descarbonización.

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Emilio Santiago, antropólogo e investigador del CSIC, y Héctor Tejero, bioinformático y responsable de Salud y Cambio Climático del Ministerio de Sanidad, abordan esta cuestión en su recién publicado libro, España contra el desierto (Arpa, 2026), en el que afirman que la prosperidad ecológica es posible. Sobre esta cuestión ahondan en una entrevista con Infobae.

La editorial Arpa publica el nuevo libro de Emilio Santiago y Héctor Tejero, 'España contra el desierto'. (Cedida por Arpa)
La editorial Arpa publica el nuevo libro de Emilio Santiago y Héctor Tejero, ‘España contra el desierto’. (Cedida por Arpa)

España tiene las condiciones geográficas perfectas (en cuanto a radiación solar y potencial eólico) para producir “la energía limpia y barata que necesita una Europa descarbonizada”. Impulsar de una forma más acelerada las energías renovables podría permitirnos dejar de ser “la huerta de Europa”, lo que está afectando a los recursos hídricos del país, y convertirnos posiblemente en “la batería o la fábrica de Europa”.

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“Lograríamos enfrentar el que es el mayor problema ecológico estructural de España, que es el déficit hídrico, que se va a incrementar con los escenarios de calentamiento global que se prevén para las próximas décadas”, explica Santiago. Además, “mejoraría mucho la competitividad económica del país” al poder prescindir de las grandes importaciones de combustibles fósiles que no poseemos.

Para el campo también podría ser una oportunidad, pues permitiría una mayor diversificación y una menor dependencia del regadío, que Tejero señala que actualmente “es el único sector del mundo rural que genera valor” y que “es insostenible tal y como estamos por el cambio climático”, pues “estamos vaciando los acuíferos y encima nos dirigimos a un escenario de menos lluvias”. “No proponemos que la agricultura desaparezca, sino que se transforme”, matiza.

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El territorio español es suficientemente extenso para que la instalación de renovables sea compatible con otros usos extensivos. “Las fotovoltaicas que hacen falta no llegan a ser ni el 1% o 2% de la superficie agraria útil. Y tengamos en cuenta que en España hay como un 10% de esta superficie agraria útil que está abandonada”.

Sin embargo, a veces estos proyectos se encuentran con una cierta oposición por parte de la ciudadanía. “Lo que está pasando es que no se está haciendo bien en algunos casos a la hora de implantar las renovables”. Por ello, resultan fundamentales las tres C: una buena comunicación con los vecinos y los ayuntamientos, cooperación para que la gente de los municipios pueda participar en el diseño y dar su opinión, y compensación.

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Paneles solares de la planta Andévalo de Iberdrola, en Huelva. (María José López/Europa Press)
Paneles solares de la planta Andévalo de Iberdrola, en Huelva. (María José López/Europa Press)

“Los niveles de apoyo de las renovables en general que salen en las encuestas son altísimos y con las renovables en mi provincia o municipio están al 60-70%”, explica Tejero. “Lo que pasa es que hay núcleos conflictivos que llaman mucho la atención”, así como empresas que buscan llenar un porcentaje muy elevado del territorio del municipio con estas infraestructuras. “Tampoco puede ser, hay que poner ciertos límites. Si se hiciesen las cosas mejor desde el punto de vista de las empresas y de la administración institucional, no debería haber ningún problema”.

Santiago señala que el debate debe estar en una serie de reformas “más estructurales y de largo plazo que puedan permitir a la ciudadanía incorporar las renovables como parte de su proyecto de país”, como generar un fondo soberano vinculado a “nuestra riqueza solar” o plantear una segmentación del mercado eléctrico para que el precio de la electricidad sea más barato en los territorios que soportan más carga de estas infraestructuras, aunque el antropólogo es consciente de que este es un “debate que sería muy polémico de aplicar”. “Como país no podemos renunciar a las renovables porque nos ha tocado la lotería y es la gran oportunidad del siglo XXI para reinventar nuestro modelo productivo, nuestro modelo de bienestar”.

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Los próximos años son fundamentales a nivel medioambiental porque nos acercamos a los límites y metas del año 2030. Así, las políticas que ponga en marcha el Gobierno que se forme tras las próximas elecciones generales determinarán si avanzamos, nos estancamos o incluso retrocedemos en la lucha climática.

“Lo que tenemos ahora en España es una situación en la cual a nivel de la población, incluso a nivel del votante de derechas, no existe un negacionismo mayoritario”, explica el responsable de Salud y Cambio Climático del Ministerio de Sanidad. “De hecho, buena parte de la derecha convive, según todas las encuestas, bastante cómodamente con las políticas de transición ecológica. Es verdad que le ven mucha menos urgencia que el votante de izquierdas y eso, en el momento en el que estamos, es un problema”.

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Imagen de archivo de una manifestación por la emergencia climática en Barcelona. (David Zorraquino/Europa Press)
Imagen de archivo de una manifestación por la emergencia climática en Barcelona. (David Zorraquino/Europa Press)

Sin embargo, los autores de España contra el desierto recuerdan que en el panorama político español “tenemos un partido negacionista en sus élites que es Vox” y que ya está condicionando la política energética en las regiones en las que gobierna con el PP, “poniendo trabas a las renovables, hablando de eliminar la agenda 2030...”

Si se repite en las elecciones generales lo que ha ocurrido en las autonómicas de Castilla y León o Aragón y esto deriva en una agenda “retardista o retardonegacionista”, provocaría, según señala Tejero, una menor adaptación frente al cambio climático y un empeoramiento de la soberanía nacional y el bienestar económico. “Creo que no hay nadie que dude de que la apuesta por renovables te hace un país más seguro, menos dependiente del estrecho de Ormuz, de lo que haga Trump, de lo que haga Putin, de lo que hagan países de los que no tienes control y que son mucho más poderosos que tú. Y creo que nadie tiene ninguna duda de que son un vector de modernización económica y de generación de empleo y de crecimiento”.

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Santiago apunta que observar el pasado puede advertirnos del futuro. “Si uno mira los gráficos de penetración de renovables en la matriz energética del Estado español, han conocido un freno muy relevante en el último ciclo del gobierno conservador, cuando aún todavía no había un partido negacionista que tiene mucho de sucursal electoral del trumpismo en nuestro país”, explica el antropólogo. ”En ese sentido, las señales del pasado no son halagüeñas, como no lo son la guerra cultural que la derecha ha emprendido contra algunas directivas del Pacto Verde Europeo, que deberían ser de sentido común, como las que tienen que ver con la movilidad urbana".

Fotografía de archivo de una torre de la principal plataforma petrolífera rumana en el Mar Negro. (STR/EFE)
Fotografía de archivo de una torre de la principal plataforma petrolífera rumana en el Mar Negro. (STR/EFE)

Por ello, el experto prevé una posible desaceleración en la implantación de las renovables, lo que, incluso aunque no fuese una vuelta atrás total, podría “ser un lastre que paguemos caro”: “Si simplemente nos mantenemos como estamos, perderemos capacidad de desarrollar toda la riqueza renovable que España puede generar, en un momento en el que necesitamos acelerar, en el que necesitamos políticas industriales ambiciosas”.

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Con respecto al actual Gobierno español, Tejero indica que “ha demostrado ser uno de los más climáticamente comprometidos de la Unión Europea”. Sin embargo, hay tres aspectos en los que, debido sobre todo a “las posiciones de sectores y del socio mayoritario del PSOE”, no ha avanzado bien: la electrificación del transporte; la reforma en el mundo rural, que, aunque tiene que ser “justa y tranquila”, debe “dar pasos adelante”; y los aeropuertos. Esta semana, el Consejo de Ministros ha aprobado la ampliación de 12 de estas infraestructuras en nuestro país.

“Es uno de los sectores que necesariamente tiene que reducirse. Parece que, si se hace la ampliación de los aeropuertos, no cumpliríamos con nuestros compromisos climáticos”, explica Tejero. “Además, esos aeropuertos están sobre todo al servicio de un sector que cada vez va a tener más problemas: el turismo. España es un país que tiene que transicionar porque este verano ha empezado a haber noticias de caídas de ventas en zonas como Alicante y Castellón, porque la gente no quiere venir a España a pasar 26 noches tropicales”.

Ola de calor España
Imagen de archivo de una mujer en la playa durante una ola de calor en Benalmádena. (Jon Nazca/Reuters)

La energía y el clima, la columna vertebral de los problemas del siglo XXI

Con el encarecimiento de la vivienda, el auge de la extrema derecha o los continuos conflictos armados, por mencionar algunos de los problemas que están dificultando el contexto actual, para muchas personas es posible que el medioambiente pase a un segundo plano. Sin embargo, tal y como recuerda el investigador del CSIC, “todos los problemas del siglo XXI están atravesados por factores energéticos y climáticos”.

“No hay nada más relevante ahora mismo para asegurar la viabilidad de Europa como proyecto político o la soberanía que desvincularse de la capacidad de chantaje de los tiranos del mundo fósil. Y eso tiene que ver con políticas climáticas. En el siglo XXI, toda política va a ser política climática”, afirma Santiago.

Además, los fenómenos meteorológicos extremos no harán más que intensificarse, por lo que será imposible que el cambio climático no ocupe el debate público y político. “Eso no significa que la gente, porque haya olas de calor o más incendios, vaya a votar a opciones climáticamente más competentes o ambiciosas”, señala Tejero. “Pero desde luego va a entrar en el debate”.

No podemos eliminar el cambio climático, pero sí estamos a tiempo de evitar sus peores consecuencias, de evitar que España se convierta en un desierto. A nivel individual, se pueden llevar a cabo acciones para ello, pero los autores destacan que es importante también mirar más allá y, por ejemplo, “formar parte de una cooperativa, una comunidad energética, algún movimiento social o simplemente una cosa mucho más sencilla, que es mantener viva la conversación climática en tus entornos sociales”, afirma Santiago. “Tenemos mucha más capacidad de incidencia de la que pensamos, sobre todo si rompemos un poco el marco de las soluciones individuales y empezamos a pensar en soluciones colectivas”.