Fallas de memoria: cuándo un olvido es normal o se trata de una señal de alerta | El Dia

2026/09/21

No recordar dónde quedaron las llaves, tardar en encontrar una palabra o entrar a una habitación y olvidar qué se iba a buscar son situaciones frecuentes que pueden aumentar con los años, pero no todos los olvidos forman parte del envejecimiento normal. Existen algunos que deben llamarnos la atención y detectarlos a tiempo puede hacer la diferencia.

El tema cobra especial relevancia al conmemorarse hoy el Día Mundial del Alzheimer, una fecha que busca generar conciencia sobre una enfermedad que afecta principalmente a las personas mayores, aunque no forma parte del envejecimiento normal. Y es que cuando una persona comienza a tener dificultades para resolver tareas que antes hacía con normalidad, se desorienta, repite constantemente las mismas preguntas o pierde autonomía, es recomendable consultar a un profesional.

Como resaltan neurólogos, la diferencia entre un olvido normal y otro que debería ser tomado como una señal de alerta no está necesariamente en que ocurran, sino en cómo y con qué frecuencia suelen aparecer. La memoria cambia a lo largo de la vida y algunas fallas ocasionales pueden ser esperables, pero cuando esos cambios se vuelven persistentes o empiezan a afectar actividades habituales, dejan de ser algo que conviene atribuir simplemente a la edad.

Olvidar dónde se dejaron las llaves puede ser una situación habitual, especialmente si después es posible reconstruir qué se hizo con ellas. En cambio, colocarlas repetidamente en lugares inusuales y no poder recordar cómo llegaron allí puede ser un cambio que merece atención.

También puede ocurrir que una persona olvide ocasionalmente una cita o un nombre y consiga recordarlo después. Lo que debería generar una consulta es que olvide repetidamente información reciente o formule varias veces la misma pregunta, sin recordar que ya la había hecho.

Tardar en encontrar una palabra constituye otra situación frecuente. Pero si una persona pierde reiteradamente el hilo de una conversación, tiene problemas para expresarse o comienza a utilizar palabras que dificultan que los demás puedan entenderla, el cambio requiere mayor atención.

La orientación ofrece otra referencia. Confundirse alguna vez con el día de la semana y darse cuenta después puede suceder. En cambio, perder con frecuencia la noción del tiempo o desorientarse en lugares conocidos no deberían naturalizarse.

Los cambios pueden hacerse visibles también en tareas cotidianas. Cometer un error ocasional al hacer una cuenta no necesariamente indica un problema, mientras que comenzar a tener dificultades para pagar facturas, seguir una receta conocida o resolver actividades que antes eran habituales puede constituir una señal de alerta. Lo mismo ocurre con la toma de decisiones: una mala decisión puede sucederle a cualquiera, pero los cambios reiterados en el juicio o la conducta justifican una consulta.

“Más que un olvido aislado, lo que debería llamar la atención es un cambio respecto de cómo funcionaba habitualmente esa persona. Si empieza a repetir preguntas, tiene dificultades para realizar tareas conocidas o los problemas de memoria interfieren con su autonomía, es importante realizar una consulta y no atribuirlo simplemente a la edad”, explica el neurólogo Facundo Frissia desde Boreal Salud.

La pérdida de memoria tampoco significa automáticamente Alzheimer. El estrés, la depresión, las alteraciones del sueño, ciertos medicamentos y diferentes problemas de salud pueden afectar la memoria y la concentración, y algunas de sus causas pueden tratarse. Por eso, ante cambios persistentes, la evaluación profesional es fundamental para intentar determinar qué está ocurriendo.

“Consultar tempranamente permite evaluar no solamente la memoria, sino también otras funciones como el lenguaje, la atención, la orientación y la capacidad para resolver problemas”, comenta Frissia al señalar que muchas veces los familiares son los primeros en detectar cambios que la propia persona no logra advertir.

Además de prestar atención a las señales, cuidar la salud cerebral forma parte de la prevención a lo largo de toda la vida. Realizar actividad física, evitar el tabaco y el consumo perjudicial de alcohol, sostener vínculos sociales y actividad cognitiva y controlar factores como la presión arterial, el colesterol y la glucemia son algunas de las medidas asociadas con un menor riesgo de deterioro cognitivo.

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE a esta promo especial