3 de septiembre, 2026 - 07h00
Después del fenómeno de los therians, que convirtió en espectáculo conductas de las redes sociales y calles, aparece una nueva moda juvenil: farmear aura. Una cultura digital que convierte lo absurdo en conducta y la aprobación colectiva en medida del valor personal.
El término mezcla dos ideas. En los videojuegos, farmear significa repetir una acción para acumular recursos, experiencia o puntos. Aura, en cambio, no alude aquí al esoterismo ni a una supuesta energía que rodea al cuerpo; en internet representa porte, estilo, seguridad y magnetismo.
“Farmear aura” consiste en repetir poses, gestos, caminatas, bailes, muecas o actuaciones tomadas de memes, videojuegos, anime, superhéroes y celebridades para acumular simbólicamente carisma y popularidad. Lo que comenzó frente a una pantalla ha salido de ella y llega a parques, plazas e instituciones, donde se organizan “batallas de aura”. Dos jóvenes se enfrentan y despliegan sus poses, mientras el público decide quién merece más aplausos.
Algunos dirán que es creatividad, humor, entretenimiento o expresión juvenil. Puede serlo; nadie pretende prohibir la diversión. El problema aparece cuando se convierte en patrón de conducta; cuando hacer el ridículo otorga más reconocimiento que demostrar inteligencia, disciplina o talento; cuando la mirada ajena empieza a determinar cuánto vale una persona. Aquí está el verdadero problema psicológico y educativo. Un adolescente necesita reconocimiento, pertenencia y aceptación. Si no encuentra suficientes referentes sólidos en la familia, la escuela y su entorno, puede buscarlos en las redes. Allí la recompensa es inmediata: una reacción, un comentario, una multitud que aplaude. El cerebro aprende que llamar la atención gratifica y estimula una peligrosa ecuación: visibilidad igual a valor. Facilismo más que esfuerzo.
No se trata de prohibir una moda pasajera. Es mucho más serio: debemos preguntarnos qué clase de juventud estamos formando. Sometida al algoritmo, una generación puede confundir popularidad con mérito, exhibición con personalidad y viralidad con éxito.
Mientras unos compiten por la pose más llamativa, otros están aprendiendo a pensar, leer, investigar, argumentar, resolver problemas, crear, emprender y prepararse para una vida productiva. La inteligencia, progreso y conocimiento no se obtienen acumulando “puntos de aura”, ni el carácter se construye con aplausos.
La sociedad necesita jóvenes capaces de utilizar su mente, no de exhibirse ante una cámara. Jóvenes con pensamiento crítico, razonamiento lógico, creatividad, disciplina, responsabilidad y capacidad para enfrentar un mundo exigente.
Quizá alguien gane una “batalla de aura” y consiga miles de reacciones, pero mañana nadie lo recuerda. En cambio, el conocimiento adquirido, la profesión construida, el esfuerzo realizado y los valores aprendidos acompañarán a la persona toda su vida.
El aura de las redes desaparece con el siguiente video. La formación y el conocimiento permanecen. Por eso, antes de enseñar a nuestros jóvenes a farmear aura, deberíamos enseñarles a farmear esfuerzo, trabajo, conocimiento, carácter y futuro. (O)