Felipe Raipán, el adolescente que se acostumbra a salvar a un ahogado Colo Colo - La Tercera

2026/07/25

Daniel BustosPor Daniel Bustos25 JULIO 2026

Felipe Raipán sonreía a la cámara. Junto al canterano Alfonso Olguín posaba para las fotos con el codo norte de fondo. Arturo Vidal, Claudio Aquino y los más experimentados se acercaban para felicitarlo, en algo a lo que ya se acostumbra. Este viernes, el delantero marcó el 3-1 definitivo con el que Colo Colo derrotó a Deportes Limache, por la fecha 16 de la Liga de Primera, en el estadio Monumental, un resultado que le permite a los albos mantener la distancia con sus perseguidores en la cima.

Corría el minuto 84 del partido. Los de Macul ganaban por 2-1, pero estaban ahogados, porque jugaban con un futbolista menos por la expulsión de Erick Wiemberg. El equipo de la Quinta Región crecía dentro de la cancha, buscaba el empate y Fernando Ortiz necesitaba refrescar la delantera. Para eso, sacó a Maximiliano Romero y en su lugar puso al joven de 16 años Felipe Raipán.

Cuando llevaba dos minutos en la cancha, corrió forcejeando con dos defensores de Limache, que alcanzaron a detener la arremetida del adolescente de Pucón y sacaron la pelota.

Pero Raipán tuvo revancha. A los 88′, Claudio Aquino lanzó un centro que dio en la pierna de un futbolista visitante. El balón le cayó en el área al artillero, quien quedó con el arco y el meta en sus espaldas. Pero el joven sorprendió a todos: giró rápido, remató de derecha, con poco ángulo, y marcó el definitivo 3-1.

Corrió a gritarlo a una de las esquinas del césped húmedo de Pedrero, desbordando alegría en el rostro, mientras que sus compañeros lo llenaron de abrazos. En otro rincón, Fernando Ortiz respiraba. Limache estuvo cerca, otra vez, de arruinarle el día al Cacique.

Foto: Jonnathan Oyarzun/Photosport JONNATHAN OYARZUN/PHOTOSPORT

Una sana costumbre

El 25 de junio la escena fue similar. En el estadio Monumental, Colo Colo igualaba 2-2 ante O’Higgins por la fase de grupos de la Copa Chile. El canterano ingresó en los últimos minutos para darle algo más de oxígeno a un ataque gastado, y cumplió.

Con un cabezazo certero, dejó sin mucha reacción a Omar Carabalí y marcó el 3-2 definitivo. Las lágrimas corrían por el rostro del adolescente, incrédulo. Al igual que este viernes, coleccionó abrazos y Ortiz respiró tranquilo.

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