“El cine abre el diálogo”: con esta premisa, la muestra internacional de cine y educación Lúmina desarrolló sus proyecciones en Quito y ahora continúa en Guayaquil desde este miércoles, 14 de octubre, en la sala de cine de MZ 14, de la Universidad de las Artes (Panamá y 9 de Octubre).
Micaela Rueda, coordinadora de Lúmina, indica que el interés es trascender el concepto de educación desde el aula y hacer una intersección desde el arte. “Creemos que en el cine pueden ser cuestionadas las miradas de cómo habitamos el mundo al mostrar diferentes historias de otros países, de otras realidades. La mayoría (de las películas) tienen un corte muy autoral y nos interesa que lleguen a interpelar sobre la empatía, la ternura, las experiencias de vida, la inserción escolar, la migración, el género”, señala.
El festival Lúmina, que está muy enfocado en la conversación con la comunidad, tuvo su primera edición en 2025, organizada por DVV International (Instituto de Cooperación Internacional de la Asociación Alemana para la Educación de Adultos), con el apoyo del Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania (BMZ), e implementada por Ella También Films.
Publicidad
El objetivo siempre ha sido formativo, dirigido a personas que no han podido seguir estudiando. En esa ocasión se eligió Quito y Guayaquil; este año se amplió a Portoviejo (en el núcleo de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y la Universidad Laica Eloy Alfaro) y a la ciudad de Lambayeque, en Perú. En esta última cerrará Lúmina el próximo 21 de octubre.
“Nos interesa ir a territorios que no necesariamente son salas de cine tradicionales y comerciales, sino convocar a otro tipo de público. Ahora estamos también llamando a escuelas que son parte del programa EPJA para que puedan venir al cine”, agrega. EPJA es el Programa de Educación para Personas Jóvenes y Adultas del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte del Ecuador. “Quizás muchos de los estudiantes que vienen han ido pocas veces a salas, entonces nos interesa que las películas y el cine sean parte de este proceso”, sostiene.
La cartelera está compuesta de cinco películas internacionales. La inauguración se hizo con el documental Writing Hawa (Francia, Países Bajos, Afganistán y Qatar, 2024), de Najiba y Rasul Noori, que tiene como protagonista a Hawa, una madre que se casó muy joven y a los 53 años empieza a ir a la escuela para aprender a leer y escribir, al mismo tiempo que arma un negocio de textiles. “Entonces, desde la mirada de ella empezamos a abrir capas hacia su hija (la directora). Es una película que es muy personal, pero también habla sobre el régimen talibán y de qué forma la geopolítica y la realidad pueden atravesar y afectar las búsquedas de los personajes”, explica.
Publicidad
Publicidad
A ella se suma Folktales (2025), película documental noruega-estadounidense que sigue a un programa de chicos de último año que salen a vivir experiencias en el campo. Y El alma del desierto (Colombia y Brasil, 2024), que retrata la vida de una indígena wayú transgénero que busca a su familia. “De esta hubo un conversatorio en Quito con una persona que es parte del colectivo trans sobre la educación como un derecho constitucional”, comenta.
La cuarta invitada es La falla (México, 2025), apta para todo el público, que abarca la experiencia de la educación rural. Y cierra la muestra con Quiet Girl (Irlanda, 2022). “Es la única ficción que tenemos en el festival. Está ambientada en los 80 y habla sobre la vida de una niña que vive en condiciones precarias con sus padres. Está completamente relegada y sola en casa y deciden darla en adopción. Ella empieza a vivir el cuidado en otra familia y nos parece importante la transformación de los personajes en el momento en el que experimentan la seguridad de ser parte también de un hogar”, añade.
En colaboración con el Cineclub Lambayeque, Lúmina está llamando al público peruano. “No se puede hacer gestión cultural ni cine de forma solitaria; es importante siempre tener un diálogo horizontal con los aliados, juntar sinergias, ver personas que tienen búsquedas parecidas en cuanto al cine; a nosotros nos interesa mucho el cine de impacto, que cuando la historia trasciende la pantalla, cuando puede generar acciones, es un motor que genera espacios para reconocernos”, manifiesta.
Rueda cree que cada vez hay mayor cantidad de narrativas que no necesariamente llegan a las salas comerciales. En su caso, cuentan con la Cinemateca del Ecuador, Sala Sur, MZ 14 y otros sitios. “Sí creo que tener un festival, una organización, ayuda muchísimo más, como DVV, que nos dio una total libertad en esta curaduría, de ir hacia un cine más independiente”, afirma. Esperaban tener alrededor de 600 espectadores en las primeras tres funciones en Quito y Rueda dice que las salas han estado llenas: “Estamos planteando conversatorios en las salas de cine independientes y unos talleres prácticos, lúdicos, de reflexión”. (F)