(BUENOS AIRES).- “Yo hago una pregunta ¿hay buenos ahí adentro? Porque el bando de “los buenos” está desdibujado, no es como en otras ediciones donde las cosas eran muy claras. Creo que en este caso ya se fueron y esta casa ya no tiene ningún buenito” — Daniela De Lucía sostuvo esa mirada en el ciclo Cortá por Lozano, donde se abrió una polémica sobre si una villana puede quedarse con el premio. Gran Hermano quedó atravesado por la discusión sobre qué tipo de participante puede convertirse en la ganadora.
La polémica sobre las posibles ganadoras se apoya en una comparación con las ediciones anteriores. Daniela De Lucía planteó que antes la división entre buenos y malos podía identificarse con mayor claridad, mientras que en esta casa esa diferencia quedó desdibujada. Su conclusión fue que ya no queda ningún participante que encaje en la imagen tradicional del “buenito”.
Juariu coincidió con ese diagnóstico y describió de otra manera el perfil de quienes siguen dentro de la casa: “Esto es cierto -se sumó Juariu-, en la gente que ahora queda ya no hay ninguna Carmelita Descalza, por decirlo de alguna manera”. La frase reforzó la idea de que las participantes que permanecen en competencia no responden al modelo de una figura completamente inocente o ajena a los conflictos.
Ceferino Reato incorporó a Sol a la discusión y vinculó su posible valoración con la forma en que se expresa frente a los demás. “Y si vamos al caso de Sol tiene un discurso que paga, ser verdadero y sacarle la careta a los otros. Eso no sólo en Gran Hermano”, afirmó. Su análisis puso el foco en una participante que construye su lugar a partir de decir lo que piensa y cuestionar las actitudes de otros jugadores.
Sol quedó asociada, dentro de este debate, con una postura que Reato considera atractiva para el público. La descripción no se centró en una imagen de bondad tradicional, sino en la capacidad de mostrarse verdadera y de dejar expuestas las conductas ajenas. Esa característica también fue presentada como un recurso que puede funcionar más allá de Gran Hermano.
La Generación Dorada fue definida como una edición distinta de las anteriores. La diferencia, de acuerdo con el análisis planteado en el programa, aparece desde la propia base del ciclo y alcanza la manera en que se construyen los perfiles de sus participantes. La falta de un bando claramente identificado como “los buenos” forma parte de ese cambio respecto del molde conocido.
El premio también quedó alcanzado por esa transformación. La persona que se imponga en esta edición no encajaría en el perfil habitual de los ganadores de Gran Hermano, justamente porque la competencia se desarrolló sin una figura que concentre de manera evidente las características del “buenito”. La definición del certamen terminará de mostrar qué perfil logró imponerse dentro de esta Generación Dorada.