Tatiana Landín R.: Guayaquil imaginada | Columnistas | Opinión

2026/08/31

31 de agosto, 2026 - 07h00

¿Cuándo fue la última vez que visitó el centro de la ciudad? Algunos podrán precisar un día específico, otros, solo lo recuerden desde una imagen: el sonido de una avenida, el movimiento de una calle particular, la panorámica del río Guayas, la comida en un rincón predilecto o por la diversidad del comercio. Quizás el centro de nuestra ciudad exista hoy, más en la memoria, que en la experiencia cotidiana.

Las transformaciones de las urbes contemporáneas nos llevan a pensar que el centro se ha desplazado hacia otros territorios donde son los ciudadanos quienes lo resignifican y los convierten en nuevos centros de la vida urbana. En algunos casos, dichos centros tienen sus particularidades: existen bajo rejas, en la exclusividad de ciudadelas cerradas o en barrios atravesados por las dinámicas de la gentrificación.

Repensar la ciudad me lleva a recordar el texto de la intelectual argentina Beatriz Sarlo, quien analizó los escenarios de la vida posmoderna en un libro. En el texto que recoge estas reflexiones, hay uno exclusivamente dedicado a los centros comerciales. Los analiza, los confronta y los define como “cápsulas espaciales”, “un lugar acondicionado, previsible, climatizado y vigilado, donde la ciudad exterior queda suspendida”.

Esos encierros, a los que ya estamos acostumbrados, influyen en la pérdida de nuestra geografía de la ciudad. De forma autómata nos acostumbramos a sitios que ofrecen comercio, “pseudoseguridad” y a sentirnos en cualquier otra ciudad del mundo porque la experiencia del centro comercial es la misma, pues ofrecen “una versión miniaturizada de la ciudad, pero una ciudad sin historia. Allí donde la ciudad real acumula capas de tiempo, conflictos, transformaciones, pérdidas y memorias”.

Guayaquil tiene muchos problemas que resolver. Vale insistir en los esfuerzos culturales que, desde varios frentes colectivos, se instauran para darle dinamismo a los espacios olvidados, cuyo abandono tiene mucho que ver con la falta de acción de las autoridades locales. La fuerza de los colectivos cumple un rol fundamental. ‘Baila la Calle’ es una iniciativa que, desde enero, implementa bailar en exteriores, promueven el ocio consciente y el equilibrio emocional. El proyecto ya llega a su XVI edición y parte de un lema vital: “el descanso no es un lujo, es salud”.

Los esfuerzos culturales son muchos y hay que mencionarlos. La articulación de espacios culturales como la Casa Cino Fabiani, el MAAC, Zona Escena, La Cueva Jazz Bar, Piso 11, Estudio Paulsen, Muégano Teatro y Manzana 14, entre otros, se sostiene una programación diversa que complementa la reactivación del centro. Ofrecen experiencias que van más allá de la homogeneización de los gustos e invitan a vivir el espacio urbano desde otras formas de encuentro.

Tomo prestado de la nouvelle El buen ladrón, de Marcelo Báez, una idea sobre Guayaquil: “es una ciudad paradójica que está escondida como una perla dentro del golfo: es jardín y pantano al mismo tiempo”. La ambivalencia invita a imaginarla con posibilidad de reinventarse, de activar a las nuevas generaciones para transformarla entre la memoria y la cotidianidad, pese a todo. (O)