Dos años después de que la ofensiva israelí sobre Gaza sumiera a la región en una de las crisis humanitarias más graves de las últimas décadas, Hamás ha anunciado que acepta un plan para desarmarse por fases y ceder el control de sus armas a un nuevo organismo palestino de administración civil. El anuncio, formalizado la noche del jueves por el presidente estadounidense Donald Trump, marca en teoría un punto de inflexión en el conflicto, aunque las dudas sobre su viabilidad son casi tan numerosas como las esperanzas que ha despertado.
El marco del acuerdo fue diseñado tras semanas de negociaciones en El Cairo, impulsadas por los tres países mediadores -Egipto, Catar y Turquía-, que ejercieron una fuerte presión sobre la cúpula de Hamás, tanto dentro de Gaza como en el extranjero. El plan forma parte de la hoja de ruta de quince puntos elaborada por Nickolay Mladenov, responsable del Consejo de Paz impulsado por Washington, que desarrolla el proyecto más amplio de veinte puntos que Trump presentó el pasado octubre.
Según lo pactado, Hamás dispone de catorce días desde la aceptación formal de todas las partes para elaborar un inventario de su arsenal. Un Comité Nacional Palestino, sin participación de Hamás, será el único organismo autorizado para poseer, almacenar o controlar armamento en la Franja, con la supervisión de una comisión internacional de verificación y una nueva fuerza de estabilización internacional. Ningún arma será entregada a Israel ni a terceros ajenos a la administración palestina. El proceso de desarme se centrará inicialmente en armamento pesado, centros de producción militar, depósitos y la extensa red de túneles, y se calcula que la desmilitarización completa podría prolongarse entre 200 y 300 días.
El presidente estadounidense no ha escondido su satisfacción por el anuncio, que presenta como una de las grandes victorias diplomáticas de su mandato. Durante una reunión de gabinete, Trump aseguró que Israel respalda el acuerdo: “Israel está muy contento con esto. Israel nos ayudó, y han sido muy buenos”. Preguntado sobre si Washington cuenta con garantías israelíes de que se cumplirá lo pactado, respondió: “Tenemos un entendimiento con Israel”.
El mandatario reconoció además la magnitud del reto que supone este proceso: “La mayoría decía que sería un acuerdo imposible de lograr. Es un gran avance. Nadie pensó que fuera posible desarmar a Hamás”. Trump vinculó también este logro a la presión ejercida sobre Irán en los últimos meses: “Eso demuestra el éxito que estamos teniendo con Irán, porque hace cinco meses, un acuerdo así habría sido imposible”.
Preguntado sobre a quién entregará Hamás sus armas, Trump fue tajante: al Consejo de Paz. Sin embargo, la letra pequeña del acuerdo matiza esa afirmación: el armamento debe pasar formalmente al Comité Nacional para la Administración de Gaza, el nuevo gobierno tecnócrata palestino que actuará bajo la supervisión del propio Consejo de Paz.
A diferencia de la euforia mostrada por Trump, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, no se ha pronunciado públicamente sobre el pacto. Ese silencio contrasta con unas declaraciones atribuidas a un alto funcionario israelí no identificado, según las cuales Israel no acepta la propuesta y no llevará a cabo las retiradas militares que el acuerdo exige. La ambigüedad de Jerusalén alimenta las dudas sobre si el proceso llegará a implementarse tal y como fue anunciado en Washington.
Desde el bando palestino, Ghazi Hamad, miembro de la delegación negociadora de Hamás, condicionó de forma explícita la aplicación del pacto al cumplimiento israelí: “Hamás no aplicará ningún paso del acuerdo de paz de Gaza si las fuerzas de ocupación israelíes no cumplen sus obligaciones bajo el acuerdo”. Hamad insistió en que Israel no intervendrá en el proceso de desarme, que corresponderá en exclusiva al comité nacional palestino.
El plan reserva un papel central al Consejo de Paz, un organismo liderado por Washington y presidido, según los estatutos, de forma vitalicia por el propio Trump. Bajo su paraguas se sitúan un Consejo Ejecutivo Fundacional —encabezado por el exprimer ministro británico Tony Blair, junto a figuras como Jared Kushner o el secretario de Estado Marco Rubio—, un Consejo Ejecutivo de Gaza encargado de la reconstrucción, el Comité Nacional para la Administración de Gaza y una Fuerza Internacional de Estabilización que, de momento, apenas suma unos cientos de efectivos desplegados cerca del paso de Rafah.
Esta estructura ha generado recelo entre buena parte de la comunidad internacional. Varios países europeos, entre ellos Francia, España y Noruega, rechazaron sumarse al Consejo de Paz por temor a que su mandato se extienda más allá de Gaza y termine erosionando el papel de Naciones Unidas en la región.
El anuncio llega en un contexto de profunda desconfianza palestina hacia Israel, alimentada por el incumplimiento reiterado de acuerdos anteriores. Desde que entró en vigor el alto el fuego negociado por Estados Unidos en octubre, los ataques israelíes han provocado la muerte de al menos 1.100 palestinos, mientras Tel Aviv ha seguido restringiendo la entrada de ayuda humanitaria y ampliando su presencia militar dentro del enclave.
El proceso de desarme está, además, directamente vinculado a la retirada israelí: cada fase de entrega de armamento por parte de Hamás debe corresponderse con una fase de repliegue militar israelí, lo que convierte a ambas partes en rehenes mutuas del cumplimiento del acuerdo. Cualquier intento de Israel de retrasar su salida o imponer nuevas condiciones podría bastar para bloquear todo el proceso.
Israel destruye túneles con 700 toneladas de explosivos junto al castillo de Beaufort
Líbano denunció este viernes que las masivas explosiones provocadas por el ejército israelí, con el objetivo declarado de destruir túneles de Hezbolá, cerca del castillo de Beaufort. Según la Agencia Nacional de Información libanesa (ANI, oficial), las fuerzas israelíes provocaron “explosiones muy potentes hacia medianoche”, especialmente en la zona de la fortaleza de Beaufort, catalogada por la Unesco. El presidente libanés, Joseph Aoun, calificó lo ocurrido de “escalada extremadamente peligrosa” y “amenaza directa” para el acuerdo-marco firmado en junio entre Líbano e Israel bajo el auspicio de Estados Unidos, que prevé el despliegue del ejército libanés en “zonas piloto” evacuadas por Israel a cambio del desarme de Hizbulah. Las explosiones, señaló, generaron ondas equivalentes a las de un terremoto. El castillo de Beaufort, de origen cruzado y situado en la zona sur ocupada por Israel, fue incluido la semana pasada en la lista de patrimonio mundial en peligro de la Unesco. En un comunicado conjunto, el primer ministro israelí, Beniamin Netanyahu, y el ministro de Defensa, Israel Katz, afirmaron que el ejército destruyó “túneles terroristas en la región” utilizando unas 700 toneladas de explosivos, en respuesta a lo que calificaron de “violación flagrante del alto el fuego por parte de Hizbulah” el miércoles, cuando el ejército israelí acusó al grupo chií de lanzar un dron explosivo contra uno de sus vehículos en el sur del país.

Colaboradora de La Vanguardia en Oriente Medio. Anteriormente, pasó por la delegación de El Cairo de la Agencia EFE y el Parlamento Europeo