
Un estudio desarrollado por la Universidad Manuela Beltrán (UMB) identificó la presencia de microorganismos en todos los cascos de motocicleta compartidos analizados en servicios de plataformas digitales en Colombia.
Entre los hallazgos figuran bacterias de origen fecal, hongos, levaduras y bacterias coliformes, lo que plantea interrogantes sobre los hábitos de higiene en el transporte de pasajeros.
El equipo de investigación, que examinó 32 cascos utilizados por pasajeros, detectó que el 100% de las muestras contenía algún tipo de microorganismo.
Dentro de este grupo se identificó la bacteria Escherichia coli (E. coli), considerada un indicador de contaminación fecal. Según la especialista en salud pública de la Universidad Manuela Beltrán, Diana Sandoval, la presencia de E. coli podría estar relacionada con una manipulación inadecuada de los cascos, especialmente cuando no se realiza el lavado de manos después de usar el baño.
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La investigación destaca que el acolchado de los cascos facilita la permanencia de microorganismos debido a la absorción de sudor, grasa, células muertas y residuos de productos cosméticos. Factores como la humedad, el calor y la escasa ventilación agravan este escenario.
Andrea Cortés, microbióloga e investigadora de la UMB, explicó que el 90 % de los cascos analizados presentaban microorganismos aerobios comunes, que si bien suelen encontrarse en el ambiente y en la piel, pueden representar un riesgo para usuarios con heridas abiertas, dermatitis, acné inflamatorio o sistemas inmunológicos debilitados.
El estudio identificó la presencia de hongos en el 37,5% de los cascos y levaduras en el 59%. Aunque su existencia no implica necesariamente una enfermedad, el contacto repetido con ambientes húmedos y poco ventilados puede favorecer infecciones cutáneas.
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“El uso frecuente de cascos compartidos sin la higiene adecuada puede agravar condiciones dermatológicas como acné, dermatitis o caspa”, indicó Cortés.
En cuanto a los coliformes, el 32% de los cascos presentaron estos microorganismos, algunos asociados a contaminación de origen intestinal.
Sandoval puntualizó que la transmisión puede darse cuando un usuario o conductor manipula el casco tras usar el sanitario y otro pasajero entra en contacto con esa superficie sin haberse lavado las manos.
Algunas cepas de E. coli pueden provocar infecciones gastrointestinales que se reflejan en casos de diarrea, vómito y dolor abdominal.
El contacto continuo del casco con el rostro, cuero cabelludo y oídos podría propiciar otras afecciones, como conjuntivitis bacteriana u orzuelos, especialmente si los usuarios manipulan el acolchado y luego se tocan la cara o el cabello.
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La humedad en las almohadillas laterales también puede favorecer la otitis externa.
Aunque en el estudio no se detectaron parásitos como piojos, liendres o ácaros, las investigadoras consideran relevante incluir estos organismos en futuras evaluaciones.
Por todo lo anterior, desde la Universidad Manuela Beltrán aclara que la presencia de microorganismos no equivale a una transmisión automática de enfermedades, dado que influyen factores como el tipo de microorganismo, la cantidad, el tiempo de exposición y las condiciones de salud del usuario.
El informe recomienda a los pasajeros que usen preferiblemente un casco propio. Si esto no es posible, aconseja utilizar una cofia, gorro limpio o pañuelo como barrera, asegurarse de que el casco esté seco y limpio, y lavarse las manos después del viaje, sobre todo antes de tocarse la cara o consumir alimentos.
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Para los conductores, se sugiere mantener los cascos limpios y secos, realizar limpiezas periódicas, evitar almacenarlos húmedos y entregar una cofia limpia a cada usuario.
La investigación plantea que plataformas, empresas y autoridades deberían implementar protocolos de limpieza, promover el uso de cofias y campañas educativas, e incorporar la higiene de los cascos como parte de las medidas de seguridad del servicio.
No obstante, la UMB hizo hincapié en que el casco sigue siendo esencial para la seguridad vial y su uso no debe abandonarse, sino complementarse con medidas de higiene para reducir riesgos.