Hoteles, misiles y uranio: los hijos de Trump se lucran con los sectores que EEUU riega con miles de millones de dólares

2026/08/08

Durante años, Donald Trump Jr. y Eric Trump fueron los grandes guardianes del imperio de hoteles, rascacielos y campos de golf construido por su padre.

Cuando Donald Trump llegó por primera vez a la Casa Blanca, ambos asumieron la gestión cotidiana de la Organización Trump y las sospechas de conflicto de intereses se concentraron en quienes gastaban dinero en sus propiedades.

Quién es quién en la excéntrica familia Trump: de Ivanka, el ojo derecho del republicano, al tacaño Donald Jr.

Desde que el presidente regresó al poder, sin embargo, los dos hermanos han abierto una nueva frontera para sus negocios: las empresas que fabrican las armas, los robots y la tecnología que compra el Gobierno estadounidense.

El cambio es sustancial. Antes, el dinero público podía terminar en los hoteles de la familia; ahora los Trump participan en compañías cuyo crecimiento depende de contratos, préstamos y decisiones de la Administración.

Ninguno ocupa un cargo público y ambos niegan haber solicitado favores, pero su cartera se ha expandido hacia sectores que su padre ha convertido en prioridades nacionales: drones, inteligencia artificial militar, minerales estratégicos y energía nuclear.

El fondo MAGA que pasó de 150 a 3.000 M

Donald Trump Jr. tomó su primera gran decisión pocos días después de la victoria electoral de su padre.

En lugar de incorporarse a la Administración, se convirtió en socio de 1789 Capital, un pequeño fondo conservador que define su estrategia como "capitalismo patriótico": financiar empresas que refuercen la independencia industrial de Estados Unidos y compartan los principios del movimiento America First.

Cuando llegó, el fondo gestionaba alrededor de 150 millones de dólares; actualmente controla cerca de 3.000. Donald Jr. se dedica a captar inversores y diseñar su estrategia.

Desde allí ha entrado en SpaceX, el fabricante de armas autónomas Anduril y compañías más pequeñas dedicadas a producir motores para misiles, piezas de submarinos, satélites y materiales para la industria militar.

Miembros de la familia Trump comparecen en Des Moines (Iowa). Febrero de 2020.

Miembros de la familia Trump comparecen en Des Moines (Iowa). Febrero de 2020.

Jeremy Hogan Europa Press

Eric ha construido una vía paralela mediante Dominari Holdings, una firma financiera de la que ambos hermanos son accionistas, y su filial American Ventures.

A través de ella ha invertido en fabricantes de drones, robots militares y energía nuclear. Asegura que actúa únicamente como inversor, aunque también asesora a una empresa que desarrolla robots humanoides para el campo de batalla.

Entre ambos vehículos, los hermanos están vinculados a inversiones en al menos 15 compañías que trabajan o aspiran a trabajar para el Gobierno. Desde su entrada, esas empresas han recibido 3.200 millones de dólares en pagos públicos y acumulan otros 3.100 millones en contratos que podrían activarse en el futuro.

Ese dinero no ha ido directamente a los Trump y casi todos los pagos corresponden a SpaceX y Anduril, dos gigantes que ya vendían al Pentágono. La mayoría de las compañías también tenía experiencia previa con el Gobierno federal, algunas desde el mandato de Joe Biden.

Las que despiertan más dudas son cinco firmas que lograron sus primeros encargos federales después de recibir el respaldo de los hijos del presidente.

En busca de drones

La relación de Donald Trump Jr. con el Pentágono no se limita a escoger inversiones. Ha afirmado que 1789 Capital entendía las prioridades de la Administración porque sus socios habían ayudado a diseñar "parte del mensaje".

También ha contado que colaboró con el secretario de Defensa, Pete Hegseth, en la búsqueda de responsables para el departamento y que se fijaba en candidatos partidarios de "gastar más dinero en drones".

Secretario de Defensa, Pete Hegseth, durante su comparecencia ante los senadores

Secretario de Defensa, Pete Hegseth, durante su comparecencia ante los senadores

Eric Lee Reuters

Mientras tanto, era accionista y asesor de Unusual Machines, un fabricante de componentes para drones que en septiembre de 2025 recibió un pedido militar de 12,8 millones. La empresa sostiene que nunca pidió ningún favor en su nombre, aunque las dudas no dejan de surgir.

El caso más llamativo es Vulcan Elements. Esta compañía de menos de 50 empleados fabrica imanes de tierras raras utilizados en drones, satélites y submarinos. El fondo de Donald Jr. entró en su capital en agosto de 2025, dentro de una ronda de financiación de 65 millones.

Tres meses después, el Pentágono le concedió un préstamo condicionado de 620 millones y el Departamento de Comercio añadió otros 50 millones a cambio de una participación. Según estimaciones recogidas por Bloomberg, la valoración de Vulcan pasó de unos 200 millones a cerca de 2.000 millones.

Según una investigación de ProPublica, la operación se aceleró después de que la Casa Blanca señalara a Vulcan como una prioridad. El impulso habría partido de Peter Navarro, uno de los principales asesores económicos del presidente y una persona cercana a Donald Jr.

No existen pruebas de que ambos hablaran sobre la empresa: sus portavoces niegan que el hijo del presidente conociera la operación y el Pentágono sostiene que la urgencia respondía a la necesidad de reducir la dependencia de China.

Peter Navarro, el asesor comercial de Donald Trump detrás de los aranceles.

Peter Navarro, el asesor comercial de Donald Trump detrás de los aranceles.

Reuters

Una coincidencia similar rodea a Eric Trump.

Desde comienzos de año es inversor y asesor estratégico de Foundation Future Industries, que desarrolla robots humanoides para tareas industriales y militares. La empresa anunció una alianza con AMD para fabricar una nueva generación y, cinco días después, la Administración prohibió la entrada de nuevos modelos chinos.

La medida no entrega dinero a la compañía de Eric, pero limita la presencia de sus principales competidores.

La última apuesta familiar: enriquecer uranio

El siguiente salto no conduce a otra fábrica de armas, sino al combustible de los futuros reactores nucleares. En noviembre de 2025, American Ventures participó en una ronda de financiación de 64,3 millones de dólares para Quantum Leap Energy, una empresa que pretende enriquecer uranio.

Eric y Donald Jr. aportaron capital, aunque no se ha revelado cuánto invirtió cada uno.

La compañía quiere producir HALEU, un combustible con una concentración de uranio-235 superior a la utilizada por las centrales tradicionales, pero muy alejada de la necesaria para fabricar armas. Muchos de los pequeños reactores que Estados Unidos espera desplegar dependerán de él, pero el país todavía carece de capacidad suficiente para producirlo.

Antes de la entrada de los Trump, Quantum Leap ya había firmado con Fermi America, una empresa cofundada por Rick Perry, antiguo secretario de Energía de su padre, un memorando no vinculante para estudiar la creación de una empresa conjunta y construir una planta de enriquecimiento en Texas.

Los hermanos no idearon el proyecto, pero invirtieron cuando el Gobierno estaba convirtiendo ese combustible en una prioridad estratégica.

En enero, el Departamento de Energía destinó 2.700 millones de dólares a recuperar la capacidad nacional de enriquecimiento de uranio. La Administración también ha alcanzado una alianza para facilitar la construcción de al menos 80.000 millones de dólares en nuevos reactores de Westinghouse.

Quantum Leap Energy no ha recibido parte de esas cantidades ni existe constancia de que los hermanos hayan solicitado ayudas, pero su inversión se encuentra en uno de los puntos imprescindibles para ejecutar el programa.

La Casa Blanca niega que las compañías vinculadas a los Trump reciban un trato especial. Los hermanos aseguran que simplemente detectan antes que otros las industrias con mayor futuro.

Los datos no demuestran lo contrario, pero sí revelan la transformación del negocio familiar: los hijos del presidente ya no se limitan a proteger la fortuna inmobiliaria que heredaron, sino que construyen otra alrededor de sectores cuyo crecimiento depende en gran medida de las decisiones del Gobierno de su padre.