Incomodidades necesarias | Las Provincias

2026/10/02

Editorial

02/10/2026

Actualizado a las 17:31h.

Un nuevo episodio de alerta roja por lluvias torrenciales se ha saldado en la Comunitat Valenciana con unas precipitaciones inferiores a lo previsto. Lo que, ... afortunadamente, concluyó con escasos incidentes y, lo que es más importante, sin víctimas ni graves daños materiales. No es la primera vez que así ocurre y que las predicciones más pesimistas no llegan a cumplirse. Lo que lleva a algunos ciudadanos a desconfiar del pronóstico del tiempo y a cuestionar todo el complejo operativo que en estos casos deben montar las administraciones competentes. Y que va desde la suspensión de las clases o de las citas médicas no esenciales en la sanidad pública a la cancelación del servicio de Cercanías de Renfe, aunque en este caso con excesivo retraso respecto al momento en que se lanzó la alarma. Es evidente que en estas jornadas marcadas por la imprevisibilidad del tiempo se cometen errores y se cae con demasiada frecuencia en incoherencias. Como la que se vivió el propio día de la dana en Valencia, cuando las universidades suspendieron la actividad docente mientras se mantuvo en los centros escolares, debido a que son autoridades distintas las que deben tomar la decisión en cada caso. Hay, por tanto, mucha tarea por delante, comenzando por una mayor coordinación entre un organismo de titularidad estatal, como es Aemet, y los responsables autonómicos de Emergencias. Hay que ajustar los protocolos aplicables al transporte público y a la movilidad en general, partiendo de la constatación de que en el terrible 29 de octubre de 2024 los coches se convirtieron en trampas mortales que acabaron con muchas vidas. Todo es siempre susceptible de mejora a partir de un análisis crítico razonado. Pero hay dos consideraciones que no se pueden obviar y que condicionan el debate. La primera es que la previsión meteorológica no es infalible ni se le puede exigir una exactitud que hoy por hoy no está a su alcance. Y la segunda es que todas las incomodidades y todas las perturbaciones en la rutina diaria que deriven de las restricciones impuestas por una alerta roja deben ser aceptadas y asumidas por la ciudadanía. Porque lo contrario significaría que no se ha aprendido nada de la mayor catástrofe natural sufrida por España en el siglo XXI y que, casi dos años después, se ha olvidado demasiado pronto la magnitud de la tragedia que asoló Valencia. Y eso es algo que la memoria y el respeto de las víctimas no puede consentir.