Una obra maestra del fútbol. El partido “que no quería jugar nadie” se convirtió en el mejor del Mundial. Todos al ataque, libres, sin marcas. Una locura que va a quedar en la historia. Inglaterra le ganó por 6 a 4 a Francia, en un partido jugado en Miami y alcanzó el podio, en su mejor actuación desde 1966.
Un festín de 10 goles (récord en el torneo, hasta superó el partido por el tercer puesto de Suecia 1958, cuando Francia derrotó a Alemania Federal por 6 a 3), 38 remates y con Mbappé en la cúspide personal. Suma 10 en este torneo y 22 (en 22 partidos) en la historia. Por ahora (solo por ahora), arriba de Lionel Messi.
El desarrollo fue tan electrizante, tanto ida y vuelta, que hasta Jesús Valenzuela, el árbitro de Venezuela, sufrió un pinchazo y debió ser tratado por los médicos. Aplausos para todos: si para algunos, éste es el mejor Mundial de la historia, esta obra puede ofrecerse en la puerta de entrada.
¿Algo más? Michael Olise, el delantero de Francia, se convirtió en el mayor asistidor, con 7, uno más que... Pelé, en México ‘70.
Ya a los 2 minutos, Declan Rice convirtió una obra de arte, de fuera del área, luego de un unipersonal. Recuperación, control, despliegue y definición contra un palo. Inglaterra jugaba mejor, era más incisivo, tenía una convicción ganadora, lejos de una Francia apática, nostálgica acaso, de no haber llegado a la tercera final de una Copa del Mundo.
En ese juego de deseos y lamentos, Ezri Konsa estableció el 2-0 con un cabezazo demoledor.
“Deberíamos haberte dado un mejor final, pero no lo logramos”. Con ese mensaje, Kylian Mbappé rindió homenaje este sábado a Didier Deschamps, que dirigió su último partido al frente de la selección francesa tras 14 años. En realidad, el único que tenía el arco como ambición era Mbappé, obsesionado por los goles, los récordos y en gratitud a Didier Deschamps.
“Hoy es tu último baile. Vos, que tanto nos diste. Deberíamos haberte dado un mejor final, pero no lo logramos”, escribió el capitán de los Bleus en sus redes sociales horas antes de la batalla.
“Poner en palabras lo que has aportado durante 14 años es muy difícil. Has sido un actor fundamental en la renovación de este equipo. La gente no siempre supo apreciar tu grandeza, pero el tiempo y la historia se encargarán de hacerlo”, añadió Mbappé, en alusión a las críticas que Deschamps recibió durante años por el estilo de juego, a veces considerado “conservador”.
Francia sufrió una inesperada derrota por 2 a 0 ante España en las semifinales, lo que la relegó a jugar un extraño (y apasionado) partido por el podio. “El partido que nadie quiere jugar”, se dijo públicamente en las últimas horas. Se podría agregar “el partido que todos querían ver”. Porque el Hard Rock Stadium de Miami estuvo repleto y vivió el encuentro como si fuera un clásico por los puntos. Y fue para verlo de pie.
“Somos quienes más sufrimos, y es una cicatriz que llevamos ahora, una derrota muy dolorosa, y tenemos que vivir con esta derrota más que nadie. No los críticos, no los expertos, no nuestros familiares”, declaró Thomas Tuchel, el entrenador de Inglaterra, señalado luego del partido con la Argentina, feliz luego de este espectáculo.
A los 37, en un contrataaque matizado de enredos de los que atacaban y los que defendían, Saka convirtió el tercero. El atacante de Arsenal, que no jugó ni un minuto contra la Argentina, también marcó el 4-0 en el descuento de esa inolvidable primera mitad.
La primera mitad se había jugado con mayoría de suplentes: solo cuatro titulares en ambos conjuntos. Más tarde, entraron todos. Casi todos: Harry Kane lo disfrutó en las gateras.
Deschamps dispuso de cuatro cambios para la segunda mitad. Dembélé (Cherki), Upamecano (Konaté), Digne (Hernández) y Barcola (Doué) saltaron a la cancha y rápidamente Mbappé anotó el descuento, con el que superaba a Lionel Messi en este Mundial. Barcolá, al rato, estableció el segundo. Otra vez había partido.
Y lo que siguió fue una auténtica locura: todos al ataque. Literal. Luego de una obra de arte, Mbappé selló el tercero.
De penal, Saka amplió la diferencia. Lo iba a patear Jude Bellingham, recientemente ingresado, pero la idea fue que el atacante de Arsenal llegara a los tres. Hubo más. Dembelé mantuvo la tensión de la obra maestra con un zurdazo imposible y Bellingham llegó a los siete en el Mundial, con otro gol a modo de arte. Ya es el máximo goleador de la historia de Inglaterra en los Mundiales.
Podían haber seguido jugando toda la vida, pero todo tiene un final. Fútbol en estado puro.
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