
La Guardia Revolucionaria de Irán anunció en la madrugada del domingo el cierre del Estrecho de Ormuz “hasta nuevo aviso”, tras disparar una salva de advertencia contra un buque que intentaba cruzar la estratégica vía marítima sin la autorización requerida.
“El Estrecho de Ormuz está cerrado hasta nuevo aviso y hasta el fin de las intervenciones de Estados Unidos en la región, y no se permitirá el paso de ningún barco”, indicó la Marina de la Guardia Revolucionaria. Las autoridades iraníes advirtieron que cualquier “nuevo acto hostil” será respondido con severidad y que las bases enemigas en la región pasarán a ser objetivos militares.
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La importancia estratégica del Estrecho de Ormuz radica en que, a través de sus aguas, circula aproximadamente una quinta parte del petróleo que se comercializa en el mundo. Su cierre genera efectos inmediatos en los mercados energéticos globales y coloca a los principales actores internacionales en estado de máxima alerta. La decisión de Teherán llega en un contexto de escalada retórica y militar, con múltiples advertencias cruzadas entre Irán y Estados Unidos.
Más temprano, el régimen iraní había adelantado que no se considerará obligado a cumplir el acuerdo de paz con Estados Unidos alcanzado recientemente, si Washington continúa, según Teherán, vulnerando los términos pactados. El embajador iraní ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró que el compromiso adquirido bajo la mediación de Pakistán quedará sin efecto si persisten las hostilidades: “Si Estados Unidos continúa violando sus obligaciones en virtud del Entendimiento de Islamabad, Irán dejará de considerarse obligado por sus compromisos en virtud de dicho entendimiento”.
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Este mismo sábado, el líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei, también elevó la tensión con Washington al prometer represalias tras la muerte de su padre y predecesor, Ali Khamenei, quien falleció durante un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel. El ayatolá dejó claro que la venganza es una decisión irrevocable y que los responsables “no tendrán una muerte pacífica en la cama”.
El líder supremo enfatizó ante la nación que la respuesta iraní se ejecutará sin importar los cambios de liderazgo o la coyuntura.
Las amenazas públicas se intensificaron cuando surgieron reportes sobre un presunto plan iraní para ejecutar un atentado contra el presidente Donald Trump. El líder republicano respondió endureciendo su discurso y advirtiendo que “mil misiles están listos para ser cargados y apuntando a la República Islámica de Irán”, en caso de un ataque contra su persona.
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Las diferencias entre Washington y Teherán se incrementaron a partir del memorando de entendimiento firmado el 17 de junio, que buscaba establecer un marco de distensión. No obstante, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, responsabilizó a Estados Unidos de incumplimientos, vinculando esta acusación a la imposición de nuevas sanciones y al despliegue de fuerzas adicionales en la zona. El acuerdo establecía la suspensión de nuevas sanciones y el mantenimiento del statu quo como condiciones para avanzar hacia la paz.
El funeral de Ali Khamenei movilizó a millones de fieles en ciudades clave de Irán e Irak, según la valoración oficial, que consideró la participación como un acto histórico y una muestra de respaldo al régimen. Este clima de fervor nacionalista refuerza la postura intransigente adoptada por el nuevo líder supremo.
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La comunidad internacional sigue atenta a la evolución de la crisis, ya que el cierre indefinido del Estrecho de Ormuz no solo amenaza el suministro energético mundial, sino que también incrementa el riesgo de enfrentamientos directos entre Irán y Estados Unidos. Por el momento, las conversaciones técnicas entre ambas potencias continúan, aunque las posiciones se han endurecido tras los acontecimientos recientes.