06/10/2026
Actualizado a las 16:11h.
San Sebastián la acunó cuando necesitó refugio. Por eso ahora a la cantante Izaro Andrés, natural de Mallabia (Bizkaia), la capital guipuzcoana le «duele» como una herida propia. «Vine con mal de amores. Vine con el corazón roto y aquí encontré un buen sitio para quererme», rememora. «Es una ciudad muy muy bella. Demasiado bella. Le ha pasado factura».
La autora de 'Arquitectura' aborda su evolución vital y cómo Donostia ha jugado un papel fundamental en esa andadura, en una entrevista en el programa 'A un metro' de EITB. Una relación que no arrancó en forma de flechazo sino que, dice, la sedujo poco a poco. «Fui como descubriéndola por dentro, por eso ahora duele más», asegura. «Se ha ido como resquebrajando. Ha sufrido mucho. Está sufriendo mucho».
Para la artista, la fascinación que ejerce San Sebastián es, precisamente, su condena. «No sabemos convivir con la belleza. La explotamos», reflexiona. Por eso aboga por intentar hacer las cosas mejor, por priorizar la «arquitectura de la dignidad».
La sobreexposición tras el hito de Anoeta
La misma sobreexposición que ve en la ciudad la vivió en carne propia, según confiesa, cuando en 2022 se convirtió en la primera solista vasca en llenar el Velódromo de Anoeta. Con la perspectiva del tiempo, Izaro considera que aquel pico de éxito que vivió con «vértigo» y como «un sueño cumplido», llegó acompañado por un fenómeno que acabó por desbordarla. «Era un momento genial en mi carrera, pero no saber la exposición o el tamaño, la dimensión que pueden coger las cosas que tú haces aquí, me empezó a agobiar muchísimo».
En este sentido, apunta directamente a la tecnología. «Al final en un concierto si hay 50 personas, 1.000 o 2.000, son esas. Pero ahora son 2.000, cada uno con un smartphone con acceso a internet. Todo lo que haces tiene un eco que físicamente es imposible de entender».
De aquella experiencia que la llevó a apartarse por un tiempo de los escenarios, y gracias a la ayuda psicológica, aprendió a desdoblar la artista de la persona. «Estar un año sin conciertos, sin redes, sin prensa, me dio paz y serenidad. Vivimos multipantallizados y tan desconectados de la naturaleza que la salud mental se resiente. Para mí la serenidad es bastante exitosa».
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Una vez apagado ese fuego y con espacio para «mirar hacia fuera», germinó 'Arquitectura', un álbum contemplativo gestado en parte en el Instituto Vasco de Arquitectura ubicado en San Sebastián y que verá la luz en diciembre. La creación de este nuevo trabajo coincidió además con su embarazo y la llegada de su hija, lo que lo convirtió en un proceso «mágico» grabado literalmente «con dos corazones y dos cerebros».
Hoy, Izaro rechaza comparaciones reduccionistas como la etiqueta de «la Rosalía vasca» y renuncia a la exigencia del mercado de crecer sin límites. Su aspiración de futuro pasa por la sostenibilidad personal y la tranquilidad profesional. «En una vida idílica, quiero hacerme vieja y, a ser posible, hacerme vieja cantando».
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