Jeff Toussaint, hipnotista: «Le apagué un cigarro en la mano derecha y la ampolla salió en la izquierda. Ese es el poder de la mente» | Las Provincias

2026/10/08

Luis Urios Ibáñez

09/10/2026

Actualizado a las 01:40h.

Jeff Toussaint es uno de los hipnotizadores más importantes del mundo. Ha dado la vuelta al planeta, pasado por las cadenas televisivas más importantes y controlado la voluntad de miles de personas. Bueno, esto último, lo de controlar la voluntad, no es exactamente así. Dice que somos las personas las que nos autohipnotizamos, en contra de la visión mitificada que siempre se ha tenido sobre este extraordinario oficio.

Mantengo por teléfono una larga conversación con Toussaint, que actuará este mismo viernes en el Teatro Olympia a las 22 horas. Le pregunto si es capaz de hipnotizar a alguien por teléfono y me dice que sí. Le pido que me hipnotice (y creo que casi le convenzo), pero me dice que, por seguridad, siempre debe haber otra persona al lado.

-¿Qué va a poder ver el espectador, además de a gente durmiéndose sobre el escenario?

-Lo primero que hay que aclarar es que yo no duermo a nadie. En realidad, el público va a ver lo que verdaderamente es la hipnosis, que consiste en guiar a las personas. El proceso pasivo de «que te hipnoticen» no existe como tal. Todo es autohipnosis. Cuanto más se deja llevar una persona y más sigue las instrucciones, más entra en una fase sugestiva donde descubre el inmenso poder de su propia mente. En el espectáculo intentamos abrir, una por una, las puertas del subconsciente. Hay que tener en cuenta que los procesos que maneja nuestra mente consciente apenas son ocho o nueve. Al final del show, mi propósito real es entregar a los voluntarios las herramientas necesarias para que puedan reactivar ese estado de hipnosis por su cuenta en casa. Si son constantes y practican estos ejercicios, pueden lograr cambios muy significativos en su vida, como dormir mejor, potenciar la memoria o controlar dolores físicos.

-Es alucinante que pueda llegar a controlar la voluntad de las personas hasta ese punto, ¿no?

-Si yo tuviese ese poder sobre la voluntad ajena, créeme que estaría en la Moncloa gobernando (ríe). La hipnosis se parece mucho a la experiencia de ver la película 'Tiburón'. Tú estás en el sofá de tu casa, tranquilo, pero al escuchar la famosa música de tensión ya sientes escalofríos y miedo, incluso antes de que salga el animal en pantalla. Ese estímulo físico y emocional, generado por el subconsciente, es la auténtica hipnosis. Mi trabajo es simplemente guiar mediante ese tipo de estímulos. El cine, la televisión y películas como las de Woody Allen han presentado la hipnosis como algo esotérico y misterioso, o como la obra de un manipulador maquiavélico, pero es todo un mito. Todos entramos en estados de hipnosis de forma cíclica cada 45 o 90 minutos. Ocurre al ver una buena película, al mantener una conversación profunda o al conducir en piloto automático llegando a casa sin recordar el trayecto exacto. Es una disociación del entorno para centrarse intensamente en algo.

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-¿Y cómo aprende una persona a convertirse en hipnotista?

-Existen muchas vías: yo mismo imparto cursos intensivos orientados al espectáculo a los que asisten psicólogos, hipnoterapeutas, amas de casa o ilusionistas. También hay formaciones enfocadas a la terapia, al coaching o a la educación. Sin embargo, mi historia personal fue bastante rocambolesca. Hace muchos años, cuando vivía en Venezuela siendo un adolescente, empecé a trabajar en una tienda de esoterismo regentada por un antiguo parapsicólogo italiano retirado. Yo no creía en la santería ni en el tarot, pero cuando vi a mi jefe hacer hipnosis real, me quedé impactado. Durante el año y medio que trabajé allí, me enseñó toda la teoría y me explicó cómo administrar sugestiones. La primera vez que lo puse en práctica fue en una fiesta en la playa con unos amigos: tras unas copas, les confesé que sabía hipnotizar. Apliqué el protocolo y les ordené correr alrededor de una fogata cacareando como gallinas. Estuvieron diez minutos sin parar de hacerlo. Ahí me di cuenta de que el fenómeno era real y comencé a estudiar profesionalmente tanto la hipnoterapia como las técnicas de espectáculo.

-¿Cuál diría que es el límite absoluto al que puede llegar el cerebro bajo la hipnosis?

-El límite lo marca la imaginación de la persona. La mente humana es muchísimo más poderosa de lo que pensamos. Las técnicas de hipnosis demuestran de forma empírica cómo la mente moldea e influencia al cuerpo físico. Pensemos en que una mujer puede experimentar un embarazo psicológico desarrollando todos los síntomas físicos. Eso nos da una idea de que la mente no tiene apenas barreras. Hace años llevé a cabo un experimento muy revelador con un amigo sumamente susceptible al trance profundo. Le toqué el dorso de la mano izquierda con mi dedo índice, asegurándole bajo hipnosis que era un cigarrillo encendido. Inmediatamente después, le apagué un cigarrillo real en el dorso de la mano derecha. Lo verdaderamente increíble fue que la ampolla por quemadura no le salió en la mano derecha, sino en la izquierda, la que yo solo había tocado con el dedo. Es la demostración absoluta del efecto placebo y del poder de convicción de nuestro cerebro.

-¿Hay algo de terapéutico en todo lo que haces?

-No hago terapia pura en el escenario porque, para poder tratar a alguien, primero necesitaría conocer a fondo cuál es su problema específico, y en un teatro no dispongo de esa información. Suelo compararlo con entregarle a alguien un coche desmontado en una caja de IKEA junto a un bidón de gasolina. El espectador puede ir a su casa, ensamblarlo, echarle la gasolina y conducirlo, o puede simplemente dejarlo guardado en un cajón. Mi mensaje principal es que el 80% de las cosas que nos machacan mentalmente nos las hemos creado nosotros mismos. Si aplicas estos ejercicios de autohipnosis justo antes de dormir, cuando el consciente descansa pero el subconsciente sigue procesando, puedes invertir tu lenguaje cognitivo y reprogramar patrones de conducta pesimistas. Esta herramienta ayuda muchísimo a reconducir el autocontrol frente a adicciones, estrés y ansiedad.

-¿Existen líneas rojas éticas en su trabajo? ¿Te has negado alguna vez a pedirle algo a un voluntario bajo trance?

-Por supuesto, tengo límites muy estrictos. Nunca hago nada que tenga connotaciones sexuales, ni nada que atente contra las creencias religiosas o la orientación sexual del individuo. A menudo me encuentro con personas que me piden que ponga en evidencia a un amigo o a su pareja de forma cruel, pidiéndoles que se quiten la ropa o hagan cosas extremadamente ridículas. A eso siempre me niego rotundamente. Sí permito bromas blancas y deportivas. Por ejemplo, una vez en el programa televisivo El Chiringuito le puse una bufanda del Real Madrid a Cristóbal Soria, que es un ferviente seguidor del Sevilla, pero nunca traspaso la barrera del respeto personal.

-Has comparado la hipnosis con la manipulación que ejercen los políticos sobre la sociedad. ¿Qué similitudes encuentra?

-Son mecánicas casi idénticas porque ambas esferas utilizan la manipulación emocional y la repetición constante. Los políticos reiteran sus mensajes machaconamente en mítines y televisión para alterar la percepción de las masas. Funciona a la perfección porque el ser humano es un animal de costumbres moldeable por la repetición. Ocurre igual con la música: al principio puedes escuchar la canción de 'La Bomba' y pensar que es tonta, pero de tanto oírla acabas cantándola y bailándola en la discoteca sin darte cuenta. La gran diferencia es que yo uso la repetición y la sugestión para fines de entretenimiento y para generar estímulos positivos. Tras mi espectáculo, la gente se marcha mucho más relajada porque el mero estado hipnótico ayuda al cerebro a generar melatonina y a regularizar los ciclos de sueño-vigilia. Los políticos, por desgracia, no persiguen ese bienestar ciudadano.

-¿Sería capaz de hipnotizarme ahora mismo por teléfono?

-Se puede hipnotizar por teléfono, por televisión e incluso por correo escrito. Existen tres tipos principales: la hipnosis clásica, la conversacional y la hipnosis encubierta, que no requiere cerrar los ojos y se asemeja a la publicidad subliminal. Podríamos intentarlo ahora mismo a través del auricular, pero por ética y seguridad prefiero no hacerlo. Al no haber contacto visual, no puedo leer tu lenguaje no verbal ni prevenir posibles accidentes. ¿Qué pasaría si entras en trance profundo, te caes de la silla y te haces daño en el cuello? Cuando realizo sesiones clínicas online, exijo siempre que el paciente esté acomodado en un sillón seguro y que haya un familiar cerca para emergencias. De todos modos, te diré algo: por tu tono vocal, tu altísimo nivel de concentración y la forma en la que has disociado tu entorno durante esta entrevista, te garantizo que ahora mismo ya te encuentras bajo un ligero estado de hipnosis y serías un candidato espectacular para un trance profundo.