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El festival de la Porta Ferrada, cuyas actividades se prolongan hasta el próximo día 22 de agosto, contrató a Rigoberta Bandini, el alter ego de la también actriz y escritora Paula Ribó. Buena entrada para una sesión teloneada por la mallorquina Maria Jaume, que defendió su nuevo disco, Sant Domingo forever , con gracia y aciertos. En su actuación de este viernes por la noche, Bandini reafirmó de nuevo, y ante todo, su incontestable carisma de diva (o tal vez antidiva, este sería un debate interesante). Embarazadísima, actuó junto a cuatro instrumentistas encabezados por su marido, Esteban Navarro (teclados…), así como un equipo de cuatro coristas/bailarinas en el que destacó la labor de Belén Barenys, a su vez prima de la propia Rigoberta, como voz secundaria y, de algún modo, coprotagonista de la propuesta.
El concierto basculó en esencia por los dos álbumes que la artista barcelonesa tiene publicados hasta la fecha, con particular querencia por Jesucrista Superstar , aparecido en marzo del año pasado. Sin olvidar, claro, atractivos adicionales como el reciente single Siete días o la inédita Chicle mal enganchado . También cayeron versiones. En este frente, y tras un set acústico protagonizado por Una guitarra , de nuestro Joan Manuel Serrat, y Mayonesa , de los uruguayos Chocolate, Rigoberta Bandini estuvo especialmente inspirada con El amor , pieza popularizada en su día por Massiel, que revivió acompañándose de una solemne y acertadísima gestualidad (guantes largos inclusive).
La jornada discurrió por un pop electrónico a veces un tanto paródico pero sin duda efectivo
Este aspecto nos pone sobre la pista de un aspecto fundamental de los 75 minutos largos que duró su actuación. Ya en los primeros temas del bolo, nos había llamado la atención que nuestra protagonista cantara ante un micro con cámara incorporada. El invento arrojaba atractivos primeros planos a las tres pantallas instaladas en el recinto, y reforzaba de este modo la cercanía con el encantado público. La propia artista, de hecho, bajó a la pista en un determinado momento del show y enfatizó aún más estas complicidades.
Lo vivido la otra noche en tierras ampurdanesas superó con mucho las marcas de un concierto al uso. Allí se había planteado al milímetro y con inteligencia un espectáculo en el que gags, coreografías y otros recursos eran parte fundamental, no tanto como las propias canciones, pero casi. Una estrategia ganadora, como quedó establecido en una jornada que discurrió por un pop electrónico a veces un tanto paródico pero sin duda efectivo. Un temario que, a medida que sumábamos minutos de recorrido, fue trazando una línea ascendente. Después de interpretar temas como La pulga en el sofá o Pamela Anderson , Rigoberta Bandini y su equipo dieron una vuelta de tuerca a la cosa. Pusieron la directa en el segmento final de la gala mediante números como Perra , Kaiman o la celebrada Too many drugs , justo antes del encore . La sesión culminó en una celebrada tanda de bises vía la por otro lado indispensable Ay mamá y, como colofón, Busco un centro de gravedad permanente , pieza perteneciente al segundo álbum de la barcelonesa que no es una versión del tema de Franco Battiato, aunque algún guiño al añorado cantautor siciliano sí se cuela en él.