A las 16:00, cuando Krystel Ruiz llega a casa después de una jornada de clases, su día todavía está lejos de terminar. Primero almuerza y se toma unos 15 minutos para dormir y recuperar energías.
Luego vuelve a los cuadernos. Repasa lo aprendido durante la jornada, revisa temas anteriores, cena y dedica otras horas a prepararse para los exámenes.
El tiempo restante es para ella: una serie antes de dormir, hornear galletas o pastelitos y, ocasionalmente, pintar. Esa distribución de sus horas forma parte de la rutina que la llevó a convertirse en la estudiante con el promedio más alto del Colegio Naciones Unidas (CENU): 9,97.
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Krystel tiene 17 años y cursa tercero de bachillerato. Lleva alrededor de 14 años en la institución y contó los últimos años entre diplomas de excelencia académica, participaciones en modelos de Naciones Unidas y un reconocimiento que guarda con especial orgullo: obtuvo la nota más alta en un examen de Cambridge.
“Me siento muy orgullosa de mí misma, porque esto refleja todo el esfuerzo que he puesto durante prácticamente toda mi vida”, contó.
El anuncio también tuvo un significado especial en su familia. Cuando sus padres supieron que Krystel había alcanzado el promedio más alto de la institución, la emoción se hizo presente en casa.
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Su padre, Pedro, no pudo completar sus estudios. Por eso, para él, el logro de su hija representó también la posibilidad de ver cumplido un sueño que alguna vez tuvo para sí mismo.
“Él realmente quería que yo pudiera lograr ese sueño, ese sueño que era para él”, recuerda Krystel.
Su madre también recibió la noticia con alegría. Ambos, cuenta la estudiante, gritaron de emoción al conocer el resultado.
El esfuerzo que hay detrás de ese 9,97 no significa que todas las materias le resulten fáciles. Biología es su asignatura favorita. Le interesa el cuerpo humano y las funciones que cumple, tanto internas como externas. Matemáticas y física, en cambio, representan un desafío mayor.
Para superar esa dificultad, aumenta las horas dedicadas a esas materias. Resuelve ejercicios y repasa las hojas entregadas por sus profesores hasta alcanzar una calificación con la que se sienta satisfecha.
Esa misma constancia la llevó a conseguir uno de sus reconocimientos más importantes. El examen de Cambridge le tomó varios meses de preparación. Desde pequeña, recordó, disfrutaba ver series en inglés, una afición que complementó con el acompañamiento de sus profesores.
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Entre ellos recordó especialmente a Johana de Carlos, quien le enseñó durante la secundaria. Krystel destacó que su profesora siempre les exigía dar lo mejor de sí mismos y que se concentraba en enseñarles gramática y vocabulario.
Pero si hay una materia que ha logrado convertir en una posible profesión, es biología. Krystel quiere estudiar medicina y, dentro de esa carrera, se siente atraída por la cardiología.
Su interés nació cuando era pequeña. Recordó programas de televisión sobre salud y uno de ellos, relacionado con la cardiología y la medicina, despertó su curiosidad. Con el paso de los años, esa inquietud se relacionó también con sus abuelos, quienes, por su edad, enfrentaron problemas de salud.
“Siempre me habría gustado haberlos ayudado”, contó.
Este jueves, esa trayectoria tendrá uno de sus momentos más importantes con la ceremonia de juramento a la bandera. Krystel será la abanderada de la institución, después de años de estudios, tareas, exámenes y ensayos.
Para ella, la ceremonia representa también una responsabilidad. Ya han sido varias las horas de práctica de marcha y preparación. Espera que todo salga bien, especialmente el discurso, que considera una oportunidad para agradecer a sus profesores, a sus padres y también reconocerse a sí misma por el esfuerzo realizado.
Desde la institución, su historia ha sido observada durante años. Cecibel Romero, quien trabaja en el colegio desde hace más de 35 años y fue inspectora de Krystel cuando ingresó, recordó haberla visto esforzarse constantemente por alcanzar las mejores calificaciones.
“Siempre luchaba por las mejores calificaciones”, recordó Romero, quien desde entonces comenzó a imaginarla como futura abanderada.
La inspectora también destacó otros aspectos de la estudiante. La describió como una joven respetuosa y responsable, además de resaltar el acompañamiento de su padre durante su formación.
Para ella, ver a Krystel convertirse en abanderada tiene un significado especial porque representa el resultado de un proceso que comenzó mucho antes de la ceremonia.
“Me emociona ver que ella luchó y triunfó”, dijo. Romero reconoció, sin embargo, que ese camino no fue únicamente obra de la institución. “Papá y mamá trabajaron muchísimo. Nosotros acá complementamos esa actividad”, afirmó.
Por eso, cuando habla con otros estudiantes, utiliza la historia de Krystel como un ejemplo de perseverancia y valores. Su mensaje es sencillo: el esfuerzo requiere constancia, pero también puede dar resultados.
Krystel mira ahora más allá del acto de juramento a la bandera. Quiere estudiar medicina, ayudar a sus padres a cumplir sus propios sueños, comprar una casa y alcanzar independencia económica. También imagina viajes a lugares como Japón e Islandia.
Antes de todo eso, queda todavía una última etapa escolar por completar. La joven que durante años organizó sus tardes entre tareas, repasos, exámenes y unos minutos para sí misma está a punto de cerrar su etapa en el colegio.
Su meta, sin embargo, ya está trazada: llevar esa disciplina a la universidad y convertir su interés por el cuerpo humano en una profesión dedicada a la medicina, con el corazón como uno de sus principales horizontes. (I)