Había mucha expectación por conocer las primeras reacciones de Digger, la sátira apocalíptica de Alejandro González Iñarritu protagonizada por Tom Cruise en la que interpreta a un magnate petrolero cuya explotación en Groenlandia desencadena una catástrofe ambiental.
Las primeras proyecciones para la prensa celebradas en Nueva York y Los Ángeles han dejado opiniones enfrentadas acerca de esta producción que ha costado 125 millones de dólares. La película combina comedia negra, sátira política y un giro que altera su premisa, todo esto mientras Cruise aparece bajo prótesis cuyo maquillaje pasó de requerir seis horas a una.
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La película presenta a Cruise como Digger Rockwell, un empresario rico y ajeno a las consecuencias de sus decisiones. Una perforación petrolera provoca una expulsión de metano y desprende una plataforma de hielo de un glaciar que avanza hacia Europa, con riesgo de tsunami y destrucción a gran escala.

Junto a Cruise figuran Riz Ahmed como el científico Ganesh, Sandra Hüller como la hermanastra y socia empresarial de Digger, John Goodman como un presidente de Estados Unidos autoritario con cáncer anal, Michael Stuhlbarg como vicepresidente y Jesse Plemons en un papel cuya relevancia se aclara al final.
La recepción ha oscilado entre el entusiasmo por la ambición formal de Iñárritu y el rechazo a una sátira que varios críticos consideran fallida. Clayton Davis, especialista en premios de Variety, ha resumido esa fractura: “Respeto la apuesta y lo que Alejandro González Iñárritu intenta hacer. Tom Cruise y John Goodman ofrecen trabajos excelentes, y el diseño de producción y la fotografía impresionan”.
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Davis ha señalado que “no todos los puntos conectan” y habría preferido que la película se entregase más a “la absurdidad y la sátira” que persigue. Su previsión es clara: “La división con esta película va a ser amplia”.

Matt Neglia, fundador de Next Best Picture, ha valorado el personaje de Cruise como su papel “más dinámico e interesante en años”, aunque cree que el guion da al actor espacio para dirigirse “hasta a la última fila” sin permitirle profundizar en una interpretación que podría haber tenido “más fuerza y matices”.
Joey Magidson, de Awards Radar, la ha definido como “un desastre” en el que “no funciona gran cosa” y que no le ha resultado ‘disfrutable’. El crítico Edward Douglas ha coincidido en que no puede decir que sea “muy buena”, aunque percibe las intenciones de Iñárritu y Cruise; también anticipa una valoración del público “horrenda” en CinemaScore.
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El periodista Mike Ryan ha calificado la experiencia de “desagradable” y ha cuestionado algunas decisiones de la trama, pese a reconocer momentos de interés vinculados a la propia trayectoria de Cruise. Otro de los primeros comentarios describe la película como una sátira sobre el papel de la sátira: un examen de “narcisistas poderosos y ricos” que manipulan el relato público en su propio beneficio.
IndieWire ha recogido también reacciones que celebran el riesgo de la propuesta. Jim Hemphill sostiene que la cinta contiene la mejor interpretación de Cruise desde Magnolia y la considera una de las películas de estudio “más inventivas visualmente, audaces conceptualmente e imprevisibles” jamás realizadas.
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Anne Thompson, de la misma publicación, la ha definido como “una película de arte valiente y hermosa” que no conectará con el gran público, pero que podría encontrar mejor recepción entre los miembros de la Academia, en especial en las categorías interpretativas y técnicas. Thompson ha destacado asimismo una escena en un anfiteatro que podría favorecer las opciones de Cruise.
El estreno supone para Cruise su regreso a un papel dramático orientado al público adulto después de más de una década identificado con héroes de acción. En los últimos 10 años, su única película alejada de ese terreno había sido la comedia criminal Barry Seal: el traficante, estrenada en 2017.
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Para encontrar más títulos no centrados en la acción hay que retroceder 20 años en su filmografía, con películas como el musical La era del rock (Rock of Ages), el drama político Leones por corderos, la comedia Tropic Thunder y el thriller histórico Valkyrie. La elección de Iñárritu, ganador del Oscar por Birdman y El renacido, había despertado expectativas sobre una posible campaña de premios, aunque las reacciones podrían complicarla.

Cruise, cuatro veces nominado al Oscar, no ha ganado todavía una estatuilla competitiva, aunque recibió un Oscar honorífico el año pasado. La película está escrita por Iñárritu junto a Alexander Dinelaris, Nicolás Giacobone y Sabina Berman; Dinelaris y Giacobone ya colaboraron con el cineasta en Birdman.
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La puesta en escena cuenta con Emmanuel Lubezki, director de fotografía habitual de Iñárritu, y con Dennis Gassner, ganador del Oscar por Bugsy, en el diseño de producción. El presupuesto podría ser incluso superior a los 125 millones y, al sumar promoción y campaña de premios, necesitaría superar los 300 millones de recaudación mundial para alcanzar el equilibrio.

El actor ha explicado en el pódcast New Heights cómo redujo el tiempo de caracterización: “Había un tipo con un cronómetro y le dije: ‘De acuerdo, ¿ves ese tiempo, seis horas? Cuando terminemos, lo bajaremos de una hora’”. El equipo inicialmente le respondió que no sería posible, pero Cruise ha relatado que cronometraron, ensayaron y ajustaron cada pieza de las prótesis.
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La película se estrenará en nuestro país el próximo 2 de octubre y supone el regreso del director Alejandro González Iñárritu desde Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades en 2022.