La industria europea se enfrenta al reto del siglo: la búsqueda de fuentes renovables, alternativas a los combustibles fósiles, mientras trata de mantenerla seguridad del suministro y conseguir una mayor independencia energética sin perder competitividad.
La electrificación es una de las soluciones más extendidas para descarbonizar el modelo de producción de energía, pero no es suficiente. Es ahí donde entran en juego las denominadas moléculas verdes, como el hidrógeno renovable o los biocombustibles de segunda generación. España, de la mano de empresas como Moeve, se prepara para ser uno de los mayores referentes del continente en su producción y distribución.

Los biocombustibles se elaboran a partir de residuos orgánicos, como los aceites usados de cocina y desechos agrícolas, ganaderos o forestales, evitando el uso de materias primas que compitan con la alimentación. Su uso puede reducir hasta en un 90% las emisiones netas de dióxido de carbono(CO2)en todo su ciclo de vida, comparado con los combustibles convencionales. El hidrógeno verde, por su parte, se produce a través de la electrólisis, un proceso químico que separa las moléculas de agua en hidrógeno y oxígeno usando electricidad procedente de fuentes renovables como la solar o la eólica. “Los biocombustibles de segunda generación ofrecen un perfil de sostenibilidad significativamente superior a los convencionales”, explica Carlos Olivares, director del Negocio de Biocombustibles y Comercialización de Moeve. Olivares detalla su ventaja principal: pueden utilizarse en motores, infraestructuras logísticas y sistemas de almacenamiento y distribución ya existentes, “evitando inversiones masivas en nuevas redes o tecnología”.
Estas fuentes de energía tienen un papel relevante para descarbonizar los sectores más difíciles de electrificar; como el transporte aéreo, el marítimo y el pesado por carretera o las industrias que requieren grandes cantidades de energía térmica. En estos segmentos, detalla Olivares, las alternativas eléctricas “no ofrecen actualmente la autonomía o competitividad necesarias para operar a gran escala”.
Los biocombustibles de segunda generación ofrecen un perfil de sostenibilidad significativamente superior a los convencionales
La aviación es el ejemplo más claro de estas ventajas, ya que los combustibles sostenibles (SAF, por sus siglas en inglés) son “la única alternativa disponible a gran escala para reducir significativamente las emisiones de los vuelos demedia y larga distancia”.
Los biocombustibles de segunda generación son, además, una fórmula indispensable para aumentar la independencia energética. Según el informe ¿Por qué Europa necesita las moléculas verdes?, elaborado por Moeve en colaboración con la consultora PwC, el desarrollo de este tipo de compuestos podría reducir la dependencia del exterior que tiene la Unión Europea a la mitad, desde el 57% hasta el 28% para 2040. Algo especialmente relevante en países como España, que utiliza casi un 70% de energía importada.
Según el informe, el papel creciente de las moléculas verdes las llevaría a sustituir hasta un 50% la demanda actual de combustibles fósiles en Europa en 2050, representar un tercio del mix energético europeo y reducir las emisiones de CO2 en un 22%.
La oportunidad de España
España, precisamente, puede aportar mucho a la configuración del nuevo mapa energético europeo. “Tenemos una oportunidad real de liderar la descarbonización”, indica Alfredo López Carretero, director del departamento de Química de Moeve. El directivo enumera los argumentos para ello: la elevada presencia de energías renovables, el potencial en biomasa, el crecimiento en biometano y una posición “muy competitiva” para desarrollar moléculas verdes como el hidrógeno, el amoníaco o el metanol renovables.
En España tenemos una oportunidad real de liderar la descarbonización
El hidrógeno renovable, en concreto, es una “pieza clave de la transición energética”, según López Carretero. “Si somos capaces de producirlo de manera competitiva, podemos atraer y mantener nuestra actividad industrial”, afirma el directivo. Sus usos son diversos: desde la descarbonización de la industria, como la química o la de fertilizantes, hasta la producción de combustibles sintéticos para la descarbonización del transporte aéreo, marítimo o pesado por carretera. “En Moeve creemos que España puede transformar su ventaja renovable en una ventaja industrial. El hidrógeno renovable puede marcar una gran diferencia frente a competidores internacionales”.
Para aprovechar las ventajas que ofrece España, Moeve desarrolla el Valle Andaluz del Hidrógeno verde, uno de los mayores proyectos de hidrógeno renovable de Europa, en las localidades de Palos de la Frontera (Huelva) y San Roque (Cádiz). María Molina, directora de la iniciativa, resume en una frase su importancia: “No se trata únicamente de producir una nueva fuente de energía, sino de desarrollar una cadena de valor capaz de atraer inversiones, generar empleo cualificado y reforzar la competitividad de la industria nacional”.
Andalucía, punto estratégico en el mapa del hidrógeno verde
El impulso de las moléculas verdes
El hidrógeno renovable permitirá avanzar en la descarbonización de los procesos industriales y favorecer el desarrollo de combustibles renovables. Con la primera fase del Valle Andaluz del Hidrógeno Verde, Moeve prevé producir unas 45.000 toneladas anuales y evitar en torno a 250.000 toneladas de CO₂ cuando alcance su pleno rendimiento
Una nueva generación de combustibles
Los biocombustibles de segunda generación se elaboran a partir de residuos orgánicos, como aceites usados de cocina y desechos agrícolas, ganaderos o forestales. Una alternativa que aprovecha materias primas que no compiten con la alimentación y puede reducir hasta un 90% las emisiones netas de CO₂ durante su ciclo de vida en comparación con los combustibles de origen fósil
Descarbonización de sectores de difícil electrificación
La primera fase del Valle Andaluz del Hidrógeno Verde contribuye a impulsar en Andalucía un ecosistema industrial en torno a las moléculas verdes. El proyecto contribuirá a descarbonizar sectores difíciles de electrificar, reforzar la competitividad de la industria y avanzar hacia una mayor autonomía energética
Andalucía, energía y posición estratégica
La combinación de recursos renovables, condiciones climáticas, tejido industrial, ubicación geográfica y grandes puertos ofrece a Andalucía condiciones favorables para producir moléculas verdes y contribuir a reforzar el papel de España en el nuevo mapa energético europeo
Una transición que genera oportunidades
Detrás de la transformación de la industria hay conocimiento, tecnología y trabajo en equipo. El desarrollo del proyecto movilizará una inversión de más de 1.000 millones de euros y contribuirá a generar nuevas oportunidades de empleo, inversión y colaboración empresarial en Andalucía, reforzando la competitividad de la industria española
Si las previsiones de Moeve se cumplen, Andalucía habrá transformado su capacidad industrial en menos de una década. “Podría consolidarse como uno de los principales hubs europeos de energías limpias y moléculas verdes”, afirma Molina. Algo que atraería también una mayor inversión internacional y un tejido empresarial “más innovador y especializado”.
Andalucía podría consolidarse como uno de los principales ‘hubs’ europeos de energías limpias y moléculas verdes
En este escenario, la comunidad andaluza se posiciona como una plataforma energética para Europa. “Los primeros efectos comenzarán a notarse mucho antes, a medida que avancen las fases de construcción, se movilicen las inversiones y se incorporen las primeras empresas proveedoras a la cadena de valor”, explica la responsable del Valle Andaluz del Hidrógeno Verde. Más allá de la descarbonización, la iniciativa supone un punto de inflexión para reforzar la soberanía energética europea. “Y construir una economía más resiliente frente a futuras crisis geopolíticas y energéticas”, concluye.