La escuela de Chubut que lleva 20 años reforestando el bosque: sus alumnos ya plantaron más de 32.000 árboles

2026/08/23

Vivero Niños del Lago

Los 38 estudiantes de la Escuela N° 25 de Villa Futalaufquen, en Chubut, participan del Vivero Niños del Lago, desde nivel inicial hasta el último año de secundaria. (Fotos: CLAYSS)

En verano, cuando hay incendios en los alrededores de la Escuela N° 25 de Villa Futalaufquen, en Chubut, los recreos cambian. En lugar de salir a jugar, algunos chicos se acercan al paredón y se quedan mirando el movimiento en el camino: pasan helicópteros, brigadistas, guardaparques. Esperan que el fuego no avance y alientan a quienes lo combaten.

Desde hace 20 años, los alumnos de esta pequeña escuela ubicada dentro del Parque Nacional Los Alerces, a unos 50 kilómetros de Esquel, producen plantas nativas que después llevan a las zonas afectadas por el fuego. Actualmente son 38 estudiantes, desde nivel inicial –los más chicos tienen 3 años– hasta la secundaria, y todos participan del proyecto. También sus familias están involucradas.

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“Cada año, cuando hay incendios, sufren mucho la pérdida de su casa, que es el bosque”, cuenta Luis “Pela” Almendra, docente de la Escuela N° 25 “Delia Médici de Chayep” y responsable de la iniciativa, bautizada como Vivero Niños del Lago. “Los brigadistas terminan siendo nuestros héroes”, le dice Almendra a Infobae.

Hasta ahora llevan más de 32.000 árboles plantados dentro del Parque Nacional Los Alerces. También donaron ejemplares a otras escuelas, hicieron plantaciones para espacios públicos en Esquel y Trevelin, y realizaron intervenciones en lugares afectados por incendios como Cholila, Epuyén y Lago Puelo, indica Almendra.

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Vivero Niños del Lago
Los alumnos producen especies nativas que luego llevan a distintas zonas del Parque Nacional Los Alerces: el objetivo es contribuir a la recuperación del bosque, afectado por los incendios recurrentes en la zona.

El proyecto comenzó en 2006, después de que un incendio en marzo de 2005 afectara unas 40 hectáreas en los alrededores de la escuela. Alumnos, familias y docentes colaboraron frente a la emergencia, pero pronto surgió –entre los chicos– una pregunta que terminaría dando forma a una experiencia educativa que se extendería durante dos décadas: qué podía hacer la escuela para ayudar a recuperar el bosque.

Uno de los principales impulsores fue Boris Sáez, maestro de Orientación Agraria. La idea inicial era producir unos 300 plantines de especies nativas . En 2009 realizaron la primera plantación. Desde entonces, el vivero se fue incorporando cada vez más a la vida cotidiana de la escuela. En 2009 y en 2019 ganaron el Premio Presidencial Escuelas Solidarias, que se entregó por última vez en 2024.

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“Los arbolitos son importantes porque el fuego quemó todo el bosque y casi no hay arbolitos. Entonces estamos haciendo arbolitos para cuidar el bosque”, repasa Ámbar, alumna de segundo grado.

Hoy en el vivero se producen más de 15 especies propias del bosque andino patagónico, entre ellas radal, maqui, notro, ñire, chacay, michay, calafate, alerce, maitén, araucaria y ciprés de la cordillera. Algunos ejemplares serán plantados; otros se venden para contribuir al sostenimiento del propio proyecto.

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Vivero Niños del Lago
Cuando los árboles están listos, los estudiantes los cargan en sus mochilas y caminan por senderos de montaña hasta los lugares de plantación.

“Es un largo proceso. Empezamos poniendo las semillas en una almaciguera –explica Naceli, alumna de cuarto grado, a Infobae–. Las tapamos, las aplastamos y ponemos un poco de pinocha, hojitas, así queda un colchoncito como si estuviera en el bosque”.

“Ahí las dejamos un año entero y las sacamos y las pasamos a macetitas, donde crecen y pasan dos años más. Y cuando ya tienen cuatro años, las llevamos a la montaña –continúa Naceli–. Ese es nuestro proceso largo por el que debemos pasar”.

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Saber esperar es uno de los aprendizajes que implica el proceso; entre la semilla y el árbol plantado pueden transcurrir varios años. Quien inicia el proceso no necesariamente será quien lo termine: una camada de estudiantes puede dejar plantas que otros compañeros cuidarán y llevarán al bosque.

Cuando llega finalmente el momento de plantar, alumnos y docentes salen juntos al bosque. Maite, alumna de cuarto grado, lo cuenta desde su experiencia: “Hacemos una larga caminata que empieza desde la escuela, por un senderito hasta la montaña, y ahí plantamos”.

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“La dinámica siempre es cargar nuestras mochilas con uno, tres, siete árboles, los que sean, y caminar el bosque con los arbolitos en nuestras espaldas”, describe Almendra.

Vivero Niños del Lago
Desde que comenzó el proyecto, hoy liderado por el profesor Luis Almendra, la comunidad educativa ya plantó más de 32.000 árboles dentro del Parque Nacional Los Alerces.

El vivero está integrado a las actividades curriculares de primaria y secundaria. La Escuela N° 25 tiene jornada completa, de 8.30 a 15.30, y el proyecto se desarrolla en el horario escolar. Los estudiantes de todos los niveles tienen al menos dos bloques semanales de 40 minutos destinados específicamente al trabajo en el vivero, explica Almendra.

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La experiencia del vivero atraviesa distintas materias y contenidos escolares. Los estudiantes observan los ciclos de floración, identifican especies, recolectan y clasifican semillas (Biología), calculan porcentajes de germinación (Matemática), producen videos y materiales de difusión (Tecnología), hacen trekking y senderismo (Educación Física). También trabajan sobre costos e ingresos en Economía y practican vocabulario específico en Inglés.

La propuesta no implica aprender primero un contenido para aplicarlo después, sino enfrentarse con una tarea real que obliga a “aprender haciendo”. La experiencia se inscribe en la pedagogía del aprendizaje-servicio solidario, que busca combinar el aprendizaje de contenidos curriculares con una intervención frente a una necesidad concreta de la comunidad. El Centro Latinoamericano de Aprendizaje y Servicio Solidario (CLAYSS), que esta semana realiza su seminario anual en la Universidad Católica Argentina (UCA), acompaña el proyecto desde hace años.

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“Los niños que pasan por el proyecto están constantemente conviviendo con el bosque, observándolo, y conocen cada árbol que han plantado”, describe Almendra. Para el docente, uno de los principales aprendizajes tiene que ver con el sentido de solidaridad y con que los chicos desarrollan una relación de cuidado y de pertenencia con el lugar donde viven. “Ellos aman el bosque”, dice el docente.

Esa relación aparece también en las palabras de las alumnas. “Estamos haciendo arbolitos para cuidar el bosque”, afirma Ámbar. Para Maite, el trabajo permite hacer algo frente a una amenaza recurrente: “Cada verano hay incendios cerca de nuestra escuela. Entonces, cuando plantamos arbolitos, como que regeneramos el bosque”.

Vivero Niños del Lago
El vivero forma parte del horario escolar y permite trabajar contenidos de Biología, Matemática, Tecnología, Educación Física, Economía e Inglés.

El vivero se financia principalmente mediante donaciones y la venta de ejemplares nativos en ferias o en la propia escuela, explica Almendra. Con ese dinero compran macetas, herramientas, tierra y otros insumos.

La Secretaría de Bosques de Chubut acompaña la experiencia desde 2015, cuando un incendio arrasó con 55.000 hectáreas de bosque patagónico. También existe una articulación permanente con Parques Nacionales: antes de cada plantación, la escuela informa dónde pretende realizarla y solicita la autorización correspondiente. El personal de Parques colabora además con traslados, materiales o vehículos para buscar tierra y abono.

Uno de los problemas que enfrenta actualmente el proyecto es que les falta un sombráculo, una estructura cubierta que da sombra y resguardo a las plantas jóvenes. En 2022, una nevada que llegó a acumular cerca de un metro de nieve derrumbó la estructura de acero que protegía a una parte de los plantines.

Desde entonces no pudieron reconstruirla. Según explicó Almendra, el costo estimado ronda los 6 millones de pesos. Hasta ahora, reunieron cerca de la mitad mediante una campaña de donaciones y ventas de árboles en Esquel y Trevelin.

“En el bosque estas plantas están al amparo de grandes árboles madre, entonces tienen su refugio. Nosotros tratamos de simular eso con estructuras como el sombráculo”, ilustra el docente. Y agrega que la protección resulta necesaria tanto frente a los inviernos rigurosos como frente al sol intenso del verano, sobre todo cuando los ejemplares todavía son jóvenes.

Vivero Niños del Lago
La experiencia combina contenidos curriculares con una acción concreta sobre el entorno, una de las características centrales de la pedagogía del aprendizaje-servicio solidario.

La continuidad del vivero también enfrentó otra prueba: la jubilación de Boris Sáez, su creador. Unos años antes, Almendra había llegado a la Escuela N° 25 como docente suplente, recién recibido como profesor de Educación Primaria. Conoció allí a Sáez y empezó a interesarse cada vez más por lo que pasaba en el vivero.

“Me empecé a apropiar un poco del proyecto, empecé a ayudarlo al profe, a venir los fines de semana a trabajar con él, a interiorizarme y aprender”, recuerda Almendra.

Durante la pandemia, cuando la escuela tuvo que cerrar sus puertas, las plantas siguieron necesitando agua y cuidados. Almendra y Sáez continuaron yendo para mantener vivo el vivero.

Cuando llegó el momento de jubilarse, Sáez le preguntó a su colega más joven si quería hacerse cargo. Para la escuela, lograr ese relevo era fundamental: muchos proyectos escolares están muy ligados a los docentes que los impulsan, y corren el riesgo de desaparecer cuando esas personas se van.

“Se trata un poco de esto: de que los proyectos solidarios continúen, con la misma dinámica y con el mismo sentir”, afirma Almendra. De todos modos, el docente aclara que Sáez sigue vinculado con el vivero incluso después de su jubilación: “Hasta el día de la fecha sigue viniendo y me ayuda; sigue siendo mi sostén y mi ayudamemoria”.

Almendra asegura que asumir el proyecto también impactó en su manera de enseñar. “Me transformó ver cómo un proyecto incide tan fuertemente en las personas, no solo en los estudiantes, sino también en los docentes”, dice. Y resume así el sentido de estos años de trabajo: “Plantar un árbol no es solamente un deseo o una acción individual. Es una acción para el mundo”.

Vivero Niños del Lago
El proceso puede llevar varios años: las semillas germinan en almacigueras y las plantas jóvenes pasan por distintas etapas antes de ser trasladadas al bosque.

Almendra destaca especialmente el acompañamiento de CLAYSS, que ayudó a la escuela a reconocer, sistematizar y fortalecer el marco de aprendizaje-servicio de una experiencia que al principio desarrollaban de manera intuitiva.

“El asesoramiento de CLAYSS nos ayudó a conceptualizar lo que veníamos haciendo”, afirma. Los docentes participan de capacitaciones y seminarios y, según Almendra, ese vínculo también permitió que la experiencia de una pequeña escuela rural patagónica se conectara con otras iniciativas.

Este jueves 27 y viernes 28 de agosto, Almendra participará del 29° Seminario Internacional de Aprendizaje y Servicio Solidario, organizado por CLAYSS en la Ciudad de Buenos Aires, en el campus de la UCA. Será un encuentro presencial y gratuito –con inscripción previa–, destinado a educadores, estudiantes, investigadores, funcionarios y organizaciones que trabajan con este enfoque.

Seminario CLAYSS
El 29° Seminario Internacional de Aprendizaje y Servicio Solidario se realizará el 27 y 28 de agosto en la UCA y reunirá a educadores, estudiantes, investigadores y referentes de distintos países.

En Futalaufquen, esa pedagogía se traduce en acciones pacientes sostenidas a lo largo de los años con el compromiso y la responsabilidad de toda una comunidad educativa.

Una semilla cubierta con pinocha y hojitas. Un año de espera. Una “macetita”. Más años de cuidados. Una mochila. Un sendero hacia la montaña. “Aunque pueda ser difícil, hay que saber esperar bastante”, dice Naceli.

Después de 20 años y más de 32.000 árboles, en esa espera parece condensarse no solo la experiencia del Vivero Niños del Lago, sino también el sentido de educar: se trata, muchas veces, de cuidar y regar la vida durante el tiempo necesario para que, algún día, su florecimiento ayude a transformar el bosque.