
Neil, un elefante marino de más de 1000 kilos, visita dos veces al año la costa de Tasmania y se ha convertido en estrella de internet, aunque los especialistas piden mantener la distancia.
Un flujo constante de personas ha llegado para conseguir la mejor vista de la celebridad más grande de Australia. En la ciudad costera de Seven Mile Beach, en Tasmania, los niños se suben a los hombros de sus padres; la gente trepa sobre las rocas, algunos con binoculares en la mano. Cada vez que la estrella se mueve, un murmullo de emoción recorre la multitud.
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Los coches circulan a paso de tortuga para echar un vistazo al VIP y los pasajeros sonríen encantados cuando lo consiguen. Varios equipos de televisión lo siguen de cerca.
Han venido a ver a Neil: un revoltoso elefante marino del sur, de unos 1000 kilos, que realiza su peregrinación semestral a la costa sureste de Tasmania, su lugar de nacimiento. Aunque Neil siempre ha tenido muchos seguidores, su fama parece haber alcanzado nuevas alturas este año.
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Videos en los que aparece destrozando conos de tráfico o vallas de madera, aferrándose a bolardos, chocando contra coches y cabinas telefónicas, o simplemente holgazaneando en medio de la carretera, se han difundido por todo el mundo y han atraído millones de visualizaciones. La mercancía con la imagen de Neil se ha agotado en cuestión de horas.
A Neil no parece importarle su legión de fans. El día que lo visitó The New York Times, durmió durante horas junto a una valla de madera que se tambaleaba cada vez que soltaba un fuerte resoplido, lo cual ocurría con frecuencia.
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Pero la fama es algo voluble. Kris Carlyon, jefe de la sección de salud de la fauna silvestre del Departamento de Recursos Naturales de Tasmania, advirtió este mes que existía el riesgo de que el público “amara a Neil hasta la muerte”.
“Hemos visto ejemplos en todo el mundo en los que se ha tenido que sacrificar a animales grandes y potencialmente peligrosos debido al comportamiento arriesgado del público”, dijo.
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En 2022, las autoridades noruegas sacrificaron a una morsa de unos 600 kilos llamada Freya que llevaba semanas frente a la costa de Oslo subiéndose a los barcos y holgazaneando en los muelles.
Los comentarios de Carlyon provocaron pánico. Más de 60.000 personas han firmado una petición a favor de crear zonas de acceso restringido alrededor de la foca.
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Mientras tanto, las autoridades de Tasmania han desplegado seguridad las 24 horas del día, los 7 días de la semana, en torno a Neil, y hay controladores de tráfico dedicados a gestionar los coches y las multitudes, manteniendo a la gente a una distancia mínima de 20 metros. Las autoridades multarán a cualquiera que lo acose.
‘Amarlo, pero desde lejos’
El comportamiento de Neil no es común. Los elefantes marinos del sur suelen vivir en islas subantárticas, por lo que resulta sorprendente que Neil visite Tasmania dos veces al año: una vez en octubre para mudar el pelaje y otra a mediados de año para descansar.
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Jane Younger, especialista en el comportamiento de los elefantes marinos de la Universidad de Tasmania, dijo que probablemente la madre de Neil era una reproductora sin experiencia y que lo tuvo en Tasmania, en lugar de en las colonias de focas más al sur. Neil, que ahora tiene unos 5 años, ha seguido apareciendo en el mismo lugar desde entonces.
Aunque es muy querido por la comunidad, es probable que Neil se sienta solo. Younger dijo que los elefantes marinos son criaturas sociables, aunque existe la posibilidad de que Neil entre en contacto con otros elefantes marinos durante los meses que pasa en el mar.
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“Si viviera en una colonia de elefantes marinos, a esta edad ya estarían luchando y jugando entre ellos”, dijo Younger, y añadió que estarían desarrollando estas habilidades para poder luchar por los territorios en la playa cuando alcancen la madurez sexual.
“Es un depredador marino grande y salvaje, y es muy peligroso, así que podría herir fácilmente a alguien simplemente por sobresaltarse, estresarse o sentirse agobiado”, dijo Younger.
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“Entiendo perfectamente por qué la gente lo ama; el punto es amarlo, pero desde lejos”.
Neil acabará pesando unos 3500 kilos, aproximadamente el tamaño de un camión pequeño.
Muchos de los fans de Neil son conscientes del peligro que supone y se quedan unos instantes para tomarse una foto y compartir unas palabras de admiración en voz baja antes de marcharse discretamente.
Bronwyn Garfield ya tenía planeado un viaje a Tasmania cuando se enteró de que su visita coincidía con la de la foca.
“Me encanta todo el revuelo que ha causado en internet y los memes que está generando. Tiene ese rollo tan milénial: vive la vida a tope, se pasa de grande, siembra el caos y, además, es adorable mientras lo hace”, dijo.
Garfield dijo que Neil era un buen símbolo para la conservación en general y que le alegraba ver que las autoridades y la gente del lugar lo protegían.
Tania Petrie, una habitante de la zona que lleva años fotografiando a Neil, se topó con él la semana pasada mientras estaba tumbado en medio de la carretera. No había autoridades cerca para ayudar a desviar el tráfico o mantener a Neil a salvo, así que Petrie intervino hasta que llegó la policía.
Ella espera que las autoridades sigan velando por la seguridad de Neil para que siga yendo a visitar muchos años más.
“Ver a Neil siendo él mismo y haciendo alguna que otra travesura me alegra un poco el día, y quizá otros sientan lo mismo”, dijo.
Como le pasa a cualquier celebridad, llega un momento en el que la atención se vuelve excesiva. Ese momento se produjo una noche de la semana pasada, cuando Neil se metió de nuevo en el mar. No se sabe cuándo volverá.
Laura Chung es reportera e investigadora del Times en Sídney, y cubre Australia, Nueva Zelanda y el Pacífico.