Katia Murrieta: La IA y el periodismo | Columnistas | Opinión

2026/09/30

30 de septiembre, 2026 - 07h00

El titular publicado por este Diario, el pasado 23 de septiembre, Noticiero hecho por IA en Argentina, genera muchas inquietudes, más allá de los apocalípticos anuncios de que la inteligencia artificial (IA) nos va a acabar en menos de cuatro años, y como esta va por sectores parecería que en esta ocasión los amenazados serían los comunicadores sociales, en todas sus modalidades.

Ante este peligro, es irrelevante saber si a la IA le gustaría ser periodista, porque, probablemente, la respuesta sería afirmativa, debido a que con los robots humanoides que se están fabricando en China, cada vez más serviciales y polifacéticos, nada estaría excluido para ellos. Entonces, si admitimos el reto, lo que se debiera hacer es fortalecer las capacidades, en cualquier campo, prepararse para rivalizar con la IA y, más bien, aprovechar lo que se puede de ella, porque es evidente que ayuda mucho en la investigación, si bien es extremadamente necesario contrastar y validar la información.

El noticiero hecho por la IA en Argentina tiene sus presentadores con sus propios nombres para temas de economía, geopolítica o deportes. En cuanto a este último la interrogante sería si la IA pudiese poner la pasión necesaria al igual que nuestros reporteros deportistas lo hacen, cuando, por ejemplo, transmiten en vivo los partidos de fútbol desde la cancha. Es un verdadero arte que no muchos pueden hacerlo porque requiere de varias habilidades y cualidades, entre ellas el conocimiento mismo de la materia, extrema rapidez para contar lo que está ocurriendo in situ y, con toda la emoción del mundo, gritar ¡goool! cuando este se produce, para contento de los unos y lamento de los otros. ¿Tendría el mismo efecto en el humano receptor del relato si se le confía esta tarea a la IA?

Por otro lado, además de la preocupación de los periodistas sobre la eliminación de puestos de trabajo relacionados con la materia, lo cual es, desde luego, muy importante, también inquieta la forma en que la IA, sin la intervención humana, transmita mensajes o informe con yerros que puedan, de uno u otro modo, afectar a parte de la población y causar graves consecuencias derivadas de la desinformación. En el campo financiero, por ejemplo, un derrumbe de la bolsa producido por un dato falso podría ser fatal. Igual en cualquier otro ámbito, como publicar el deceso de una persona cuando, en realidad, no se ha producido.

Si un periodista comete una infracción en el ejercicio de su profesión está sujeto a una penalidad, según el caso e, incluso, estaría expuesto a sufrir encarcelamiento si se trata de un delito penal. Si proviene de un robot, no habría forma de sancionarlo. Luego, para ellos no existiría ni siquiera la ética periodística.

También nos asalta la pregunta de cómo podría la IA sustituir a un entrevistador en asuntos tan delicados como los de la geopolítica mundial. O, ¿acaso, aceptarían los actuales presidentes de los Estados Unidos de América o de China someterse al arbitrio de un robot?

No se descarta que, en algún momento, se les ocurra también hacer que estos “seres” amamanten bebés. Al paso que vamos nada estaría descartado, ni sería imposible. (O)