La megaparadoja - La Tercera

2026/07/18

La megarreforma impulsada por el Ministerio de Hacienda ha pasado su segundo trámite constitucional, la aprobación particular en el Senado. De este proyecto se suponía que no pasaría trámite alguno en el Parlamento. La oposición lo veía como la primera gran derrota casi autoinferida del gobierno de Kast, a pesar de que algunos advertían que el oficialismo estaba tan cerca del empate, que no le sería difícil conseguir una mayoría en el margen. Así ha sido, 1 a 0, 2 a 1, en los minutos finales. Ahora el proyecto vuelve a los diputados, donde el gobierno tiene la comodidad de unos votos negociados con el Partido de la Gente. (Por tanto, esta es también la gran derrota de la oposición apenas constituida, pero ese es otro tema).

De modo que ya no sólo es posible que el proyecto sea aprobado con muy escasas modificaciones, sino que, además, salga del Congreso en tiempo récord. Desde Ricardo Lagos, ningún otro gobierno ha comenzado con un plan económico tan ambicioso, y ni siquiera en ese caso dependía todo de un solo proyecto.

Tal como van las cosas, ya no es una fantasía que el proyecto del ministro Jorge Quiroz pueda completar su paso por el Parlamento durante julio. Después de eso le quedará el Tribunal Constitucional, aunque sólo para invariabilidad tributaria y reposición de gastos en rechazos ambientales.

El ministro ha tenido un poco de suerte, es verdad; pero sobre todo ha demostrado que un trabajo intensivo, metódico y silencioso puede abrirse paso en un Congreso que no tiene o no se da el tiempo de estudiar medidas complejas. Ha desconcertado a un auditorio que no lo conocía. Ha contado con el presidente. Y tiene que apurarse. Suena sardónico decir esto de quien lleva cuatro meses en su cargo, pero así están las cosas.

La economía está trabada. El desempleo se mueve en los bordes de los dos dígitos desde hace muchos meses; David Bravo describió una “emergencia laboral” hace ya dos años. Pero nunca estuvo en las prioridades del gobierno de Boric ni apareció entre las tareas inmensas de su ministra del Trabajo. El crecimiento se ha mostrado negativo; el consumo ya no es capaz de arrastrarlo. El PIB de este año será más bajo que lo anunciado, como casi todas las cifras macro. El 2026 será un año perdido.

La economía, con todo, no está trabada por eso, sino por una amalgama de elementos objetivos y subjetivos que se han ido construyendo desde hace ya varios años. Están las guerras en Europa y Medio Oriente y las cuasiguerras en otras latitudes. Están sus derivados, la inflación mundial y las altas tasas de interés. Y está la licuación de las reglas, desde el comercio hasta las fronteras, además de todos esos vientos cruzados que enturbian los cielos intelectuales de naciones reputadas razonables.

La economía está trabada por una desconfianza labrada con fuego y lo singular es que el tallador no percibe la profundidad de su obra. ¿Se puede confiar en un sistema político que cambia sus reglas cuando cambia el aire de sus estudiantes? ¿Se puede creer en un gobierno que está más pendiente de las encuestas que de sus compromisos? ¿Se puede creer en un país que está dispuesto a echar abajo su estantería constitucional a cambio de una asamblea excéntrica? Nada de eso ha pasado, desde luego. Sólo ha podido pasar. Los dos son malos razonamientos. Se empatan, inmovilizan, traban.

La economía está trabada por cosas de ese tipo, le cose mentale, lo que la Sonami ha llamado “la paradoja minera” cuando se mira a sí misma: el mejor precio del cobre en toda la historia y el peor desempeño de la minería del cobre, una caída difícil de explicar como no sea por la convergencia de factores objetivos, subjetivos, históricos y circunstanciales. Y ahí está: menos empleo que nunca, menos producción y 22 mil millones de dólares en proyectos pendientes que nadie sabe si seguirán. La construcción no se reactiva; la vivienda, tampoco. No crecen los créditos, no crece el consumo. El empleo, clavado o marchando al revés. Los inversionistas le creen al gobierno -cómo no-, pero no les creen a sus posibilidades. O quizás a algo más que no ha sido revelado.

En ese panorama hay que entender el triunfo de Quiroz. El éxito provisorio de su proyecto de megarreforma equivale a la ruptura de un dique, pero necesita más y más energía para que la economía vuelva a fluir. Si se cree a las cifras entregadas por la Dipres en el IFP del segundo trimestre, este año será depresivo y el 2027, luminoso. Todos los indicadores suben clamorosamente ese año. El 2027 será el segundo año del gobierno. Después le quedan tres, o dos, si se tiene en cuenta que el 2028 hay unas elecciones municipales que tendrán visos estratégicos (como todas) y reorientarán el hacer del gobierno.

Eso sí, es corto un gobierno de dos años.

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