Hay libros que nacen de una historia que el escritor quiere contar y otros que parecen surgir de una necesidad más profunda: entender aquello que no puede ser comprendido. Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan, pertenece a esta segunda categoría. Publicada originalmente en francés en 2011 y traducida al español por Juan Carlos Durán, la novela parte de un hecho íntimo y devastador: la muerte de Lucile, la madre de la autora, hallada sin vida después de haberse suicidado.
A partir de ese momento, De Vigan emprende una investigación que tiene algo de pesquisa periodística y algo de viaje hacia su propia infancia. No busca solamente reconstruir qué ocurrió con Lucile, sino también descubrir quién fue esa mujer antes de convertirse en su madre. Para hacerlo, recurre a todo lo que puede encontrar: cientos de fotografías, películas familiares en súper ocho, grabaciones del abuelo Georges, recuerdos propios y conversaciones con sus hermanos y otros integrantes de la familia.
Así aparece la historia de los Poirier, una familia francesa atravesada por las décadas del cincuenta, sesenta y setenta, pero también por aquello que suele quedar fuera de las fotografías familiares. Detrás de las escenas cotidianas aparecen conflictos, secretos, silencios, vínculos dañinos y experiencias traumáticas. La infancia de Lucile, su vida adulta y su progresivo aislamiento se reconstruyen a partir de recuerdos que no siempre coinciden entre sí.
LA VERDAD DETRÁS DE LOS RECUERDOS
Uno de los grandes logros del libro está justamente en esa incertidumbre. De Vigan sabe que reconstruir una vida a partir de documentos y testimonios no equivale a encontrar una verdad definitiva. Cada recuerdo tiene una perspectiva; cada fotografía muestra algo y oculta otra cosa; cada relato familiar modifica aquello que pretende conservar. Por eso, la escritora incorpora al propio libro sus dudas, sus avances y retrocesos, sus temores y hasta el conflicto que le provoca escribir sobre personas que, a diferencia de los personajes de una ficción convencional, son su propia familia.
De Vigan sabe que reconstruir una vida a partir de documentos y testimonios no equivale a encontrar una verdad definitiva
La novela se mueve así entre distintas voces. Está la Delphine escritora, que cuenta las dificultades de llevar adelante el proyecto; la hija, que recuerda acontecimientos de su propia infancia; y la cronista que reconstruye episodios de la vida de Lucile a partir de documentos y testimonios ajenos. El pasado y el presente se alternan sin seguir una línea temporal estricta, pero ese aparente desorden termina construyendo una narración fluida y de enorme intensidad.
En el centro está Lucile. Su historia aparece marcada por el sufrimiento, el aislamiento y el trastorno bipolar, pero De Vigan evita reducirla a un diagnóstico. Lo que intenta es devolverle una vida completa, con sus contradicciones, sus momentos de felicidad y sus zonas oscuras. También aparecen temas especialmente dolorosos, como el incesto, las adicciones, los tabúes familiares y las complicidades construidas alrededor de aquello que nadie quiere nombrar.
Por eso Nada se opone a la noche no es solamente una novela sobre una madre muerta. Es también una reflexión sobre el acto de escribir cuando aquello que se cuenta afecta directamente a quien escribe. ¿Hasta dónde se puede avanzar en la búsqueda de la verdad cuando esa verdad puede lastimar a los demás? ¿Qué ocurre cuando la memoria de una persona depende de quienes quedaron para recordarla?
De Vigan no ofrece respuestas sencillas. En cambio, acepta que toda reconstrucción del pasado está atravesada por una mirada. La verdad absoluta, parece sugerir, permanece fuera de alcance; lo que queda es una serie de versiones, matices y zonas grises.
El resultado es una obra dolorosa y delicada a la vez. Un libro sobre una familia, pero también sobre la memoria, el duelo y la imposibilidad de encontrar un único porqué para una muerte. En ese sentido, escribir se convierte para De Vigan en una forma de acercarse a su madre y, al mismo tiempo, de aprender a dejarla ir.
Nada se opone a la noche fue una de las novelas más premiadas en Francia durante el año de su publicación. Pero más allá de los reconocimientos, su fuerza está en otra parte: en haber convertido una investigación familiar en una experiencia literaria capaz de preguntarse, sin certezas y sin respuestas fáciles, cuánto de una persona puede recuperarse después de su muerte.
CAJA DE LIBRO
NADA SE OPONE A LA NOCHE
DELPHINE DE VIGAN
Editorial: Anagrama
Páginas: 366
Precio: $ 29.900
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