La nueva Guerra de los Pasteles: en Francia todos quieren su rebanada y el horno no da para más

2026/10/26

Firma por confirmar · El índice de planeación señala Mtro. José Antonio

¿Quién se queda sin rebanada cuando el pastel no crece y todos llegan con hambre a la mesa? Esta es la pregunta que mantiene a Francia en crisis.

Todo empezó en un salón a 40 grados

El 18 de septiembre alumnos de la academia de Créteil iniciaron la protesta. Sus quejas eran concretas: falta de profesores, grupos saturados, edificios deteriorados y aulas con temperaturas de 40 grados durante las olas de calor.

El movimiento creció y se volvió violento: para el 5 de octubre, entre 400 y 500 escuelas estaban cerradas y 24 habían sido quemadas o saqueadas. Pero las demandas siguieron siendo escolares.

Aliados inesperados

El 17 de octubre los estudiantes dejaron de marchar solos. Se sumaron sindicatos, agricultores afectados por el costo del combustible y activistas climáticos, unidos por el costo de la vida y un combustible encarecido por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.

El gobierno esperaba 150,000 manifestantes; salieron 550,000. De noche hubo saqueos y casi 2,400 detenidos. La fecha no era casual: apenas tres días antes de la fecha programada para votar el presupuesto de 2027.

Récord de impuestos, récord de gasto

El gasto público de Francia alcanza el 57.3% de su PIB, récord de la OCDE, y su recaudación de impuestos y contribuciones sociales llegó a 45.6% del PIB en 2023, la más alta de la UE.

El gobierno francés obtiene hasta 6% del PIB en ingresos por vías no tributarias. Aun así, cerró 2025 con un déficit de 5.1% y una deuda que hoy ronda el 119% del PIB.

Las pensiones absorben casi una cuarta parte del gasto público: los franceses se jubilan temprano y viven mucho.

El efecto llega a las aulas, porque una parte creciente del presupuesto de educación se va en pensiones de su propio personal.

Los intereses de la deuda, mientras tanto, aumentaron de 60,200 millones de euros en 2024 a 73,600 millones en 2026. Subir impuestos es una opción cada vez más lejana, solo queda recortar.

"Cueste lo que cueste": la factura pendiente

Entre 2019 y 2020 la deuda saltó de 98% a 114% del PIB. La pandemia y la doctrina de Macron, “cueste lo que cueste”, añadieron 325,000 millones de euros, según estimaciones, entre gasto y recaudación perdida.

Gastar en la emergencia fue razonable; lo grave fue no cerrar la llave cuando pasó. Varios programas excepcionales seguían vivos en 2024, y algunos todavía hoy.

Por eso, ante el nuevo choque petrolero, el Estado ya no tiene colchón para repetir los subsidios energéticos de 2022.

El presupuesto es la guillotina de los primeros ministros

Presentar un presupuesto se volvió la forma más rápida de que un primer ministro pierda el cargo. Barnier cayó en 2024, Bayrou en 2025 y el primer gobierno de Lecornu duró horas.

La Asamblea está partida en tres bloques: la izquierda quiere gravar a los ricos, la derecha rechaza más impuestos y la extrema derecha espera su turno en 2027.

Las pensiones son el nudo. Para sobrevivir, Lecornu suspendió la reforma que subía la edad de retiro a 64 años.

De los 54,000 millones de euros que el gobierno quiere ahorrar, los jubilados se verán afectados en una fracción menor, y ninguna pensión se reducirá.

No es casualidad: los jubilados son un electorado grande y organizado; los estudiantes que protestan, en su mayoría, ni siquiera pueden votar.

Un pastel que no crece

Con una economía en expansión, cada grupo podría recibir más sin quitárselo a otro. Pero el PIB cayó 0.1% en el primer trimestre y se prevé apenas 0.4% de crecimiento este año.

Con un déficit de 5%, cada euro para un grupo sale del plato de otro: jubilados, maestros, agricultores, estudiantes y empresas. Ningún reclamo es absurdo por sí solo; pero juntos piden más de lo que hay.

Una cuenta que nadie quiere firmar

Un alumno de Créteil pidió un profesor de matemáticas. Para proporcionárselo, el Estado necesita un presupuesto que el Parlamento no logra aprobar, financiado con una deuda que crece más rápido que la economía, en un país que ya cobra más impuestos que cualquier otro de la UE.

Y mientras nadie decida quién cede su rebanada, la cuenta caerá sobre quienes no se sientan a la mesa: los jóvenes, que pagan sin poder votar todavía.

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