Sergio Rojas dice que fue el sábado cuando les encargaron la misión. Él, periodista del seremi de Cultura de Atacama, el republicano Fernando Flores, que ejercía como enlace del gobierno durante las inundaciones por el reciente temporal, debería acompañarlo en un grupo donde, además, había militares especialistas en montaña, carabineros y maquinaria aportada por el Departamento de Vialidad del municipio. La tarea no era sencilla: abrir la Ruta C-495 desde Alto del Carmen hacia Junta de Valeriano: un caserío de crianceros y agricultores metido entre las montañas, al final del Valle del Tránsito, siguiendo un sinuoso camino de 67 kilómetros que, en ese momento, estaba bloqueado por cerros de barro, piedras y nieve.
A lo largo de la carretera había unas 3.500 personas aisladas y varias emergencias. Una de ellas, la más apremiante en ese momento, era la de una mujer desaparecida en Junta de Valeriano. Pero no era la única: también había una joven de 23 años que había dado a luz en su casa, atendida por una paramédica rural y un bombero, que necesitaba llevar al recién nacido a un consultorio por complicaciones de salud.
Ahí mismo, después de partir desde Copiapó el domingo 19, el convoy empezó a abrir camino con una retroexcavadora y un cargador frontal desde Alto del Carmen.
-Era increíble verlo -dice Rojas-. Eran cerros de lodo. Lo despejamos, pero sólo alcanzamos a avanzar como cinco minutos. Después nos encontramos con un corte peor.
Así fue durante dos días. A veces dormían en refugios, a veces en hostales y se alimentaban con la poca comida que consiguieron llevar. Cada una de esas murallas podía significar unas siete toneladas de escombros que debían despejar, mientras el clima no ayudaba.
-En mi vida había visto una lluvia tan extensa. Era como en el sur, llegaba a rebotar. Como si lloviera de abajo hacia arriba -cuenta el periodista.
El grupo consiguió hacerse paso hacia la residencia de la madre en El Tránsito y luego siguieron hacia Chollay. Tras dos jornadas, recién habían conseguido avanzar 53 km y aún les restaban otros 20 para alcanzar Junta de Valeriano.
En ese punto intermedio había un retén de Carabineros. Ahí supieron que el nombre de la mujer desaparecida que debían ayudar a buscar era Silvia Alcayaga, de 53 años.
Sólo que en Chollay creyeron que ya no podrían continuar.
-Nos encontramos con unos muros de barro de varios metros de altura. Y eran como sopa: los militares con los que andábamos trataban de encaramarse, de pasar por arriba, y no podían porque el lodo les chupaba las piernas y después no podían sacarlas.

Sólo las paladas de las máquinas en turnos sin descanso hicieron posible avanzar. Y en cada caserío que pasaban, la gente salía a contarles lo que habían vivido. En Conay supieron de una persona que llevaba fallecida, por muerte natural, dos días, pero que por las lluvias aún no había podido ser sepultada, porque no tenían un féretro para hacerlo. Había otros que necesitaban dializarse, que se cayeron desde tus techos sacando la nieve y una pareja joven que se había intoxicado con humo, haciendo una fogata para aguantar el frío. Todos ellos esperaban a que la C-495 se abriera, porque el clima no permitía que los helicópteros pudiesen volar para evacuarlos.
También tenían más claridad sobre lo que les esperaba en Junta de Valeriano. Había 57 personas aisladas allá y en una quebrada un poco antes, llamada El Corral, otras 27. Sólo que antes estaba el sector de Las Lozas, con un camino tan estrecho, que las máquinas apenas cabían por quebradas por donde todavía caían piedras. Todo eso sólo contribuía a la percepción de que el camino parecía eterno.
-Pasábamos entre la nieve como en un túnel. Teníamos como cuatro o cinco metros de nieve al lado de la camioneta. Era como si las máquinas hubieran hecho un hoyo para que pasáramos -cuenta Rojas.
Finalmente llegaron a Junta de Valeriano el miércoles a las 23.00.
El periodista se acercó a un niño de 11 años. Le preguntó cómo estaba.
-Tengo pena -me dijo-. Mi mamita se murió.

Ahí supieron que Silvia Alcayaga había fallecido: la encontraron sus propios familiares. Lo que su hijo contó fue que la criancera había ido a alimentar a sus animales cuando el alud le vino encima. Ahora su cuerpo descansaba en la iglesia del caserío hasta que pudiesen darle sepultura.
El capitán de Ejército Cristián Muñoz dice que las condiciones climáticas sólo les permitieron evacuar a tres adultos mayores y a una niña hacia Alto del Carmen en helicóptero. El resto de los 51 que fueron rescatados tuvo que hacerlo por tierra. Estuvieron en eso hasta la madrugada del jueves.
-Contamos con el apoyo del personal civil que se encontraba allá, de lugareños, que en sus medios particulares evacuaron a sus familiares. A quienes tenían espacio en sus vehículos les pedíamos que transportaran a vecinos -explica Muñoz.
Las familias terminaron en Conay, en Tránsito o en Alto del Carmen, donde había otros parientes esperándolos.
Este viernes la Bicrim de Vallenar identificó a otra persona fallecida. Una mujer de 84 años, que fue encontrada en su casa en El Tránsito.
Es la soledad, dice Rojas, que aparece cuando se abre el camino:
-Esa abuelita lleva un par de días muerta, pero nadie sabía de ella.