Madonna se mudó a la ciudad de Nueva York para ser bailarina. Por supuesto, su talento artístico se convirtió en algo mucho más grande. Pero nunca dejó de usar la danza para marcar su camino.
17 de agosto 2026, 15:00hs

La pista de baile salvó a Madonna. Luego, ella la expandió para todos. (Foto: Imagen ilustrativa generada con IA)
Gran parte del universo escénico de Madonna se ha centrado en la reinvención: a través del cabello y el maquillaje, las transformaciones de vestuario, los escenarios y la escenografía. Sin embargo, lo que ha perdurado es la fluidez arraigada de su cuerpo. Su canto es electrizante, su voz activista resuena con fuerza. No obstante, su cuerpo es la fuerza primordial que lo sustenta todo: inagotablemente vivo, con un pulso interno valiente y dinámico.
La danza, su primer amor, es la parte más natural de su arte, su base, su lugar de culto. Al verla moverse sin música, como revelan estos clips, se puede apreciar la suspensión en su cuerpo, la facilidad con la que puede desplazar su peso, la tensión de su cadena muscular.
Su baile, un tapiz coreografiado de club, ballet, jazz y danza moderna, no es ni una herramienta ni un accesorio. Es una fuerza inquebrantable en su vida como artista. Pero Madonna, quien cumple 68 años el 16 de agosto, nunca ha bailado solo para sí misma. Quiere que todos vivan según la verdad emocional de la danza: ese ha sido siempre su desafío más transparente.
El desafío comenzó con el video de "Everybody" (1982), filmado en el Paradise Garage de Manhattan. "Let your body take a ride / Feel the beat and step inside" (Deja que tu cuerpo se deje llevar / Siente el ritmo y adéntrate). Junto a dos bailarines, da la bienvenida a la multitud con los brazos extendidos y luego los levanta bien alto como diciendo "es ahora o nunca", lo que significa que es ahora. Para Madonna, la danza es una invitación a despojarse de la propia piel, a renacer.
En sus primeros videos, Madonna se muestra llena de vitalidad, casi como la cheerleader que fue en su día, mientras se desliza de un lado a otro y salta en el aire. Su cuerpo a menudo parece impulsado por un movimiento de rebote constante. A medida que sus hombros giran y se mueven, sus miembros flexibles envían energía que recorre todo su cuerpo.
Al bailar con su hermano Christopher Ciccone y su amiga Erika Belle en "Holiday", ese rebote natural da paso a la emoción en cuerpos alegres y desinhibidos.
El baile de las estrellas del pop no es una experiencia en la que todos tengan las mismas oportunidades. Algunos tienen formación y solidez técnica; otros bailan porque está de moda. Pero no siempre forma parte de su esencia. ¿Les encanta? A Madonna sí. En "Dress You Up", una de sus primeras presentaciones con una secuencia de giros, saltos cruzados y una extensión rápida de pierna, se entrega por completo a la coreografía.
Al crecer en Míchigan, Madonna encontró un refugio y aceptación en los estudios de baile: esos lugares a menudo sin ventanas y llenos de sudor que impulsan a la mente y al cuerpo a explorar y elevarse. Las lecciones que le inculcó su formación en ballet y danza moderna son evidentes: trabajo duro, dedicación, disciplina y perseverancia. Incluso en este video granulado de su época universitaria, se percibe la determinación en sus movimientos. Nada resulta difuso.
Christopher Flynn, profesor de baile y mentor de Madonna, la conoció cuando era joven, con una muñeca bajo el brazo, y "era simplemente la niña más inocente del mundo", dijo Flynn --quien falleció de sida en 1990-- en una entrevista en video. Habló de lo mucho que le gustaba su sentido del humor "porque no niega la responsabilidad, ni niega la seriedad ni el clasicismo, cosas que eran la esencia misma del amor por lo que hacíamos".
Su rigor la llevó brevemente a la Universidad de Míchigan, aunque abandonó los estudios para dedicarse a la danza en Nueva York. En sus primeros años, su baile tenía una crudeza, un compromiso férreo con la interioridad y la tensión de la danza moderna, como lo atestigua este dúo. No es el tipo de baile que mostraría más adelante en sus videos y conciertos, pero ahí está el mismo enfoque directo de bailar con fe.
Parece incapaz de controlar esa faceta de su baile, la búsqueda de sensaciones cuando las notas correctas tocan su cuerpo. El ritmo se alinea en sus músculos y huesos, pero perfeccionar las posturas no lo es todo en el baile de Madonna. Nada de eso tiene sentido sin una luz interior. En "Vogue", percibo la presencia de Flynn. Más que una serie de poses, lo que importa es su drama interno.
A veces, Madonna se desliza por las canciones usando solo sus manos, y en esos momentos fluidos que casi llegan a la quietud, encuentra la manera de ralentizar el tiempo, de darle un latido extra de aire. Es en esos momentos cuando la bailarina de danza moderna que hay en ella persiste: con vulnerabilidad, evita caer en el sentimentalismo.
Después de llegar a la ciudad de Nueva York, Madonna se formó en el Alvin Ailey American Dance Theater y en la escuela de Martha Graham, y actuó con la veterana de Graham, Pearl Lang. También tocó la batería en una banda, comenzó a cantar y encontró su camino, pero nunca abandonó la danza.
Veinte años después de haberse alejado de la danza escénica, seguía confiando en el baile para expresar sus sentimientos sobre los aciertos y los errores del mundo. En "Express Yourself", su cuerpo, de líneas afiladas como navaja, se convierte en el vehículo para un grito. (Graham también podía hacer que su cuerpo gritara). Los pliés de Madonna caen peligrosamente hacia el piso. Se rasga la chaqueta para mostrar su sostén; se agarra la entrepierna. Es todo ángulos mientras devora el escenario en este himno al empoderamiento sexual femenino.
Pero es igualmente capaz de interpretar a una bailarina de striptease con un corazón de oro. En "Open Your Heart", un pequeño musical que casi cabe en la palma de la mano, los planos de cuerpo entero revelan su coordinación natural mientras sus piernas enérgicas contrastan con el épaulement aterciopelado de la parte superior de su cuerpo. Esta es una stripper con líneas propias del ballet.
El punto más óptimo de la faceta como bailarina de Madonna, cuando la experiencia y la confianza se unieron de manera deslumbrante, se produjo cuando rondaba el final de sus 30 y en sus 40. "Ray of Light" presentó un nuevo tipo de sensualidad en la que su ropa se volvió más minimalista (¡pantalones!), y mostraba su cuerpo --y sus movimientos-- con mayor impacto. Aunque sus pasos de baile aparecen entre cortes vertiginosos, despliega un virtuosismo renovado cada vez que entra en el foco.
Mientras camina por la proyección de una carretera polvorienta en "Don't Tell Me", Madonna hunde sus botas vaqueras en un nuevo ritmo de baile: el country. (Se adelantó un par de décadas a la actual obsesión por el baile en línea). Al levantar las rodillas para remover el polvo seco y contonear las caderas con un toque de jazz moderno que le da a su baile un aire de sofisticación, Madonna recurre al espíritu de Rodeo de Agnes de Mille y otros bailes típicos de Estados Unidos, pero les da un ritmo novedoso.
Como video, "Beautiful Stranger" es menos coherente e incluso un poco loco: pertenece a la banda sonora de Austin Powers. Pero dejémos eso de lado. El baile muestra a Madonna, de apenas 40 años, en su momento más sincero y libre. Se eleva y ondula con agilidad atlética, pero mantiene la fluidez en sus pasos sinuosos y exagerados o en sus descensos lentos y profundos hacia grand pliés. Es una delicia.
Esto es lo que Flynn admiraba de Madonna. "Me gusta la gente a la que le encanta bailar incluso más que su deseo de ser bailarinas de ballet", dijo. En los clubes, ella se adueñaba de la pista. "Todos la adoraban, y no porque se estuviera luciendo", dijo. "Es solo que disfrutaba tanto bailar que simplemente brotaba de forma natural".
En la mezcla de su éxito de 2000 "Music" con "Disco Inferno", que interpretaba en gira, ella salta con energía. Elegante en un traje blanco, Madonna levanta un dedo en el aire --imita a Travolta a la perfección-- mientras sus pies ágiles y su pelvis ondulante bailan en círculos al ritmo de "Saturday Night Fever". (¿Por qué nunca se hizo un remake con ella?).
En "Hung Up", Madonna, entonces de 47 años, lleva un leotardo rosa mientras calienta y baila sola en un estudio con paneles. Se desliza frente a un espejo y mueve las caderas; gira los brazos sin una pizca de picardía. Acababa de sufrir lesiones en un accidente de equitación, y ver su cuerpo en acción, esforzándose más allá de lo que cree que puede hacer, es fascinante de una manera muy realista.
Pero "Hung Up" da espacio a otros bailarines mientras se desbordan hacia la calle o lanzan sus cuerpos al aire en un restaurante. Al final, Madonna se une al grupo en el exterior. Resulta gloriosa, esta Madonna más madura y sabia, al dar rienda suelta al baile que había estado preparando en el estudio. Muestra, de forma intencional o no, la diferencia entre el esfuerzo del ensayo y la ferocidad de la presentación. Vemos a qué se refería Flynn: la forma en que el baile brota de ella, y lo mismo ocurre con todos los que la rodean.
El exuberante final de "Hung Up" supone un regreso al inicio, a la multitud de "Everybody". Madonna nunca renunció a la danza, simplemente reestructuró su enfoque. Infundó movimiento a la música, lo que hizo que sonara ligeramente diferente. Era algo más encarnado --capaz de entrar en tu cuerpo--, y ella estaba al frente del escenario para mostrarte cómo hacerlo. Pasó de ser una bailarina escénica a poner al mundo en movimiento.
Créditos de video: "Cherish", "Vogue", "Deeper And Deeper", "Borderline", "Like A Prayer", "Into The Groove", "Girl Gone Wild", "Everybody", "Holiday", "Dress You Up", "Rain", "Express Yourself", "Open Your Heart" vía Sire Records; Especial "Driven" vía VH-1; "Ray Of Light", "Don't Tell Me", "Beautiful Stranger", "Music Inferno", "Hung Up" vía Warner Bros.
Gia Kourlas es la crítica de danza del Times. Escribe reseñas, ensayos y artículos de fondo, y trabaja en diversos tipos de reportajes.