La suma algebraica de brotes | El Dia

2026/09/08

La suma de brotes verdes y marrones no siempre es positiva; depende de cuánto pondera cada sector y -para el derrame- de los efectos de retroalimentación entre sectores, sumados al impacto de nuevos shocks aleatorios, al impacto rezagado de políticas públicas del pasado y a muchas otras cosas. Y aun en el caso de que la suma de brotes dé un resultado positivo, ello no implica que la distribución del crecimiento permita una percepción generalizada de dicho crecimiento, dado que la distribución geográfica, intersectorial, interempresarial y entre familias e individuos puede estar sesgada hacia un lado u otro: hemos aprendido que la Tierra no es tan redonda como creíamos.

Las diferencias de percepción, además, pueden aumentar en procesos de reforma estructural, cuando tienen lugar fuertes cambios de precios relativos. Los procesos caóticos, es decir, de grandes reestructuraciones que eliminan en corto tiempo distorsiones relevantes de precios de bienes y de factores de producción, abren la economía y generan un escenario estable -respecto de lo habitual, la alta inestabilidad que favorece arbitrajes-, obligan a repensar las estrategias de los agentes económicos. Difícilmente se trata de procesos que impactan en forma homogénea entre sectores, empresas e individuos. Son más bien procesos que pueden profundizar la heterogeneidad durante mucho tiempo.

La política y la economía

Mucho más caóticos si, además, la política económica presenta vaivenes que dificultan identificar un sendero, o el arco político ofrece alternativas ortogonales que alimentan la incertidumbre sobre la sostenibilidad del proceso. Todo ello puede conspirar para apropiarse hoy de los eventuales beneficios futuros, hasta eventualmente generar expectativas de reversión de las reformas -como ya aconteció en la experiencia argentina que retroalimentan la incertidumbre. En este último escenario resulta difícil percibir los beneficios del cambio.

Todo aparece como un contexto de costos elevados (los de la transición y los de eventuales contrarreformas) que deriva en una solución de “espera” (wait and see). Ello indica que el evento -quizás de baja probabilidad- de que los cambios no terminen de concretarse o se reviertan, tiene un precio muy elevado (es un evento “catastrófico”) para algunos agentes económicos (en particular para quienes tienen que hundir capital).

Para la mayoría de los agentes económicos, la percepción de que esta vez el escenario económico de recuperación del PBI es distinto al de otras recuperaciones cíclicas surge de observar que el “rebote” tras la caída cíclica inicial (de la actividad, los ingresos, el empleo, etc.) no está liderado por el consumo (público y privado) que tracciona la oferta doméstica de bienes y servicios, termina por hacer crecer (temporariamente) el ingreso disponible. En el plano de los agregados, esta vez la recuperación proviene del salto de las exportaciones netas, es decir, el crecimiento exportador que se agiganta por la debilidad de las importaciones.

Precios, servicios y salarios

Ello se da en un contexto de cambio de precios relativos que proporciona una mezcla compleja: suben las tarifas de los servicios públicos, bajan los precios de los transables (mayor competencia por la apertura y las ganancias de productividad), y se estabilizan en un bajo nivel los ingresos reales de los asalariados formales. Téngase en cuenta que el último dato real del salario formal privado medido por el IVS es algo menor (-3.4%) que el del último mes de la gestión anterior, pero bastante menor (-6.6%) que el del promedio de esa gestión, y mucho más bajo (-21.6%) que el del promedio de la década 2010/2019.

Para un jubilado formal con aportes plenos, la caída de su ingreso real fue dramática entre 2015 y 2023, y tras la reducción de la inflación en la actual gestión solo ha logrado recuperar el nivel de los últimos meses de la Administración Fernández (que ya los había recortado en un 31% respecto de fines de 2019). ¿Para el agente lo que importa es la caída de su ingreso real “habitual” (lo que ganaba en años previos), la caída más reciente de su “riqueza” (activos) medida en moneda dura, el cambio de precios relativos (tarifas a transables), o las expectativas sobre la evolución del empleo y los ingresos inmediato?

En el plano político, la estrategia de confrontación del lado oficial y de buena parte de la oposición pone en duda la posibilidad de lograr consensos que garanticen la sostenibilidad del nuevo rumbo en el largo plazo. En el plano económico, salir de los ciclos de “boom and bust” requiere inevitablemente de dichos consensos.

Quizás por ello es que, a pesar del cambio en el enfoque de las políticas públicas desde el inicio de la actual Administración, todavía estamos lejos de demostrar solidez y confianza en materia financiera en los mercados internacionales, el pequeño sistema financiero doméstico no acaba de despegar y la inversión se mantiene reprimida como para sostener un alto nivel de crecimiento.

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