Una imagen que ya está en la historia clínica podría avisar quién tiene el esqueleto debilitado. Investigadores españoles explican por qué el foco se corrió hacia la prevención.
24 de agosto 2026, 09:07hs

Una de cada tres mujeres mayores de 50 años sufrirá una fractura por fragilidad, según la IOF. (Foto: Adobe Stock)
Un dolor de cintura que no afloja, un turno con el traumatólogo, una tomografía de la zona lumbar. Hasta ahí, una escena que se repite todos los días en cualquier consultorio. La novedad es que esa misma imagen, pedida por otro motivo, esconde información sobre el estado del esqueleto y podría avisar —bastante antes de una caída boba— quién anda con el “andamiaje interno flojo”.
Esa es la apuesta de un equipo del Hospital Universitari i Politècnic La Fe, de Valencia, que se preguntó si los estudios ya incorporados a la práctica diaria pueden funcionar como rastreo de osteoporosis, sin sumar turnos, gastos ni radiación de más.
Una foto que dice más de lo que parece
“Los TAC que hoy en día se realizan por otros motivos se podrían utilizar para analizar la situación ósea del paciente, lo que evitaría densitometrías y por tanto podría adelantar el diagnóstico y reducir costes al sistema sanitario”, explicó Pablo Ulldemolins, médico español e integrante del equipo investigador del hospital valenciano. El profesional agregó que esa misma imagen permite anticipar nuevas roturas y arrancar el tratamiento a tiempo para esquivarlas.
El análisis mostró que los valores digitales que arroja el escaneo lumbar no solo acompañan las cifras de densidad mineral ósea —lo mismo que hoy mide la densitometría—, sino que además permiten prever roturas futuras en otras zonas del cuerpo. El siguiente paso, adelantaron los autores, es trasladar el hallazgo a la resonancia magnética, un estudio que se pide a montones ante dolores de espalda y que, encima, no expone a radiación.
Del “esperar a que se quiebre” a jugar de adelantado
El giro no es menor. Durante décadas el diagnóstico llegaba después del golpe: alguien se caía en la vereda, se rompía la muñeca o la cadera y recién ahí aparecía el rótulo.
“Es posible que antes se esperase a que apareciera una fractura, pero ahora intentamos adelantarnos poniendo atención en los factores de riesgo osteoporótico”, señaló Montserrat Robustillo, reumatóloga española del Hospital Universitario de La Plana, en Castellón.

La densitometría ósea sigue siendo la prueba de referencia, pero no llega a tiempo a todos los pacientes.
La especialista remarcó un cambio clave en las guías actuales: haber sufrido una rotura por fragilidad ya alcanza, por sí sola, como criterio diagnóstico, aunque la densitometría no arroje un número alarmante. También aclaró que la edad dejó de ser el único termómetro y que la estratificación del riesgo combina datos clínicos, calculadoras como FRAX e imágenes, para ubicar a cada persona en un escalón —moderado, alto o muy alto— y ajustar el tratamiento a medida.
Quiénes conviene tener en la mira
El uso prolongado de corticoides, las enfermedades inflamatorias crónicas, los tratamientos oncológicos, la menopausia y los antecedentes de quebraduras previas encabezan la lista de señales de alerta. En esos casos, sostienen las recomendaciones, no hay que esperar a cumplir 65 para pedir una densitometría.
Los números explican la urgencia. La International Osteoporosis Foundation (IOF) calcula que una de cada tres mujeres y uno de cada cinco varones mayores de 50 años sufrirá una fractura por fragilidad en lo que le queda de vida. Y estima que en el mundo ocurren hasta 37 millones de fracturas de este tipo por año entre los mayores de 55: unas 70 por minuto. Bajo la definición que utiliza la Organización Mundial de la Salud, alrededor de 500 millones de personas conviven con huesos debilitados sin saberlo.
La otra pata del cambio son las unidades de coordinación de fracturas, equipos que toman al paciente apenas se rompe algo y le arman el seguimiento en el acto, en lugar de dejarlo a la deriva. Sumadas a tratamientos más eficaces y a estrategias personalizadas, permiten, en palabras de Robustillo, ser más proactivos y no quedarse esperando el accidente.
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La enfermedad avanza en silencio, sin dolor ni aviso previo. Por eso, aprovechar una imagen que ya está guardada en la historia clínica puede ser la diferencia entre enterarse a tiempo o enterarse tarde.