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La Unesco ha declarado este viernes Patrimonio Mundial el yacimiento de Sebastia, cuyos orígenes se remontan a los siglos IX y VIII a. C., en el territorio palestino de la Cisjordania ocupada. Al mismo tiempo, ha incluido el sitio arqueológico en la lista de lugares en peligro por la amenaza de expropiación por parte de Israel.
La decisión se adoptó tras un largo debate en el que algunos países se opusieron a la propuesta, aunque sin llegar a plantear una oposición formal mediante votación. El representante de Palestina celebró la proclamación en la ciudad surcoreana de Busán, donde se reúne el Comité del Patrimonio Mundial: “Es un momento histórico para Sebastia, para Palestina y para la Convención de Patrimonio Mundial”.
La representante de la delegación de Israel, por su parte, criticó la decisión y afirmó que “la conexión eterna del pueblo judío con la Tierra de Israel no será rota por ninguna resolución de la Unesco”.
Israel ha iniciado un proceso para expropiar unas 180 hectáreas de la acrópolis y de los terrenos circundantes, donde pretende desarrollar el llamado Parque Nacional de Samaria, orientado al turismo israelí en territorio ocupado. El plan cuenta con una financiación de más de 9 millones de euros, a los que se suman otros 46 millones destinados a la arqueología en toda Cisjordania.
Historia del yacimiento
Los orígenes del yacimiento de Sebastia se remontan a los siglos IX y VIII a. C., cuando allí se situaba Samaria, la capital del antiguo Reino de Israel. En época romana, el rey Herodes I impulsó la construcción de la ciudad y la rebautizó como Sebaste. En el siglo XI, los cruzados levantaron una catedral sobre la basílica bizantina anterior, donde se conservaban los restos de Juan el Bautista.
Tras la conquista islámica se alzó allí una mezquita en honor del profeta Yahya, nombre árabe de Juan el Bautista. En el siglo XVI, Sebastia pasó a formar parte del Imperio Otomano junto con el resto de Palestina.
La localidad donde se encuentra el yacimiento está atravesada por el reparto de competencias que establecieron los Acuerdos de Oslo II entre Israel y Palestina en 1995, que dividieron el enclave en tres áreas: la zona A, de control militar y administrativo palestino; la B, de control administrativo palestino pero militar israelí; y la C, de control militar y administrativo israelí.

En mayo de 2025, el Ministerio de Patrimonio de Israel comenzó a excavar el yacimiento valiéndose de un órgano de la Administración Civil, el mismo ente que gestiona la Cisjordania ocupada, sin coordinación ni autorización de las autoridades palestinas.
El objetivo declarado de la Administración Civil es expropiar toda la acrópolis del yacimiento y las áreas circundantes, que son propiedad privada de la población. Este es el motivo por el que la Unesco ha incluido el sitio arqueológico en la lista de lugares en peligro.
Los castillos del monte Amel, también en peligro
La Unesco decidió también inscribir directamente en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro los castillos del monte Amel, en el sur del Líbano, donde se han registrado bombardeos israelíes en el marco del conflicto con Hizbulá por la guerra en Oriente Medio.
Los castillos de Beaufort, Toron, Dubieh, Maron y Chama son importantes, según la Unesco, porque reflejan el intercambio cultural y arquitectónico del Oriente Próximo medieval y documentan la evolución de la arquitectura fortificada.