La y el docente dice presente

2026/09/10

Hace unos meses escribí sobre una maestra que buscaba cómo explicar matemáticas hasta que su estudiante comprendiera. También compartía su comida, arreglaba el salón y llevaba agua al baño cuando hacía falta. En el relato, una niña contaba esas cosas con cariño y naturalidad. Para quienes leían, quedaba una pregunta: cuánto de lo que ella resolvía tendría que haber estado resuelto antes de que llegara a la escuela.

Al leer los resultados de PISA 2025, pensé de nuevo en ella.

En México, 81% de los estudiantes señala que, en la mayoría de sus clases de ciencias, su docente muestra interés por su aprendizaje; 77%, que les continúa enseñando hasta que comprenden, y 83%, que recibe ayuda adicional cuando la necesita. Los tres porcentajes superan los promedios de la OCDE.

En una discusión que suele concentrarse en los puntajes, vale la pena detenernos a escuchar ese reconocimiento. Hay estudiantes que encuentran a alguien dispuesto a explicar una y otra vez, a prestar atención, a ayudar. Su docente dice presente.

Y nosotros seguimos pidiéndole más: que atienda distintos ritmos de aprendizaje; que identifique problemas emocionales; que incorpore nuevas tecnologías; que prevenga la violencia; que aplique el nuevo currículo; que consiga que las familias participen… Cada preocupación encuentra el camino hacia su escritorio. Pocas veces recorremos ese camino en sentido contrario para preguntarle qué necesita, qué ha intentado o qué le está impidiendo avanzar.

Por eso me preocupa que, frente a los resultados educativos, nuestra respuesta vuelva a ser pedirles más compromiso. Lo que necesitan es que ese compromiso encuentre respaldo.

La revalorización docente tendría que sentirse ahí. Un salario digno es indispensable, pero también lo es tener herramientas para hacer bien el trabajo. Poder acudir a alguien cuando una estrategia no funciona. Contar con formación que ayude a entender por qué un estudiante no está comprendiendo y cómo acompañarlo. Disponer de tiempo para preparar una clase y aprender con otros colegas. Tener espacios dignos en los cuales desarrollar su labor.

Revalorizar también significa escuchar. Resulta difícil sostener que las y los maestros son fundamentales mientras su experiencia tiene tan poco lugar en las decisiones que después les toca llevar al aula. Una política diseñada lejos de las escuelas puede parecer clara en el documento y dejar demasiadas preguntas frente al grupo. Alguien tiene que resolver esa distancia. Con una exagerada frecuencia esperamos que la resuelva el docente, con los recursos que tenga a la mano.

PISA debería ayudarnos a discutir precisamente esas responsabilidades. Evalúa competencias de estudiantes de 15 años y ofrece información para examinar los resultados y las condiciones de nuestro sistema educativo. No evalúa el desempeño individual de una maestra o un maestro. No permite convertir el puntaje nacional en una calificación de su trabajo.

Esto tampoco significa que sus datos demuestren que todo funciona bien en la enseñanza. El apoyo que reportan las y los estudiantes y las dificultades que muestran los resultados pueden coexistir. Ahí está el reto: entender qué hace falta para que esa disposición docente cuente con las herramientas necesarias para traducirse en mejores oportunidades de aprendizaje.

Necesitamos PISA porque necesitamos ver esa realidad y seguirla en el tiempo. Sus 25 años de información sobre México nos permiten examinar una trayectoria que atraviesa gobiernos y reformas. También necesitamos evaluaciones y diagnósticos públicos cercanos al aula, útiles para orientar la enseñanza. La evidencia debe regresar a las escuelas convertida en apoyos y decisiones, no quedarse en el debate del día de la publicación.

Construir el andamiaje docente exige repartir responsabilidades. Que la formación tenga recursos y continuidad. Que la supervisión pueda acompañar pedagógicamente. Que las autoridades atiendan las carencias que una escuela no puede resolver. Que los cambios lleguen con orientación, materiales y tiempo para apropiarse de ellos. Que escuchar a los docentes tenga consecuencias en las decisiones.

Como hemos planteado en Mexicanos Primero, necesitamos un sistema capaz de aprender, corregir y sostener lo que funciona. Para hacerlo, también debe aprender de quienes están todos los días frente a grupo.

Pienso otra vez en aquella maestra. Quisiera que pudiera dedicar más tiempo a encontrar la explicación que su estudiante necesita, con la tranquilidad de que alguien más ya se hizo cargo del agua, del salón y de los apoyos que le corresponden. Que su vocación no se use para dar por hecho que encontrará cómo resolverlo todo.

Las y los estudiantes reconocen a quienes están ahí para ellos. Nos toca construir las condiciones para acompañarlos.

Las y los docente dicen presente. ¿Cuándo responderá el sistema?... Porque aprender importa.

*Para profundizar en los resultados de PISA 2025 y sus implicaciones para la educación en México, consulta la nota técnica de Mexicanos Primero.