Una de las obsesiones parlamentarias del Gobierno es lograr la aprobación de la reforma política este año, que es bastante amplia pero cuyo punto cúlmine es la eliminación de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias.
La Casa Rosada no quiere que en el 2027 haya PASO. A grandes rasgos, eso es por tres razones:
1) La Libertad Avanza pretende que no haya discusión respecto a cuál es la figura de la centro derecha que debe representar a ese espectro ideológico. Para el oficialismo es Javier Milei, que se jugará la reelección. En el espacio violeta no hay lugar para disidencias internas, en ninguno de los niveles, no sólo el presidencial.
2) Que la oposición, sobre todo el peronismo, no tenga la herramienta de las Primarias para dirimir su interna, hoy signada por la pelea entre Cristina y Máximo Kirchner, por un lado, y Axel Kicillof, por el otro. El sueño húmedo de los libertarios es que crezcan las diferencias entre justicialistas a tal punto que, si no hay PASO, ese partido vaya separado a la elección general de octubre del año próximo.
3) El gobierno no quiere que la PASO, que serían en agosto del año que viene, se conviertan en un condicionador de la salud de la economía del país hasta que llegue la elección general de octubre. La Rosada sabe muy bien que si en la Primaria Milei no saca números favorables que vaticinen un triunfo oficialista dos meses después, los mercados se pondrán en alerta y podría haber desde una corrida hasta picos inflacionarios. Ya lo sufrieron Mauricio Macri en su momento y el último gobierno kirchnerista del trío Alberto Fernández-Cristina Kirchner-Sergio Massa.
El argumento formal que esgrime la Rosada para avanzar con la derogación es que: a) son un gasto millonario excesivo (un presupuesto de US$ 200 millones) para lo que termina siendo, en los hechos, una gran encuesta; b) la ciudadanía reniega del sistema porque no quiere tener la obligación de ir a votar tantas veces, en especial porque en las provincias se desdoblan los comicios nacionales de los locales.
Hay unanimidad en el mundillo político respecto a que, hasta ahora, el oficialismo no tendría los votos en el Congreso para eliminar las PASO. Descontada la negativa peronista, asoma para los violetas un problema con los aliados legislativos. Es que en varios de esos espacios (parte de la UCR, el PRO, provinciales) pretenderían mantener el sistema que se inauguró en 2011, pergeñado por el fallecido Néstor Kirchner luego de la derrota que él mismo protagonizó en 2009.
Hace semanas que Patricia Bullrich, jefa del bloque de LLA en la Cámara Alta, viene advirtiendo sobre el tema. En ese contexto, el Senado retomará hoy el debate en comisión del proyecto de reforma política enviado por el Poder Ejecutivo a fines de abril pasado, cuyo debate inicial fue desactivado hace algunos meses justamente por la falta de apoyo.
Cuestión de mayoría
Según la Constitución nacional, para aprobar reformas electorales se necesita alcanzar la mayoría absoluta de las cámaras. Que en el caso del Senado es de 37 votos afirmativos. La Libertad Avanza cuenta con 21 senadores propios. Por eso necesita desplegar un amplio trabajo de seducción en el no peronismo.
La Casa Rosada ha enviado un mensaje a las provincias aliadas: si pretenden una sociedad electoral con el oficialismo, expresada en que LLA no presentará candidatos propios para enfrentar a los gobernadores de esos distritos el año que viene, debe haber un compromiso para votar la derogación de las PASO antes de fin de año. Se atribuye a Karina Milei, la verdadera jefa política de la Libertad Avanza, esta postura de dureza.
La verdad, los mandatarios aliados del Gobierno desconfían: han existido muchas promesas incumplidas por otros temas, sobre todo económicos. El temor concreto en el interior es apoyar la caída de las Primarias este año y encontrarse con la sorpresa en 2027 de que aparecen postulantes violeta para desafiarlos. La tarea de jurar que eso no va a pasar recae en el jefe de Gabinete Diego Santilli, que es el negociador con los distritos sub-nacionales. Por ahora, la verdad, no ha podido mostrar certezas.
En líneas generales, la gestión Milei no es la misma ahora que cuando se presentó el proyecto de reforma, allá por abril. En el medio corrió mucha agua bajo el puente y el Presidente y su gobierno sufrieron un desgaste notable, que se expresa en las encuestas. Los opositores aliados saben esto perfectamente y por eso resisten las prepoteadas de otros tiempos, cuando la marca LLA estaba por las nubes.
Negociaciones
Así, en el Congreso no descartan que el oficialismo juegue con alguna herramienta de intercambio para lograr que el año que viene no haya PASO. Por ejemplo, ceder al tratamiento del proyecto de Ficha Limpia (prohibición a los condenados en segunda instancia judicial puedan ser candidatos a cargos nacionales), impulsado sobre todo por el PRO, cuyo tratamiento en su momento se cayó por una extraña alianza entre los libertarios y los kirchneristas.
Una segunda posibilidad que se maneja en el mundo violeta es aceptar que, en vez de la derogación definitiva, se avance en un esquema de suspensión o postergación de las PASO sólo el año que viene, como algo excepcional. Que, en rigor, no lo sería porque eso ya se hizo el año pasado antes del comicio legislativo de medio término que, a nivel nacional, terminó ganado LLA.
Y una tercera alternativa es que las primarias dejen de ser Obligatorias para los partidos y la gente. O sea, sean optativas y que realmente las utilicen las fuerzas que debe dirimir sus cuitas internas. No sería el caso de LLA, claro. Pero eventualmente sí del PJ, evalúan en la Rosada. Donde más de uno cree que, si tampoco son forzosas para los ciudadanos, tal vez el nivel de asistencia merme bastante y eso le quite consistencia política al eventual ganador.
Este esquema sería una PAS. Pero los violetas, que ya iniciaron conversaciones informales con las otras fuerzas, parecen encontrarse con un escollo: los partidos opositores pretenden que la Primaria no obligatoria la sustente el Estado nacional, como sucede hoy con la PASO. El Gobierno, por aquello del gasto innecesario, no quiere eso. Acaso deba negociarlo para lograr el objetivo.
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