La Costa Brava concentra gran parte de la actividad náutica del verano en Catalunya. Entre Palamós, Palafrugell y Begur fondean unas 3.000 embarcaciones, según estudios recientes. Una franja litoral que sostiene una fuerte presión náutica y turística, con playas abarrotadas en verano y multitud de barcos que en temporada alta quieren fondear en calas de postal. De un tiempo a esta parte algunos ayuntamientos han reducido algunos espacios de fondeo, que antaño se habían convertido en refugios naturales para los barcos de recreo en días de viento de garbí , gregal o tramontana. Lo hacen -explican- básicamente por razones de seguridad de los bañistas y de otros usuarios del medio acuático y para proteger los fondos de posidonia.
Una delimitación que en muchos casos choca con los intereses de los propietarios de las embarcaciones que la consideran “excesiva”. Por eso, reclaman que se relajen las restricciones especialmente en aquellos tramos en los que la posidonia sea inexistente y en calas de difícil acceso.
“Cuantas más calas se delimitan con boyas, más se masifican las que quedan abiertas”, dicen titulares de barcos
Desde la Associació de Titulars d’Embarcacions d’Esbarjo de la Costa Brava advierten que “cuantas más calas se balizan con boyas, más masificadas resultan las pocas que quedan abiertas”. Un ejemplo está en el Golfet, en Palafrugell, donde los días en los que sopla le viento de garbí parece una auténtica rambla. El colectivo ha elaborado una propuesta de regulación del fondeo alternativa en la Costa Brava que busque el “equilibrio” y no el “prohibir por prohibir”.

En este sentido, piden que la delimitación de las calas con boyas que separen la zona de baño de la zona de barcos se haga en función de la afluencia de bañistas y de las especies a proteger. Por ejemplo, entienden que allí donde no hay playa, acceso peligroso ni posidonia, no debería balizarse espacio. Sitúan en esa categorías las calas de El Crit y Vedell, en Mont-ras, entre otras.

En aquellas playas y calas a las que se accede por tierra pero sin posidonia, proponen “balizar solo la zona de playa y a una distancia proporcional en función de la capacidad y densidad”. Ponen en esa categoría cala Pedrosa, el Golfet, cala Corbs o Aiguagelida. Y finalmente donde exista la presencia de posidonia, optan por colocar boyas de amarre sin prohibición de anclaje si están ocupadas. Es lo que piden, por ejemplo, para cala Senià, en Palamós, un refugio en días de tramontana que cuenta con 30 boyas de fondeo diurno, pero que no permite tirar el ancla.

“Se trata de buscar un equilibrio, en la que todos los intereses puedan convivir”, apunta Marc Bundó, veraneante en Calella de Palafrugell. Considera absurdo que cala Pedrosa esté delimitada con boyas de baño a una distancia -dice- de 250 metros de la playa. Considera que 50 metros sería suficiente. “Cuando los ayuntamientos cierran (con boyas) los refugios naturales, se concentra el tráfico marítimo y se dejan miles de navegantes sin saber a donde ir”, apunta.
Más vigilancia y cámaras hacia el mar
Tras el robo de boyas
La policía marítima ha reforzado la vigilancia después que en las últimas semanas hayan desaparecido las boyas que delimitaban el espacio de baño del de fondeo en las calas del Vedell y del Crit, en Mont-ras, y de cala Estreta y cala Corbs, en Palamós. Un robo que en Mont-ras se ha repetido los últimos tres años sin que, de momento, se haya logrado detener a nadie. “El dinero invertido año tras año se va al fondo del mar, es una guerra perdida”, se lamenta la alcaldesa Vanessa Peiró y propone la colocación de cámaras de vigilancia como la que existe en el Cap de Creus, que permite detectar matrículas de barcos e identificar a personas desde una larga distancia. Peiró insta a la Generalitat a asumir ese gasto, inasumible para un municipio de apenas 1.700 habitantes.
Sin embargo, los Ayuntamientos involucrados en la gestión de esta parte del litoral lo tienen claro. La decisión de poner boyas en algunas calas no se hace por capricho sino para preservar el medio ambiente y garantizar la seguridad de todos los usuarios del medio acuático. Algunos municipios como el de Mont-ras han invertido en los últimos tres años más de 30.000 euros en balizar las calas salvajes de El Crit y el Vedell con el único fin, dice su alcaldesa Vanessa Peiró, de evitar accidentes. “El día que un hélice pase por encima de un bañista, nos lamentaremos”, apunta.
En la misma línea se pronuncia la alcaldesa de Palamós, Maria Puig, que explica que las boyas de delimitación que separan el espacio de baño del fondeo son para proteger a los usuarios del mar -desde bañistas, a usuarios de kayak, paddle surf o a a las propias embarcaciones- y también para favorecer la posidonia. Sobre la posibilidad de colocar más boyas de fondeo diurno donde las embarcaciones puedan amarrar, explica que los recursos son limitados e insta al sector náutico y a otras administraciones a arrimar el hombro. Aunque advierte: “Tampoco podemos instalar de forma desmesurada boyas para fondear porque nadie quiere estar en un espacio masificado”.
El día que un hélice pase por encima de un bañista, nos lamentaremos
Vanessa Peiró
Alcaldesa de Mont-ras
Para Jordi Cruz, miembro de la comisión del medio marino de SOS Costa Brava hace años que el litoral “está saturado”. El colectivo defiende la instalación de campos de boyas ecológicas para ordenar el fondeo y proteger el fondo marino, así como el mantenimiento de las balizas de seguridad que delimitan las zonas de baño. La entidad también promueve, junto a otras asociaciones de España, una actualización de los reglamentos de Costas y Navegación Marítima, teniendo en cuenta el incremento de embarcaciones recreativas. Entre otras cosas piden una franja de seguridad en zonas de baño no balizadas, una carencia que consideran que desprotege al bañista.