Leonela, ¿cómo recordás tus inicios en este camino de acompañar a las personas dentro de las organizaciones?
No podría decir exactamente cómo fueron mis inicios acompañando personas dentro de las empresas, porque siento que ese camino nunca tuvo una forma definitiva. Se fue transformando conmigo y todavía hoy lo sigue haciendo. Nací y crecí en Concordia, Entre Ríos. Cuando llegó el momento de estudiar, hice las valijas y me fui a La Plata. Después, por trabajo, volví a hacerlas y me fui a Capital Federal. Cada mudanza significaba empezar de nuevo: conocer personas, aprender otras formas de hacer las cosas, adaptarme y también enfrentarme a mí misma.
Si tuvieras que usar una metáfora para describir toda esa trayectoria y los constantes cambios, ¿cuál sería?
A veces pienso mi recorrido como una plastilina de varios colores, de esas que usan los chicos para jugar. La vas moldeando, cambia de forma, se mezcla, se rompe, la volvés a juntar y vuelve a empezar. Así siento que fui construyendo mi camino.

¿Cómo manejabas los cambios y desafíos en tus primeros años profesionales?
Me recibí de Contadora Pública a los 23 años. Era muy joven y, aunque mi vida ya había estado llena de cambios, lo cierto es que los cambios me costaban muchísimo. Me arrasaban como una ola. Durante mucho tiempo tuve una pelea interna entre mis decisiones, mis elecciones, lo que sentía que podía hacer y los cuentos que yo misma me contaba sobre los cambios. Con los años, trabajando en distintos lugares y con personas muy diferentes, fui mutando, creciendo y encontrando hacia dónde quería ir.
¿Sentiste que tus vocaciones eran imposibles de combinar?
A los 27 años sentía que tenía dos carreras que no pegaban ni con plasticola. Por un lado estaban los números, la estructura, el orden y la lógica de la Contadora. Por el otro, la gestión humana, el contacto con las personas, sus historias, sus formas de vincularse y todo lo que sucede dentro de una organización. Durante mucho tiempo pensé que esos dos mundos tenían que ir por caminos separados.

¿Qué cambió para que lograras conciliar la estructura contable con la sensibilidad humana?
Entendí que quizás justamente ahí estaba mi lugar. Creo que lo que cambió fue mi propia experiencia. Durante muchos años trabajé en el mundo corporativo y fui reconocida a nivel nacional como una de las personas distinguidas con el reconocimiento Hito de Desempeño, entre más de 18.000 empleados. Ese reconocimiento por mis resultados convivió con una experiencia muy diferente: también atravesé situaciones de maltrato laboral. Y ahí apareció una contradicción que me marcó: podés ser muy buena profesional, tener resultados y ser reconocida por tu desempeño, pero si no hay buen trato, respeto, colaboración y trabajo en equipo, algo esencial está fallando. Esa experiencia también me hizo mirar de otra manera el liderazgo y el poder. Cuando alguien ocupa una posición de poder, su mirada tiene un peso diferente y, si ese poder se impone, puede dejar en silencio las capacidades del otro. Cuando el poder manda, la habilidad puede callar. Ahí entendí que liderar no es solamente saber o conseguir resultados. También es saber qué hacemos con el poder que tenemos, cómo tratamos a las personas y qué espacio generamos para que puedan aportar lo que saben. Ese fue, para mí, el punto de encuentro entre mis dos mundos: entender que ordenar y hacer crecer una empresa también implica trabajar sobre las personas, el liderazgo y los vínculos. Eso es parte de lo que hoy hacemos en TRION: acompañar a las empresas a ordenar, crecer y lograr resultados, trabajando con las personas que hacen que todo eso sea posible.
¿Qué balance hacés hoy de ese recorrido que empezó separado y que tanto te transformó?
Hoy sé que no quiero dejar de transformarme. Probablemente nunca lo haga. Pero también sé que hay algo que no quiero cambiar: estar cerca de las personas y acompañarlas a hacer que las cosas pasen. Porque, en el fondo, creo que ahí está lo más íntimo de una empresa: en las personas que la hacen todos los días. En cómo se vinculan, cómo deciden, cómo trabajan juntas y en lo que son capaces de construir cuando logran encontrar un mismo rumbo. Y quizás esos dos mundos que durante tantos años creí que iban por separado, finalmente siempre estuvieron destinados a encontrarse.
Leonela Agustina Cocco
Contadora Pública – Mat. 4580 CPCCER
Senior Coach Ejecutiva y Corporativa – Mat. 2929 AACOP
Consultora Estratégica | TRION – Espacio de Desarrollo
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