Londres, París, Roma y ahora Berlín: por qué Lisboa y Madrid son la ’excepción ibérica’ al voto progresista en las grandes urbes de la UE

2026/09/27

El partido de extrema izquierda Die Linke ganó el domingo las elecciones municipales en Berlín, en un llamativo contraste con el avance federal de la ultraderecha en Alemania. De fructificar sus negociaciones con socialdemócratas y verdes, la jurista de origen turco Elif Eralp será la nueva alcaldesa y Berlín se unirá a la corriente progresista que navegan la mayoría de las capitales europeas, algunas desde hace lustros, como Londres, París, Roma, Ámsterdam, Varsovia, Viena y Bruselas. Se trata de una tendencia que, sin embargo, no se da en las capitales de la Península Ibérica, tanto en Lisboa como en Madrid gobierna la derecha, y en el caso madrileño desde hace décadas. ¿Es posible hablar de excepción ibérica? ¿Cómo se explica esta inclinación al voto conservador en el sur de Europa?

La configuración de los consistorios de las metrópolis europeas confirma que los vecinos que habitan en ellas depositan papeletas de izquierda o centro izquierda en los comicios municipales. Acaba de ocurrir en Berlín, donde los analistas achacan la victoria a que Die Linke quiere nacionalizar miles de viviendas en manos de inmobiliarias para resolver la grave crisis del alquiler. También ocurrió en marzo en París, donde los vecinos eligieron de alcalde al socialista Emmanuel Grégoire, revalidando el feudo progresista que la izquierda gobierna desde hace 25 años. 

En Londres (Reino Unido), el laborista Sadiq Khan encadena también varios mandatos de la 'city', desde 2016. Y en Roma (Italia) el alcalde es el progresista Roberto Gualtieri, un historiador, exministro y eurodiputado elegido en 2021, cuando los romanos descartaron el viraje nacional de Giorgia Meloni. También se sitúan en la izquierda en contraposición a sus gobiernos estatales, los alcaldes de Viena (Michael Ludwig) o Bruselas (Philippe Close). Y resultan curiosos los casos de Varsovia (Polonia), donde Rafat Trzaskowski ganó con una plataforma cívica y Ámsterdam (Países Bajos), ciudad que estrenó su primera mujer alcaldesa en 2018 con la ecologista Femke Halsema.

La profesora de Ciencia Política de la UCM Ruth Ferrero explica que el voto progresista de las ciudades capitalinas occidentales ha sido vinculado en las investigaciones al hecho de que en estos grandes núcleos se congrega una mayor proporción de población joven en busca de oportunidades, con un nivel de estudios superior, más población de origen inmigrante y a que es aquí donde se forman hogares menos tradicionales. Son votantes "que quieren encontrar otro tipo de respuestas a la organización de la estructura social", describe. 

En relación a lo ocurrido ahora en Berlín, y antes en Nueva York, a Ferrero le resulta sorprendente que, en épocas de mayor apoyo electoral a una derecha radical a nivel nacional, las ciudades capitalinas consigan movilizar el voto de la izquierda. En su opinión, esto ocurre cuando los problemas estructurales urbanos se convierten en conflictos políticos. Conflictos como la vivienda inaccesible, la gentrificación de los barrios o la turistificación: "No necesariamente tienes que ser más progresista, pero sí ser capaz de identificar qué es lo que está pasando en tu barrio para votar una acción política que dé respuesta a esa cuestión". 

Las capitales no necesariamente votan a la izquierda porque sean más de izquierdas ideológicamente, sino porque aparecen contradicciones de índole material dentro de las estructuras urbanas

Efectivamente, los analistas han achacado la victoria progresista en Berlín a que Die Linke ha puesto en el centro del debate político la socialización de 200.000 viviendas mediante su expropiación. "Veremos si consigue implementarlo, que no viene de la nada y ya los berlineses apoyaron la medida en un referéndum en 2021, pero el hecho cierto es que ha conseguido colocar en el centro de la agenda política un problema estructural y transformarlo en un conflicto político", defiende Ferrero.

"En todo caso, lo que podemos concluir es que en las capitales no necesariamente votan a la izquierda porque sean más de izquierdas ideológicamente, sino porque aparecen contradicciones de índole material dentro de las estructuras urbanas" resume. 

La excepción ibérica de derechas

Volviendo al mapa europeo de Ayuntamientos, resulta llamativa la excepción ibérica, con las dos capitales, Lisboa y Madrid, gobernadas por partidos de derechas. En Portugal ha habido alternancia reciente de centroderecha y centroizquierda, pero el caso madrileño es único y "excepcional", reconocen los expertos, ya que encadena ocho gobiernos del Partido Popular en la capital desde el año 1991, solo con el paréntesis de Manuela Carmena (Ahora Madrid) entre 2015 y 2019, en plena efervescencia del movimiento indignado surgido del 15-M.

El politólogo portugués Jorge Fernandes, investigador en el CSIC, se presta a explicar cómo se vota en Lisboa. Tras haber vivido largo tiempo allí, vincula un voto bastante menos progresista "al cambio social fundamental que está experimentando la ciudad". Lisboa es una capital relativamente pequeña, solo tiene medio millón de habitantes, pero el tejido social está cambiando, asegura. "La crisis de vivienda es más grave incluso que en Madrid y los que viven en Lisboa son ahora mucho más ricos y tienden a votar más a la derecha", resume. Además, se atreve a augurar que el nuevo vecino lisboeta puede perpetuar este giro político, vista la incapacidad de la izquierda de diseñar campañas eficaces.

Sobre el caso de Madrid, los politólogos consultados coinciden en que es la singularidad máxima en Europa. Sus tres millones de vecinos han elegido en los últimos 35 años casi de manera consecutiva alcaldes del PP. Desde José María Álvarez del Manzano, pasando por Alberto Ruiz Gallardón, hasta el actual, José Luis Martínez-Almeida. 

"Lo primero que hay que decir es que realmente el tema de Madrid es bastante excepcional", advierte Pedro Riera, profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III, experto en investigaciones sobre el voto madrileño. "Hace más de treinta años que en Madrid gobierna la derecha (con aquellos cuatro años de Carmena), por lo que se trata de un patrón muy consolidado que diferencia a la capital española del resto de capitales europeas, donde o se ha instalado la izquierda o al menos la alternancia es lo habitual".

Riera revela que sus estudios comparativos atestiguan que no es solo es que la gente vote más a la derecha, sino que además "la gente en Madrid se identifica más con la derecha que los residentes en otras capitales de Europa". Este profesor de la Carlos III se ha preguntado por qué en Madrid la gente se siente más de derechas, sobre todo cuándo los madrileños no se oponen menos que otros españoles a la defensa de la redistribución de la renta para paliar las desigualdades económicas y, además, tienen una opinión algo menos desfavorable de la inmigración.

En Madrid la gente es mayoritariamente más favorable a una construcción centralista del Estado, la gente se ubica más a la derecha

"Al final nos queda una explicación más ibérica y más autóctona, que está relacionada con la cuestión de las tensiones centro-periferias, con la construcción del Estado Nacional y los movimientos de independencia y autonomistas", describe. Para este experto, "como consecuencia de que en Madrid la gente es mayoritariamente más favorable a una construcción centralista del Estado, la gente se ubica más a la derecha". 

Comparte opinión la profesora de Ciencias Políticas de la UCM Paloma Sanromán, quien también cita las tensiones territoriales como uno de los ejes explicativos del recurrente voto conservador madrileño. Para ella, "Madrid es el escaparate de la centralidad y, ante las tensiones territoriales, aunque realmente ya no haya un Estado centralizado, para muchos el ideario de la derecha es el ejemplo de la identidad nacional".

Un discurso económico "muy respaldado"

Ruth Ferrero, por su parte, señala otras aristas que explicarían el feudo conservador madrileño, entre ellas una mimetización entre el Ayuntamiento y la Comunidad. Según la politóloga "el Partido Popular en varias décadas de gobierno local ha constituido un régimen político en sí mismo y tiene instaurada una interpretación propia de cómo tiene que funcionar la ciudad. Con ese mix político entre Comunidad Autónoma y Ayuntamiento, y que tiene que ver más que con las restricciones, con la libertad de elección, con una mayor movilidad, el acceso a la propiedad o bajos impuestos que se asocian al dinamismo económico". Además, resalta que "la derecha madrileña ha conseguido articular un discurso que está siendo muy refrendado por buena parte de los vecinos y vecinas, bien por acción de los gobernantes o por omisión del contrario". En definitiva, que el PP ha hecho de su modelo económico, no tanto y no de su modelo cultural, la fuente de su idiosincrasia local y regional.  

El investigador político Pedro Riera también señala que el modelo de gestión del PP ha calado en Madrid, donde en líneas generales, "se tiene una valoración relativamente buena del hacer del Gobierno regional y del Gobierno municipal". Principalmente desde que se acometieron las grandes infraestructuras públicas como la extensión del Metro. "Se ha comprobado que en aquellas zonas donde llegó el Metro por primera vez el PP aumenta más sus resultados electorales", detalla.  

Muchas personas han prosperado gracias a condiciones creadas por el liberalismo y no solo se sienten deudores, sino que apuestan a este caballo con el que les ha ido bien

La politóloga Sanromán cree además que el desarrollo económico importante de las últimas décadas de Madrid se ha vinculado en el ideario colectivo a los gobiernos del PP. "Se ha creado la sensación de que con el PP hemos llegado tan lejos y que la izquierda dilapidaría el capital que se ha conseguido. Muchas personas estiman que han prosperado gracias a esas condiciones creadas por ese liberalismo y no solamente se sienten deudores, sino que siguen apostando a este caballo con el que les ha ido bien", analiza.

"La izquierda tiene pocas posibilidades de gobernar"

En cuanto a la evidiente pérdida de peso del voto de la izquierda en sucesivas elecciones municipales madrileñas, desde las últimas ya ni Vallecas es socialista, los expertos creen que a la falta de alternativas aglutinadoras en las propuestas de la izquierda, podría sumarse el efecto del encarecimiento de la vivienda, que está expulsando cada vez más gente o a los problemas con el empadronamiento. "Igual es que los madrileños trabajan en Madrid, pero luego viven en Guadalajara o en Segovia y no pueden votar en la capital", sostiene Riera, quien querría conocer el efecto que van a tener las nuevas políticas de empadronamiento, "que ya están afectando a mucha población flotante, seguramente más de izquierdas que de derechas".

Con la vista ya puesta en las próximas elecciones municipales de Madrid, previstas para primavera de 2027, nada en el tablero hace pensar a los politólogos consultados que la capital española se vaya a sumar a la corriente progresista de Berlín, París, Londres, Roma o Ámsterdam. Así lo ve Riera: "El año que viene y en otros ciclos electorales venideros lo más probable es que en Madrid haya unas reconfiguración de la distribución del apoyo electoral dentro de lo que es derecha, pero siempre con una cristalización bastante clara de la distribución entre derecha e izquierda, donde la izquierda tiene pocas posibilidades de gobernar".