Actualizado Miércoles, 7 octubre 2026 - 01:36
No hay partido. La derecha va a arrollar el 29 de noviembre, salvo debacle en propia puerta de Alberto Núñez Feijóo. Las encuestas internas que maneja el PSOE auguran en torno a 190 diputados para la suma de PP y Vox, y las de Génova elevan esa cifra por encima de la barrera de los 200. Que Pedro Sánchez siga gobernando no es que sea difícil, «es que es humanamente imposible», como reconoce un dirigente cercano al presidente. Sólo le queda a Sánchez, por tanto, forzar la máquina al máximo y sentarse a esperar un último «milagro».
Entonces, ¿cuál es la estrategia de los socialistas? Quedar primeros, cosa que ven factible, y que Vox engorde tanto como para que Feijóo llegue a La Moncloa como si subiera al Gólgota. Todo girará, por tanto, en torno al resultado que obtenga Vox, que se «retroalimenta» con el PSOE para emparedar al favorito, como reconocen fuentes de ambas formaciones. La clave de lo que está en juego en estas elecciones la dio el lunes José María Aznar, en las jornadas Letras en Sevilla: «No es lo mismo un PP con 140 escaños y Vox con 60, que un PP con 165 y Vox con 35. La segunda fórmula permite afrontar los problemas del país, la primera, no lo tengo claro».
Cuando Aznar habla, la derecha escucha. Y coincide. En el PP y en el PSOE saben que hay un listón psicológico esencial: 70 diputados. Si Santiago Abascal supera ese umbral, se situará ya en la dialéctica del sorpasso de cara a 2030, que es la fecha marcada en rojo en la sede de Bambú. Y la legislatura será «casi imposible», reconocen fuentes del principal partido de la oposición.
El plan de Vox es sembrar ahora para cosechar en cuatro años, como avanzó este diario: «¿Lepenizarnos? Si es para ganar, sí. Si es para llegar al 35% y gobernar, bienvenida sea la lepenización», aseguró uno de los principales portavoces de la formación. «Creemos que se puede gobernar a partir del 30-35%, y ese es el resultado al que aspiramos en 2031 [ahora, 2030]; sabemos lo que hacemos», señaló la misma fuente.
Antes de llegar a este punto, el PP aún tiene que lograr que la mayoría demoscópica se traduzca en votos reales. Y, sobre todo, convencer al electorado de que la alternativa que representa Feijóo es sólida y será profunda. Que no necesita que Vox tire de él para llegar hasta donde reclaman sus electores en asuntos como inmigración, seguridad, fiscalidad o en la defensa de la integridad territorial. De manera que en los 53 días que quedan hasta las elecciones, el PP se ha propuesto «liderar» la campaña, para evitar que el PSOE renazca y que Vox siga cebando sus expectativas sin necesidad de bajarse del autobús.
En el PSOE invocan la victoria como eje aspiracional de la campaña. No sólo es su objetivo, es su principal mensaje: movilizar al electorado de izquierdas a lomos de la hipótesis de que pueden ganar. En Ferraz creen que el PP «implosionaría» si quedase segundo con un Vox muy fuerte. Y que el liderazgo de Feijóo quedaría en entredicho. En un escenario tan convulso, Sánchez podría aguardar en la oposición. La encuesta que encargó el presidente -y que lo terminó de convencer para pulsar el botón rojo del anticipo electoral- apunta a una posible victoria socialista, pero con sus socios hundidos, conque PP y Vox sumarían la mayoría con mucha holgura.
Eso sí, con 15 escaños en disputa. Una rendija suficiente para que Sánchez, que acumula una hemeroteca fértil en saltos mortales sin red, se lanzase al vacío del 29-N. La encuesta interna del PSOE, basada en nada menos que 7.000 entrevistas, coloca a los socialistas al borde de los 130 escaños, según fuentes de Ferraz. Esto es, tres diputados por delante del PP, que estaría en el entorno de los 126. Hasta ahí, una clara variación de la tendencia de los últimos meses. Pero lo más importante, el verdadero movimiento de fondo, es que Vox se dispararía hasta rozar los 80 diputados.
Con cualquier resultado superior a los 70 escaños, la formación de Santiago Abascal se situaría de manera indudable en la batalla de la hegemonía de la derecha, pero en el PP no pierden los nervios. Feijóo también contó el sábado con una encuesta «confidencial», elaborada por Sociométrica: los populares lograrían 144 diputados, 18 más de los que estima el PSOE. Y Vox se haría con el 18% de las papeletas y 62 escaños. Eso sí, los de Abascal tendrían una horquilla que podría impulsarlos hasta 74 diputados. Y ésa ya sería otra historia muy diferente que nos llevaría de nuevo a la admonición de Aznar: «No es lo mismo 140-60 que 165-35».

Juan Jesús Vivas y Juan José Imbroda, junto a Alberto Núñez Feijóo.EFE
El Senado entregó ayer su Medalla de Oro a los presidentes de Ceuta y Melilla, Juan Jesús Vivas y Juan José Imbroda -en la imagen, ambos, junto a Alberto Núñez Feijóo-, en reconocimiento a sus trayectorias políticas y como respaldo institucional a ambas ciudades autónomas. «Ceuta no se vende, Ceuta se defiende, Ceuta es España», sentenció Vivas en el acto. Feijóo se desplazará hoy, de nuevo, a la ciudad.
Alvise Pérez ya ha confirmado que se presentará a las elecciones como cabeza de lista de Se Acabó La Fiesta (SALF)por Madrid. Pero, según las encuestas que manejan el PP y el PSOE, no logrará sacar ni un solo diputado aunque obtendrá un 2,2% de los votos (los mismos con los que ERC sacaría ocho escaños, por cierto). El voto a Alvise, por tanto, limitará el alcance del crecimiento de Vox. De hecho, según Sociométrica, SALF le robará a la formación de Santiago Abascal el 5,3% de sus electores de 2023. Es decir, 124.000 papeletas. Al PP le quitará 91.000. Y al PSOE, 64.000. Un 1%.
El presidente de la gestora del PP de Navarra, Sergio Sayas, aseguró ayer que en su formación están «dispuestos a concurrir a las elecciones con UPN, y vamos a hacer todo lo que esté en nuestra mano para que ese pacto se produzca», si bien con Vox «podemos tener un acuerdo postelectoral», sólo, pero no una alianza. Se da la circunstancia de que Sayas fue expulsado de UPN en 2022, cuando votó junto al PP contra la reforma laboral, lo que le valió el oprobio de una gran parte de su ex partido. Luego se fue al PP. «No creo que las personas tengan que impedir ningún acuerdo», zanjó.