Los cables submarinos a nivel mundial tenían un dueño: los operadores. Ahora han tenido que ceder el mando

2026/07/25

Para entender cómo funciona la economía global y las telecomunicaciones, debemos mirar al fondo del océano. Aunque las redes móviles y la conectividad satelital acaparen la atención mediática, la realidad es que más del 95% del tráfico de datos viaja a través de cables submarinos de fibra óptica. Esta red sumergida sostiene miles de millones en transacciones financieras y permite el funcionamiento de servicios que van desde el streaming hasta las infraestructuras de Inteligencia Artificial.

Durante muchos años, el despliegue, la gestión y el mantenimiento de estas arterias de comunicación fue un terreno dominado casi en exclusiva por consorcios de operadores y grandes compañías de telecos. Sin embargo, la necesidad de mover volúmenes masivos de información ha provocado un cambio estructural: el control de esta infraestructura crítica ha pasado a manos de los hyperscalers, esas multinacionales americanas que han cambiado las reglas del juego en las profundidades.

De inquilinos a constructores

El peso de las grandes firmas tecnológicas en el consumo de datos ha crecido a un ritmo vertiginoso para el modelo de las telecos tradicionales. A lo largo de la última década, la capacidad submarina —sobre el total— usada por estas corporaciones ha saltado de un discreto 10% al 71%. Así, esta necesidad hizo que la transición de arrendatarios a propietarios fuera el paso natural para garantizar el funcionamiento de la nube.

Cable Submarino Google Esquema de los cables Sol y Nuvem | Imagen: Google

Las cifras reflejan un dominio incontestable sobre el lecho marino. Empresas como Google participan o son propietarias en solitario de más de 30 cables submarinos, mientras que Meta, Microsoft y Amazon continúan desplegando los suyos propios. La firma del buscador más popular ya posee exclusivas rutas como Curie, Dunant o Grace Hopper, algo que ha marcado un giro hacia el hardware privado.

POr si fuese poco, se suma un rediseño geopolítico de las rutas: Meta se encuentra impulsando su ambicioso proyecto Waterworh, un sistema que está llamado a convertirse en el cable submarino más largo del mundo. Conectará Estados Unidos con mercados emergentes del hemisferio sur, esquivando deliberadamente Europa y zonas inestables como el mar Rojo.

En el mapa de los cables submarinos que dan internet a España hay dos claros protagonistas

Ha sido un asalto que ha desplazado casi por completo a las telecos en su papel de proveedores. Las Big Tech han irrumpido en el mercado con un músculo financiero implacable. Grosso modo, si antes los cables se trazaban para unir núcleos de población terrestres, ahora se construyen para enlazar centros de datos.

Europa y una amenaza híbrida en las profundidades

Es tal la concentración de este poder infraestructural que es un debate en el Viejo Continente. Actualmente, Europa sigue siendo la región con mayor número de cables de amarre del planeta y depende de estas vías para encauzar dos tercios de su conectividad hacia el exterior. La falta de esos hyperscalers capaces de rivalizar en inversión en territorio europeo sitúa a la UE en una posición de vulnerabilidad frente a los intereses de las estadounidenses. Y claro, eso implica que se ponga en modo defensa.

En definitiva, si antes los cables se trazaban para unir ciudades, ahora se construyen con el fin de enlazar masivos centros de datos corporativos.

Asimismo, esta dependencia tiene un problema no menos reseñable: la geopolítica actual. EEUU lleva años ejerciendo su influencia para asfixiar contratos a firmas chinas, algo que mina su participación en proyectos globales por fundados temores de espionaje. Mientras tanto, Europa reflexiona sobre cómo reconstruir su independencia digital y busca formas de consolidar a las telecos como baluartes de defensa.

Pero hay otra capa de complejidad más: la fragilidad de estos cordones frente a sabotajes. Rusia ha intensificado sus patrullas submarinas en rutas importantes, utilizando buques de inteligencia dotados con herramientas para seccionar o intervenir líneas. Los incidentes no resueltos en el Báltico confirmaron que el fondo del mar es un escenario activo de la guerra híbrida.

Cable Orange Esbozo del trazado del cable submarino que quiere Orange

Y, ¿qué sucedería ante un ataque simultáneo de gran escala? No se sabe bien: la capacidad de respuesta global es precaria. Se calcula que apenas operan unos 80 buques en todo el mundo dedicados al tendido y reparación de esta clase de cables. El continente europeo, para mayor complicación, carece ahora de flota con tecnología para asegurar rutas transoceánicas en lugares como el Ártico.

Pese al enorme desafío, Europa aún tiene cartas que jugar al conservar activos industriales en su territorio. Un ejemplo es Alcatel Submarine Networks, que sigue dominando la instalación mundial. Por otro lado, Orange Marine o Sparkle gestionan escuadrones de mantenimiento. Invertir recursos en proteger estas compañías es imperativo si no queremos que la red quede gobernada por compañías extranjeras.

Imagen de portada | Composición con imágenes de CNMC (con edición) y DFID - UK Department for International Development en Flickr

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