Los científicos coinciden: “La cosmética del futuro debería ser más honesta y menos promesa vacía”

2026/07/31

La cosmética lleva años hablando de ingredientes, pero cada vez resulta más evidente que para entender qué funciona de verdad conviene escuchar a quienes estudian la piel desde la biología molecular, la biología celular y la biotecnología. Son disciplinas que permiten ir más allá de las tendencias y del marketing para explicar cómo se comporta la piel, por qué cambia constantemente y qué sentido tiene —o no— aplicar determinados activos.

En esta conversación participan María Pilar de Castro García, (doctora en Biología Celular y Molecular y directora estratégica y técnica de Proteos Biotech y PB Serum), y Juan Ramón Muñoz Montaño (doctor en Bioquímica y Biología Molecular y fundador de Proteos Biotech y Zurko Research). Los dos científicos defienden una idea que cuestiona algunas de las categorías con las que tradicionalmente se ha clasificado la cosmética: la piel no es una realidad fija, sino un órgano dinámico que cambia con la edad, el clima, el estrés, la exposición solar, las hormonas o los tratamientos. Quizá por eso el futuro no pase tanto por productos pensados para una supuesta “piel seca” o “piel grasa” como por activos encapsulados que puedan incorporarse a la rutina según las necesidades concretas de cada día.

Una forma de hiperpersonalización que no solo distingue entre personas, sino entre los estados por los que atraviesa una misma piel.

Las rutinas de diez pasos que popularizó la cosmética coreana parecen haber dado paso a una corriente minimalista. ¿Apuestan por esta última?

Las tendencias influyen poderosamente en la forma en que el consumidor construye su relación con la cosmética. Algunas han contribuido a generar una mayor conciencia sobre el cuidado diario de la piel, lo cual es positivo. Pero cuando una rutina se convierte en una acumulación de pasos sin indicación precisa, sin una lógica que la sostenga, pierde sentido desde el punto de vista científico y, en muchos casos, también desde el práctico. Nuestra mirada no es la de quienes defienden rutinas largas o cortas, sino rutinas bien diseñadas. Una piel puede necesitar varios productos en un momento determinado, y eso es perfectamente legítimo. Pero cada uno debería tener una función concreta, una razón de uso y una eficacia que pueda demostrarse. La calidad de la piel no mejora necesariamente por acumulación de productos, sino por selección inteligente de activos. Esa es la apuesta que defendemos.

Durante años se ha asociado el uso de más productos con mejores resultados. ¿Qué riesgos observan, desde la ciencia, en la sobreutilización de activos?

El principal riesgo es alterar el equilibrio de la piel. Cuando se combinan muchos productos o activos sin criterio, en concentraciones inadecuadas o sin respetar la función barrera, pueden aparecer irritación, sensibilización, deshidratación o respuestas inflamatorias que el consumidor no esperaba —y que con frecuencia no sabe identificar. Hay además un problema de legibilidad: en una rutina muy compleja es casi imposible determinar qué producto está funcionando y cuál puede estar generando un efecto adverso. Eso genera confusión y, en ocasiones, lleva a abandonar tratamientos que, bien utilizados, sí serían beneficiosos. Desde la ciencia de la formulación, más no es sinónimo de mejor. La clave está en elegir activos adecuados, en concentraciones eficaces y tolerables, dentro de fórmulas coherentes. Nosotros hemos querido simplificar sin renunciar a la eficacia, trabajando con principios activos seleccionados y con una tecnología que mejora su disponibilidad en la piel. En cosmética, la precisión es más inteligente que la acumulación.

Los productos de SmartKer actúan sobre alteraciones concretas mediante fórmulas específicas

Los productos de SmartKer actúan sobre alteraciones concretas mediante fórmulas específicasProteos Biotech

¿Cuáles son las señales que una persona debería aprender a reconocer para saber qué necesita su piel en cada momento?

Hay señales básicas que conviene observar: tirantez, descamación, irritación, rojez persistente, falta de luminosidad, pérdida de firmeza, textura irregular o sensación de reactividad. Todas ellas pueden indicar que la piel necesita un cuidado específico. La dificultad está en que una misma señal puede tener distintos orígenes. Una piel apagada, por ejemplo, puede necesitar hidratación, renovación celular, antioxidantes o simplemente recuperar la barrera cutánea. Por eso es relevante no tratar la piel únicamente por apariencia, sino intentar comprender qué proceso subyace. En una piel sana, muchas alteraciones leves mejoran con una rutina sencilla y bien seleccionada. Pero cuando los signos persisten, se agravan o se acompañan de molestias, lo adecuado es consultar con un o una profesional. La piel comunica constantemente. La clave está en aprender a escucharla, no en normalizar lo que no debería ser normal.

Para quienes están en pleno proceso de bronceado, ¿qué deben tener en cuenta más allá de la protección solar?

La protección solar es imprescindible, pero su eficacia depende de cómo se utiliza, no solo de si se aplica. Hay que usar una cantidad suficiente —algo que sistemáticamente se subestima—, reaplicarla cada dos horas y repetir la aplicación después del baño, de sudar o de secarse con la toalla. Tan importante como eso es respetar la fecha de caducidad y conservar el producto lejos del calor, porque la formulación se degrada. Más allá del fotoprotector, hay que limitar los tiempos de exposición, evitar las horas de mayor radiación y prestar atención a la hidratación de la piel. El sol, el calor, la sal, el cloro y la pérdida de agua trabajan juntos en favor de la deshidratación, la irritación y el deterioro de la barrera cutánea. Tras la exposición conviene recurrir a productos calmantes, hidratantes y reparadores. La alimentación también puede contribuir —aunque nunca sustituye al fotoprotector—: el tomate aporta licopeno; la zanahoria, el boniato y la calabaza, betacaroteno; las verduras de hoja verde, luteína y zeaxantina; los frutos rojos, polifenoles y vitamina C; el pescado azul, omega 3. Todos ellos ayudan a modular el estrés oxidativo. El bronceado responsable no empieza cuando se aplica el protector solar; es una actitud que abarca antes, durante y después de la exposición.

SmartKer propone fórmulas concentradas que el consumidor puede combinar con un emoliente según el momento. ¿Su uso exige un alto nivel de autoconocimiento?

La personalización en cosmética es una tendencia muy actual que responde a una demanda real. El consumidor ha cambiado. Quiere entender qué necesita su piel, por qué un activo puede beneficiarle y qué esperar de un tratamiento. SmartKer nace de esa visión. Es una línea concebida para actuar sobre alteraciones concretas mediante fórmulas específicas, y su diferencial tecnológico reside en la Keratinasa PB333, una enzima de origen biotecnológico desarrollada en nuestros laboratorios que mejora la permeabilidad cutánea y favorece la disponibilidad de los principios activos en la piel. Esto nos permite trabajar con mayor precisión y optimizar la eficacia de cada formulación. Ahora bien, usted tiene razón: este enfoque exige cierto autoconocimiento por parte del usuario. Pero exige también responsabilidad por parte de las marcas. No basta con pedir al consumidor que comprenda su piel; hay que ofrecerle productos claros, con indicaciones comprensibles y con una lógica científica detrás que pueda explicarse.

De modo que creen que el consumidor está preparado para asumir un papel más activo en el cuidado de su piel

El consumidor está cada vez más preparado, pero todavía necesita acompañamiento. Hay mucha información disponible —más que nunca— pero no siempre está bien jerarquizada, ni siempre procede de fuentes rigurosas. El ruido es considerable. El futuro del cuidado de la piel pasa por educar, pero de una forma accesible y útil. No se trata de convertir al consumidor en dermatólogo, sino de ayudarle a identificar cuándo su piel está deshidratada, irritada, apagada, sensibilizada o con pérdida de firmeza, y cuándo esas señales requieren una intervención especializada. También observamos un desplazamiento significativo en las expectativas: el consumidor ya no busca tanto transformarse como preservar su identidad y mejorar la calidad real de su piel. Quiere verse bien, pero sin renunciar a la naturalidad. Eso le exige a la cosmética evolucionar hacia soluciones más precisas, más respetuosas y mejor fundamentadas. Las soluciones universales seguirán existiendo, pero cada vez resultan menos convincentes para un perfil de consumidor que entiende que su piel cambia con la edad, el clima, el estrés, la exposición solar, los tratamientos médicos o los propios hábitos de vida.

¿Qué debe contener un 'aftersun'?

Un buen aftersun debe cumplir varios objetivos simultáneamente: rehidratar la piel, calmar la inflamación, restaurar la función barrera y reducir el estrés oxidativo provocado por la exposición solar. En cuanto a ingredientes, son interesantes los hidratantes como la glicerina o el ácido hialurónico de alto peso molecular; los calmantes y reparadores como el pantenol, la alantoína o la centella asiática, y los antioxidantes como las vitaminas C y E, la niacinamida, la coenzima Q10 o determinados polifenoles. Después del sol, la piel necesita recuperar agua, lípidos y equilibrio, además de reducir la respuesta inflamatoria y limitar el daño asociado a los radicales libres. En este contexto, la Keratinasa PB333 es interesante porque mejora la permeabilidad cutánea y permite que los activos lleguen de forma más eficiente a los tejidos diana. Eso amplía la acción del aftersun más allá de la hidratación inmediata.

Keratinasa PB333 SmartKer es una enzima de origen biotecnológico que mejora la permeabilidad cutánea

Keratinasa PB333 SmartKer es una enzima de origen biotecnológico que mejora la permeabilidad cutáneaProteos Biotech

¿Dónde está el equilibrio entre eficacia y tolerancia cuando se trabaja con concentraciones elevadas de activos? 

El equilibrio está en emplear la concentración necesaria para obtener un efecto clínicamente relevante sin comprometer la tolerancia de la piel. Una concentración más elevada no implica necesariamente mayor eficacia; en muchos casos solo incrementa el riesgo de irritación o sensibilización. Cada activo tiene un rango de uso recomendado, y ese rango debe evaluarse siempre en el contexto de una fórmula concreta, porque la tolerancia no depende de un ingrediente aislado, sino del conjunto de la formulación. Antes de que un producto llegue al mercado deben realizarse estudios de seguridad, tolerancia, irritación y sensibilización, tanto en exposiciones puntuales como en aplicaciones repetidas a lo largo del tiempo. La cosmética eficaz no es la que utiliza mayor cantidad de activo, sino la que consigue que ese activo esté bien formulado, sea tolerable y llegue de forma adecuada al lugar donde debe actuar. La biotecnología nos ayuda precisamente en eso: a hacer más con menos, con mayor especificidad.

Como científicos, ¿cómo ven las tendencias virales en redes? ¿Cuáles les parecen interesantes y cuáles, directamente peligrosas?

Las redes sociales han democratizado el acceso a la información sobre cosmética, y eso tiene una dimensión genuinamente positiva. El consumidor pregunta más, compara más y exige más. El problema no es que una idea se viralice; el problema es que se simplifique en exceso, que se exagere su eficacia o que se recomiende sin tener en cuenta el tipo de piel, la concentración, la frecuencia de uso o las posibles contraindicaciones. Nos parecen interesantes las tendencias que promueven rutinas más conscientes, el cuidado de la barrera cutánea, la fotoprotección o la búsqueda de resultados naturales. En cambio, son más preocupantes las que animan a mezclar activos sin criterio, a utilizar exfoliantes de forma excesiva, a copiar rutinas de otras personas o a aplicar productos sin comprender su función. La divulgación es valiosa cuando se hace con rigor. La cosmética necesita entusiasmo, pero también criterio científico.

España tiene una industria cosmética muy sólida, pero el prestigio internacional suele asociarse a Francia o Suiza. ¿Existe una brecha entre la calidad real y el reconocimiento global?

Existe una brecha, pero no reside tanto en la calidad como en la percepción internacional. España cuenta con una industria cosmética robusta, buenos fabricantes, equipos técnicos especializados, centros de evaluación de primer nivel y empresas con capacidad real de innovación. Además, operamos dentro del marco regulatorio europeo, uno de los más exigentes del mundo, lo que obliga a controlar la seguridad, la estabilidad, la calidad de las materias primas, la fabricación y la información que llega al consumidor. El reto no es hacer buenos productos —eso ya ocurre—, sino comunicar mejor el valor de la cosmética española. Francia, Suiza o Italia han construido durante décadas una identidad internacional muy potente alrededor de la belleza, la ciencia, el lujo o el estilo de vida. España tiene calidad, creatividad, capacidad industrial e innovación, pero debe consolidar su posicionamiento global con más convicción. La oportunidad está en unir ciencia, marca y relato. Y en ese terreno España tiene mucho recorrido pendiente.

¿Es lo mismo que ocurre con el vino o el aceite de oliva españoles, excelentes, pero a veces eclipsados por la fama de otros países?

La analogía es muy pertinente. Durante años España ha tenido productos de altísima calidad en distintos sectores, pero no siempre ha sabido proyectar ese valor internacionalmente con la misma contundencia que otros países. En cosmética estamos viviendo una evolución interesante: cada vez hay más marcas españolas que nacen con vocación global, que invierten en formulación, en evidencia, en diseño y en construcción de marca. La calidad ya no es argumento suficiente por sí sola. Para competir en mercados internacionales hacen falta un producto excelente, una identidad clara, una innovación diferencial y una narrativa que el mercado entienda y recuerde. En nuestro caso, hemos vivido el éxito con PBSerum que ha demostrado que una tecnología desarrollada en España puede competir en más de sesenta países.

¿Qué fortalezas tiene hoy la cosmética desarrollada y fabricada en España?

España tiene una gran capacidad de formulación, una industria flexible, buenos estándares de calidad y una cultura de producto muy orientada al consumidor. La gran oportunidad, sin embargo, está en reforzar el desarrollo de tecnologías propias y activos diferenciales. Históricamente, países como Francia, Alemania, Corea, Japón o Estados Unidos han invertido de forma sistemática en crear activos y tecnologías con identidad propia, lo que les ha permitido construir liderazgo científico y reconocimiento global. Desde Proteos Biotech hemos querido avanzar en esa dirección: desarrollar una plataforma biotecnológica basada en enzimas recombinantes y trasladarla al ámbito de la medicina estética y la cosmética de alta exigencia. La Keratinasa PB333 es un ejemplo concreto. La fortaleza de la cosmética española estará cada vez más en su capacidad para combinar ciencia, eficacia, seguridad, producción de calidad y marcas con vocación internacional. El talento está. Falta, quizás, más convicción en contarlo.

Firmness, de Smartker, es un tratamiento reafirmante

Firmness, de Smartker, es un tratamiento reafirmanteProteos Biotech

¿Qué creencias sobre la piel les gustaría desterrar definitivamente?

Nos gustaría desterrar la idea de que la ciencia es algo lejano, incomprensible o reservado únicamente al laboratorio. La buena ciencia debe poder traducirse en productos seguros, eficaces y comprensibles para quien los utiliza. Esa traducción es parte del trabajo, no un añadido. También nos gustaría superar la creencia de que un cosmético funciona mejor porque promete más, tiene más activos o sigue la tendencia del momento. Un producto funciona cuando está bien formulado, cuando tiene una lógica biológica clara y cuando su eficacia puede respaldarse con datos. Y hay una tercera idea que queremos cuestionar: que cuidar la piel significa transformarla. El objetivo debe ser mejorar su calidad, su equilibrio y su salud, respetando la identidad de cada persona. La cosmética del futuro debería ser más honesta: menos promesa vacía y más evidencia; menos complejidad innecesaria y más precisión. Eso es lo que intentamos hacer.

¿Cómo imagina la rutina cosmética media dentro de diez años?

Imaginamos una cosmética más científica, más personalizada y más selectiva. Probablemente habrá menos productos en la rutina diaria, pero estarán mejor elegidos y tendrán funciones más definidas. El consumidor dispondrá de más información sobre su piel, sobre los ingredientes que utiliza y sobre la evidencia que respalda cada producto. También será más exigente con la seguridad, la trazabilidad y la sostenibilidad de lo que aplica sobre su piel durante años. La personalización crecerá, no solo en función del tipo de piel, sino del momento vital, el clima, los hábitos, la exposición solar, la edad, los tratamientos previos o la sensibilidad cutánea. No creemos que el futuro sea una cosmética más compleja. Creemos que será más inteligente: menos acumulación, más diagnóstico, más precisión y mejores resultados con menos ruido.

¿Cómo está cambiando la IA la forma en que los consumidores se relacionan con su piel y sus rutinas?

La inteligencia artificial ya está modificando la forma en que el consumidor se informa, analiza su piel y recibe recomendaciones. Las aplicaciones más visibles están en el análisis de imágenes, la simulación de resultados y la elaboración de rutinas personalizadas. Pero su potencial va más allá: la IA puede ayudar a analizar grandes bases de datos, identificar patrones, estudiar compatibilidades entre activos, predecir tolerancia, orientar formulaciones y mejorar la personalización a una escala antes inviable. Como herramienta de orientación puede aportar mucho valor si trabaja con datos fiables y criterios científicos. Pero no debe sustituir el diagnóstico de un/a profesional sobre todo cuando hay patologías, lesiones persistentes o alteraciones relevantes. La IA será útil si ayuda al consumidor a tomar mejores decisiones, no si amplifica la confusión. El futuro estará en combinar tecnología, criterio profesional, evidencia científica y conocimiento individual de la piel.

Preferencias personales

Un cosmético que les enamora: Smartker, claro.
Un perfume: El aroma natural de una piel limpia y equilibrada.
La última gran transformación en cosmética fue... La incorporación de tecnologías biotecnológicas capaces de actuar con mecanismos de acción más específicos.
En verano, ¿retinol sí o no? Depende del perfil de piel y de cómo se use. En pieles sensibles, irritadas o con alta exposición solar, puede ser preferible espaciarlo o suspenderlo temporalmente.
Un tratamiento en cabina para los días de vacaciones: Un tratamiento orientado a hidratar, calmar y recuperar la calidad de la piel tras la exposición solar, los viajes o los cambios de rutina.
Un activo que impulsa la salud de la piel en temporadas de exposición solar: El ácido hialurónico de alto peso molecular, por su capacidad para mantener la hidratación, favorecer el confort cutáneo y reforzar la función barrera. Integrado dentro de una estrategia global que incluya fotoprotección y reparación.