La película La bola negra ha llegado al Festival de Telluride, donde se proyectan las películas que suelen competir en la temporada de premios y potenciales ‘frontrunners’ de los Oscar. Lo ha hecho con una expectación inusitada impulsada por el boca a boca tras su paso por el Festival de Cannes, donde se convirtió en un auténtico acontecimiento y donde Javier Ambrossi y Javier Calvo ganaron el premio a la mejor dirección.
Ahora, la pareja creativa conocida como Los Javis, afronta su prueba decisiva en Norteamérica antes de su estreno en cines el 16 de octubre y su llegada a Netflix 47 días después, el 2 de diciembre.
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Netflix ha fijado una ventana de exclusividad en salas de 47 días antes del estreno en la plataforma, la más larga en la historia de la compañía. La película se proyectará en cines desde el 16 de octubre en Estados Unidos y pasará al catálogo el 2 de diciembre.
El impulso del filme se ha notado en el ambiente del festival de Colorado. Citas en ‘telecabinas’, colas para estrenos, cafés y conversaciones improvisadas en Colorado Avenue han convertido a la producción en una de las más comentadas del certamen, descrita por el medio estadunidenses como una experiencia emocional de gran escala y, al mismo tiempo, como una exploración ambiciosa y subversiva de la historia queer española.
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El domingo, los directores y el actor Carlos González participaron en un coloquio tras la proyección en el Palm Theater, en el extremo oeste de la localidad. La respuesta del público, de acuerdo con The Hollywood Reporter, fue especialmente entusiasta.
Calvo resumió allí la ambición de la película con una frase que condensa su enfoque: “Demos a toda la gente heterosexual la película bélica que quiere, pero demos a nuestra comunidad la historia de amor que quiere: ¿por qué no podemos tenerlo todo?”.
La bola negra, inspirada libremente en la obra La piedra oscura de Alberto Conejero, despliega su relato en tres líneas temporales que terminan por confluir. El bloque de 1937 es el más directamente vinculado al texto de Conejero, que además firma el guion junto a los directores, y se sitúa en la Guerra Civil española.
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La trama contemporánea, ambientada en 2017, sigue a un joven llamado Alberto, interpretado por González, mientras investiga la historia de su familia y atraviesa relaciones complejas con su pareja, encarnada por Julio Torres, y con su madre, a la que da vida Lola Dueñas. El tercer eje, situado en 1932, imagina por completo la gran obra inacabada de Federico García Lorca que da título a la película, con temas como el deseo, la vergüenza y el legado propagándose sobre los demás relatos.
Ambrossi explicó el punto de partida con otra formulación directa: “Pensamos: ‘Hagamos la película bélica gay más gay de la historia’”. Y añadió: “Esa es la política que hay detrás. Y nadie nos dijo que cambiáramos ni un poco. Y ahora, aquí estamos”.
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Calvo vinculó la puesta en escena a grandes referentes del cine bélico, entre ellos Apocalypse Now. Según contó, el equipo ha recurrido al mínimo posible de imágenes generadas por ordenador y ha aprovechado al máximo las localizaciones reales, los figurantes y los efectos visuales disponibles.

La película también se ha rodado en 35 mm y suma presencia internacional con papeles pequeños pero determinantes de Glenn Close y Penélope Cruz. La mera mención de la actriz española, según relató el medio, provocó una ovación sonora entre los asistentes.
El centro emocional del filme descansa en una indagación sobre la identidad gay y sobre aquello que pasa de una generación a otra. Calvo lo formuló así al hablar de Lorca: “Me hizo entender la importancia del arte de una manera física: las cosas que nos llegan, las piezas de arte de generaciones pasadas que nos cuentan quiénes fuimos y qué nos ocurrió. En un momento en que el arte está siendo cuestionado, tenemos que recordarnos que habla el mejor lenguaje”.
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González añadió que García Lorca “representa la guerra, todos los muertos… en nuestro país, de lo que sigue siendo difícil hablar”, y precisó que cuando estudió al escritor en el colegio en España, nunca se habló de su sexualidad.
Ambrossi llevó esa idea al terreno más íntimo al definir el tono de la obra: “Es muy visceral. Esta es la bola negra que está dentro de todos nosotros como miembros de la comunidad LGBTQ+. Hemos sido rechazados”. Para el director, la película plantea así una posibilidad de reconocimiento y visibilidad.