Los periodistas en las memorias presidenciales

2026/07/12

El presidente catamarqueño Ramón Castillo recibía insoportables presiones para que el país rompiera la neutralidad en la Segunda Guerra Mundial, mientras el resto de América Latina expulsaba embajadores del Eje. Una de las formas de resistencia de Castillo fue el off the record con los periodistas.

Uno de los más importantes, Félix Laíño, de La Razón, había sido su alumno cuando él era profesor de Derecho en la Universidad de Buenos Aires. Lo invitó a la quinta presidencial, lo subió al auto junto con su nieto y fueron a la playa de Olivos. Bajaron el chofer y el nieto del presidente, y ellos se quedaron hablando en el auto con la puerta abierta para que entrara el aire. Ahí le explicó que Inglaterra le había pedido informalmente que no ingresara a la guerra para asegurar el aprovisionamiento marítimo y le sugirió que ese escándalo resonaba en Buenos Aires pero no en el resto del país. Castillo necesitaba que Laíño viera el mundo desde sus ojos.

La prensa es una gran herramienta para los presidentes, pero también para sus opositores. Gran parte del arte de gobernar es la muñeca que se tiene con los periodistas.

Esto no les gusta a los autoritarios

El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.

También los periodistas saben que son usados como armas de la batalla política, por eso gran parte de su arte profesional es la muñeca que tienen con los políticos.

En especial, cuando se desbordan las batallas de filtraciones provocadas por las internas gubernamentales que siempre existen. En la historia argentina, tanto en dictaduras como en gobiernos democráticos esos festivales de filtraciones cruzadas fueron el centro de la lucha política.

MALAS NOTICIAS EN LA VIDRIERA

La película francobelga L’Exercice de l’Etat, traducida como El Ministro, es un buen retrato de la vida de un alto cargo político. Una clave es que la persona que más tiempo pasa con él durante toda la película es su asesora de comunicación, la que analiza todas las decisiones desde esa perspectiva. El otro que compite en tiempo es el chofer.

La presión constante que ejerce el periodismo incentiva las políticas públicas de corto plazo. Y sabemos que el cortoplacismo crónico es un reaseguro del subdesarrollo. Por eso, hoy uno de los supuestos beneficios del modelo chino es que los funcionarios de ese país tienen incentivos de largo plazo y no de corto, porque no tienen una prensa que los hostiliza y erosiona su gobernabilidad si no reaccionan en forma permanente a la agenda mediática cortoplacista.

Mientras los gobiernos democráticos son presionados por una prensa de malas noticias, las dictaduras modelan una prensa solo con buenas noticias. Las democracias exhiben sus problemas en la vidriera, y las dictaduras los esconden en el sótano, hasta que estallan.

LISTA DE QUEJAS

Las memorias presidenciales reflejan una visión ambivalente sobre la prensa. Cuando Barack Obama describió su primer mandato la lista de quejas sobre los periodistas fue: las objeciones triviales; las “típicas preguntas de un periodista” que pide acelerar las decisiones (“¿cuántas personas más van a tener que morir para que se resuelva?”); fastidio de los periodistas cuando los presidentes adoptan “tono profesoral”; y la sensación de que desde la prensa sectores de su propio gobierno, como los militares, le imponían decisiones. Obama les respondió: “No me digan lo que tengo que hacer desde la portada de mi periódico matinal”. Así ocurrió que cuando un general desde una entrevista en Rolling Stone disparó críticas a su conducción, el despido fue inmediato.

Esa lista la firman todos los presidentes. Los niveles intermedios de la administración cuentan con mucha información sobre una política pública, a veces más que su ministro respectivo, en especial si este es un extraño recién llegado. Y pueden utilizar a los periodistas para defender posiciones personales o de política pública a través de la filtración informativa. Una gran parte de las investigaciones periodísticas surgen de fuentes estatales medias o bajas que tienen toda la información pero poco poder. Así como resistieron los generales de Obama, muchos funcionarios hacen lo mismo.

Por supuesto, la filtración informativa también funciona al revés. Los presidentes pueden distribuir información frente a la resistencia a sus políticas. Un ejemplo histórico es cuando el presidente Mijail Gorbachov lanzó la política de transparencia informativa (glasnost) para oponerse al bloqueo de las burocracias a su reforma económica (perestroika).

LA TESIS LULA

La prensa es lo que hace. La alemana Angela Merkel recuerda cuando visitó como ministra el principal medio de Alemania, el prestigioso Frankfurter Allgemeine Zeitung, y el título fue “La más joven del gabinete de Kohl sigue fumando en público”. Al mismo tiempo reconoce que la presión de la prensa aceleró los tiempos de respuesta tras la catástrofe nuclear de Fukushima. Las tomas de posición de la prensa contribuyen a las tomas de posición del Estado. Es obvio que la presión periodística puede cambiar las prioridades de un gobierno.

Merkel recordó que la prensa le reclamó falta de empatía cuando dialogando con una niña refugiada esta se puso a llorar. En todo el mundo democrático, el ecosistema comunicativo fabrica cada vez con más facilidad grandes huracanes morales demonizadores.

En su minucioso Diarios de la Presidencia, el brasileño Fernando Henrique Cardoso registró el pulso de sus discusiones con los principales medios. A veces los acusa de “falso moralismo”. Como el presidente Castillo, Cardoso intentaba siempre que los principales referentes de la prensa entiendan el rumbo general del gobierno. Existe también la tesis Lula: “Tengo una tesis que vale tanto para la prensa como para nuestra conducta cotidiana: si todos los días alguien está a favor del gobierno, perderá credibilidad. Pero también la perderá si todos los días está en contra”.

En sus respectivas memorias presidenciales, Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri coinciden en ver a los medios como actores políticos con intereses propios, y en que los periodistas no dimensionan el rol presidencial. Entre los más críticos está el colombiano Álvaro Uribe, quien buscó como muchos otros evitar la mediación periodística.

También se habla del derecho al error. Sin ese derecho, el funcionario se bloquea ante decisiones necesarias por posibles responsabilidades civiles o penales. Así se genera una “burocracia defensiva”, que no toma riesgos, en la que se van postergando las decisiones.

El periodismo libre siempre es una institución democrática que funciona como mecanismo de rendición de cuentas y contrapeso contra las élites extractivas. Pero ese rol condiciona siempre a los gobiernos, incluso cuando estos quieren hacer las cosas bien.