El cantante relató que el esposo de su mamá llegab borracho en las noches y lo hacía dormir en la calle - crédito @vospodesoficial/Instagram
Luis Alfonso, uno de los máximos referentes en la música popular (o regional colombiana), fue el primer hombre en sentarse frente a Tatiana Franko en Vos Podés, el pódcast que durante más de 120 episodios había entrevistado exclusivamente a mujeres.
En la conversación, el Señorazo habló de la infancia que vivió entre la violencia en su Popayán natal, su conflictiva relación con su padrastro, sus años de hambre en Medellín mientras intentaba abrirse paso en la música, y de cómo el alcohol estuvo a punto de costarle el matrimonio con Luisa, su esposa, con quien se ha casado tres veces.
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“Llegaba el viejo a las tres, cuatro de la mañana borracho y Luis Alfonso ‘pa’ la calle, hijueputa’, y amanecer en el andén o donde lo cogiera la noche, porque no era el hijo de él”, relató el cantante describiendo su infancia y su relación con su padrastro.
Luis Alfonso tenía 13 meses de vida cuando mataron a su padre en Medellín, en el pico de intensidad de la guerra contra Pablo Escobar. Su madre quedó con dos hijos y, al poco tiempo, formó una nueva familia con otro hombre, del que sufrió maltrato.
“Se me volvió una pesadilla la vida, porque el padrastro siempre fue una gonorrea práctica”, dijo. Esto llevó a que, mientras su hermana mayor se crió con los abuelos, él dejó sus estudios hasta la primaria, dejó su casa, y comenzó a trabajar.
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El barrio tampoco ayudaba. Describió el entorno de Popayán donde creció como un lugar de “mucha violencia”. “Cada ratico eran dos, tres muertos diarios y mucha pandilla y mucho combo y mucha cosa”, contó. De los amigos de esa época, dijo que la mayoría ya no está: los mataron, los metieron a la cárcel o “cogieron el costal y están por ahí tirados en el vicio”.
Eso sí, reconoció que pudo haber sido uno de ellos. “Usted se cría en un barrio y en un ambiente donde solo le ofrecía violencia y cosas de pobreza. De niño no pensaba que fuera de ese mundo hubiera otro”, señaló.
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Lo que lo salvó, según él, fue la música y el trabajo. Desde muy pequeño llevaba mercados en la plaza, vendía helados Bonice, bolsas de leche, gaseosas. Viajó por pueblos, fue lechero. A los 13 años ya hablaba con su madre para ayudarla y sostener a sus hermanos. A los 15 vivía solo, pagaba un apartamento, una moto y tenía un caballo. “Me maduré muy bichecito”, resumió.

En cuanto a la música, ensayaba en una orquesta de niños del barrio llamada Caña Verde y ese espacio lo mantuvo alejado de los caminos que destruyeron a sus contemporáneos. “Cuando a mí me llevaban a cantar, me llevaba gente fuera del barrio, de diferentes ambientes. Yo decía: ‘fuera del barrio hay cosas más bonitas. No todo es violencia, no es robar, no es matar’”, afirmó.
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Sin embargo, Luis Alfonso señaló que en su juventud, la libertad absoluta tuvo un costo. Sin nadie que le pusiera límites, reconoció haber “probado de todo”. Bebía, fumaba y salía con quien quisiera. Años después, ya con carrera y familia, ese mismo patrón volvió a asomarse.

Luis Alfonso se ha casado tres veces. Las tres, con la misma mujer: Luisa Fernanda Pulgarín. Él mismo lo resumió con una broma: “La primera vez se casa por enamorado, la segunda por costumbre y la tercera por marica”, afirmó, haciendo gala de su sentido del humor.
Según contó, la primera boda fue una ceremonia humilde. Les prestaron una finca, reunieron unos cinco millones de pesos y no hubo luna de miel. El viaje de novios fue un trayecto en bus a Tolú, con Luisa embarazada de su segundo hijo, Agustín, y con Jerónimo —hijo de una relación anterior de Luisa— de unos tres años. Como no tenían dinero para comer en restaurantes, llevaron mercado y ella cocinó en el apartaestudio donde se alojaron.
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Luis Alfonso recordó que en ese viaje pasó un vendedor de cocteles de camarones y él no tenía cómo comprarlo, y fue su suegra quien le mandó el dinero para que pudiera darse ese gusto. En el viaje de regreso, una borracha se vomitó en el bus y por el olor le provocó náuseas a Luisa. “Bien humilde, muy carente de comodidades, pero fue algo muy lindo”, recordó.

La segunda boda llegó a los cinco años de casados, cuando ya llevaban ocho juntos. Luis Alfonso reconoció sin rodeos que esta ceremonia fue motivada por un momento en el que aseguró que “venía portándome malcito”. Cuando el dinero empezó a llegar por su éxito en la música, el artista reconoció que se desconcentró. “Me empezó a hacer daño ganar platica, porque entonces como ya estaban todas las cositas y la neverita llena, entonces ‘no, hoy voy a emborracharme’”, expresó.
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Admitió que en ese periodo admitió haberse puesto “de coqueto con una muchacha”, algo que afectó profundamente a Luisa. Fue ella quien puso el punto final con una frase directa, según recordó el payanés: “O nos cogemos de la mano y reseteamos el casete y nos ponemos juiciositos otra vez, o esto se va a la mierda”. Desde entonces dejó el licor, limitado a ocasiones muy esporádicas según sus palabras. En esa segunda boda tampoco hubo luna de miel.
La tercera boda llegó cuando Luisa le dijo que quería casarse “bien casada”, sin que mediara ninguna disculpa y con luna de miel de verdad. La ceremonia fue privada, solo con familia cercana. Se casaron a las diez de la mañana, almorzaron y esa misma tarde se fueron una semana a Costa Rica.
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Hoy dice que el trago “ya no le gusta”. Entrena, cuida lo que come y reconoce que no es el hombre perfecto, pero que todos los días trabaja para serlo. “Todos los días trato de ser una mejor versión de mí, de superarme, de manejar mis propios demonios”, manifestó. En cuanto a los vacíos que le dejó la infancia, dijo que los fueron llenando sus hijos con amor. “Llegaba el día del padre y llegaban con un abrazo: ‘Papi, feliz día, te amo’. Esos vacíos que yo tenía me los fueron llenando ellos”, aseguró.