Luis Manuel Otero Alcántara, expreso político cubano: “Hay miedo a que Trump intervenga como en Venezuela y deje al castrismo en el poder”

2026/09/27

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27 sep 2026 - 07:55

Para Luis Manuel Otero Alcántara (La Habana, 1987) la vida ha cambiado tanto en los últimos dos meses que le cuesta responder a la sencilla pregunta de cómo se siente. A principios de julio todavía cumplía condena en la prisión de máxima seguridad de Guanajay, en Cuba, acusado por escándalo público durante las históricas protestas antigubernamentales de 2021, un eufemismo utilizado contra presos políticos, según las organizaciones de derechos humanos. Reconocido en su país por ser uno de los líderes del Movimiento San Isidro, un grupo que aboga por la libertad de expresión en Cuba, Otero Alcántara se convirtió en prisión en una de las caras más famosas de la disidencia cubana. Su historia trascendió a su celda, y sus huelgas de hambre y mensajes políticos provocaron un fuerte impacto mediático; hasta el punto de que la revista Time lo consideró en 2021 como una de las 100 personas más influyentes del mundo.

Tras cinco años encerrado, tiempo en el que no dejó de pintar y expresar sus opiniones políticas, finalmente fue puesto en libertad en julio de este año. Eso sí, a cambio de marcharse del país. Con él podría irse su obra, pero no su familia. El 18 de ese mes, tras varios días en paradero desconocido, aterrizó en el aeropuerto de Miami. En esta ciudad estadounidense, convertida en símbolo del exilio y la inmigración cubana, atiende a 20minutos para hablar sobre su paso por la cárcel, el futuro de Cuba y su visión acerca de las políticas de Donald Trump para su país: desde el aumento del bloqueo económico hasta una posible intervención militar como la ocurrida en Venezuela.

¿Qué recuerda de lo que estaba sucediendo en Cuba antes del estallido social del 11 de julio de 2021?

Recuerdo que un mes antes yo había estado preso en un hospital tras haber hecho huelgas de hambre y de sed porque la Seguridad del Estado había entrado en mi casa y había roto unas pinturas. Desde el 27 de noviembre del año anterior ya estaban sucediendo cosas: protestas de los artistas frente al Ministerio de Cultura, marchas de la comunidad LGTBIQ, diferentes movimientos feministas, una marcha por los derechos de los animales frente al Ministerio de Agricultura, protestas de comerciantes fuera de La Habana… Había toda una efervescencia de la sociedad civil cubana que se estaba construyendo a partir de molestias muy particulares, y cada uno estaba articulándose desde su espacio. Yo presentía que iba a pasar algo, porque tener 50.000 personas en la calle es fácil, el problema es qué pasa después.

El mismo día que empezaron las movilizaciones es cuando le detienen. 

Sí, en el momento en que salí de casa me comenzaron a llegar mensajes. Yo pensaba que era una manifestación más, pero cuando empecé a ver en las redes sociales lo que estaba ocurriendo en varios lugares entendí que era diferente. En la esquina de mi casa había un puesto de mando de la Seguridad del Estado que ese día no estaba. Logré llegar a La Habana y allí me cogieron. Yo era una persona muy visible y me detuvo la Policía, que me llevó a Villa Marista, que es como el templo de la represión en Cuba.

¿Qué explicación le dieron cuando lo detuvieron?

No te dicen nada: te montas o te montan. Como conoces el lenguaje de la violencia de la Policía no te resistes. Son cuatro personas que saben cómo reducirte a la nada. Entonces te montas y ya luego verás si te sueltan o no. Recuerdo que, durante el camino, la radio del patrullero decía: “Vienen 3.000 personas por no sé dónde” y “vienen 4.000 personas por otro sitio”. Eso me daba una alegría enorme porque estaba sintiendo lo que estaba pasando. El 11 de julio y todo lo que pasó después fue brutal a pesar de la represión y de que el régimen sacara todas sus armas y todo su odio a la calle, manteniendo a más de mil presos políticos sostenidos durante los últimos cinco o seis años.

¿Cómo fue el juicio?

Fue una demostración contundente de que era un circo y de que lo que me estaba condenando era una dictadura y no un sistema legal de un Estado de Derecho. Las pruebas que presentaron a través de testigos no describían nada por lo que se me estaban juzgando. Hablaban de una cosa y me estaban condenando por otra. La condena supuestamente era por escándalo público y desacato. En el sistema legal cubano, si tienes sonido puesto fuera de tu casa pueden acusarte de escándalo público, pero si la policía llega y te dice que lo bajes y tú lo bajas no pasa nada. Un agente de la Seguridad del Estado reconoció en pleno juicio que eso fue lo que ocurrió y recuerdo que el fiscal lo miraba como diciendo: “Ese no es el guion que nos dieron”. A esa persona le habían dicho que dijera lo que quisiera, porque de todas formas me iban a condenar. Eso demuestra que podían haber sido cinco años o podían haber sido veinte. A Maykel Osorbo le dieron nueve años y tampoco sabemos por qué. Son cosas que ellos deciden. Al final de los cinco años yo pensaba que podían seguir extendiendo la condena e inventar cualquier cosa. ¿Cómo iba a saber el mundo si era verdad o no?

¿Cómo te comunicabas con el exterior desde prisión?

Los presos tienen derecho a diez o veinte minutos de teléfono dos días a la semana. Yo, como preso político, tuve a alguien vigilándome durante los cinco años que estuve en prisión. Estaba ahí mientras hablaba por teléfono y escuchaba todo lo que decía. Además, había otro escuchando por otra línea. Tú decías algo y al momento venía corriendo a decirte que no podías decirlo, por lo que también había un ejercicio de resistencia. Hablar con tu novia, con tus amigos o con tu hijo era lo que te daba energía y oxígeno para aguantar.

¿Qué ocurría cuando decía algo que no les gustaba?

Me aislaban en una celda de castigo diez días y me dejaban un mes sin teléfono. Imagínate un mes sin poder hablar con tu gente, cuando diez minutos de teléfono son como oro. Pero para mí el teléfono también era un arma para sacar mi arte. Yo hablaba por teléfono y dictaba a muchas de las personas que me ayudaron en esos años mis obras. Les decía: “Quiero hacer esta intervención pública y este gesto”. Les dictaba por teléfono y ellos interpretaban lo que yo decía y hacían la obra.

El 11 de julio y todo lo que pasó después fue brutal a pesar de la represión y de que el régimen sacara todas sus armas y todo su odio a la calle

¿Cree que influyó en el trato que le dieron en la cárcel el hecho de que cada vez fuera más conocido?

Mi situación en la cárcel fue cambiando con los años, y eso ha generado polémica por parte de gente que quiere devaluar lo que has hecho. Y no es porque yo quiera sentirme más o menos héroe, porque no lo soy, simplemente soy un ciudadano que tomó la decisión de ser honesto y responsable con la gente que le rodea. Tengo la fuerza, la juventud, el talento y las ideas, y las pongo en función de la gente. El cuerpo, por supuesto, sufre, pero es resistente y sigues empujando hacia delante. No le tengo miedo a la dictadura porque para mí la muerte no es el final de nada, solo un proceso natural. Si me toca morir ahora mismo, lo voy a aceptar, y viniendo desde ahí, el régimen te respeta mucho más. Tuve privilegios, pero también desventajas. Por ejemplo, no tuve derecho a libertad condicional por buena conducta ni podía ver a mi hijo fuera de los días de visita, como sí ocurría con presos comunes. Pero, al mismo tiempo, la policía conmigo no se metía ni me golpeaba porque yo tenía una voz amplificada. Los últimos dos o tres años la situación fue mejorando a medida que se iba haciendo más famosa mi imagen a nivel internacional. Empezaba a tener más impacto y ellos comenzaron a regularse.

¿En qué lo notó?

Llegó un momento en el que me pusieron en una celda con otro preso y podía incluso pintar. Además, si me enfermaba, al momento se preocupaban. Me iban monitoreando mis estados de ánimo con psicólogos y psiquiatras. El encierro es una experiencia sumamente difícil y te dabas cuenta de que, cuando veían que mi nivel de estrés, depresión o frustración llegaba a determinado nivel, corrían y daban algún beneficio penitenciario. La última vez que estuve en una celda de castigo fue aproximadamente a los tres años de estar en prisión. En esa celda pinté unas obras que me quitaron porque aparecían militares. Son las pinturas más oscuras que he hecho en mi vida. Estoy seguro de que ellos vieron en ellas el tema del suicidio, de llevar a un ser humano a un extremo psicológico. Después de aquello nunca más estuve en una celda de castigo. Te das cuenta de que ahí hubo un cambio y vieron que si seguían presionando me iban a fracturar y ya no iba a hacer lo que ellos querían.

¿Cuándo se dio cuenta de que cumplidos los cinco años iba a poder salir de la cárcel? 

Unos veinte días antes. Vinieron y me dijeron: “Te vas en un mes”. Después me dijeron que iban a hacerme el pasaporte y cuáles eran las condiciones, porque desde el principio me dijeron: “Usted no va a caminar nunca más por las calles de Cuba”. Ellos entendían que yo había sido uno de los motores que habían movido todo aquello. Y una bestia no se deja matar por un gato. Uno también se va dando cuenta de su importancia y el impacto que generas.

Eso suponía separarse de su familia.

Ahora mismo mi hijo está en una situación difícil para mí, ya que le van a llevar al servicio militar obligatorio siendo menor de edad. Tiene 16 años y a mi cabeza viene la imagen del 11 de julio, cuando los muchachos del servicio militar, niños que fueron obligados hasta allí sin mucha información, golpeaban con palos a la gente de la calle. También pienso en que si se produce una intervención militar él tendría que estar ahí para defender. Hay tantas imágenes que vienen a mi cabeza relacionadas con algo que es obligatorio, pero sin la que no puedes hacer muchas cosas. Si no haces el servicio militar no puedes ir a la universidad u otras cosas como salir del país. Siempre hay una atadura con esa realidad, hasta tal punto que si siento que mi hijo está en peligro o está pasando algo que está mal, una de mis opciones es volver a Cuba de una manera u otra.

¿Ahora mismo no le dejan volver a la isla?

No. Legalmente no puedo coger un pasaje y regresar a Cuba. No me van a recibir. Anamely Ramos lo intentó y American Airlines ni siquiera la dejó subir al avión. También hay gente que se ha montado en el avión y en el aeropuerto de La Habana les han hecho regresar. En mi caso particular, estamos viendo cómo pinta el futuro inmediato. Mi familia se quedó atrás, sobre todo mi hijo, pero también mi tía, y tienes que lidiar con todo eso.

No le tengo miedo a la dictadura porque para mí la muerte no es el final de nada, solo un proceso natural. Si me toca morir ahora mismo, lo voy a aceptar

¿Cómo fue el recibimiento de la diáspora cubana en Estados Unidos? 

Fue espectacular. Desde la bienvenida en el aeropuerto hasta el recorrido posterior a la Ermita de la Caridad del Cobre, donde hice una performance que tuvo una magnitud y dimensión que impactó mucho en los cubanos y las cubanas. Para un ser humano que llega después de cinco años en prisión, que es como estar en coma, tienes que empezar a caminar como si fueras un niño pequeño. Incluso ahora voy a restaurantes o me invitan a comer, me dan la carta y digo: “No sé qué quiero”. Vienes de cinco años en los que la comida era arroz sucio, pasta y cosas que no sabes ni que son. Y entonces llegas aquí, con la diversidad de sabores, olores y colores y tienes que volver a aprender a tomar decisiones. Lo mismo pasa con la ropa. Durante cinco años me vestí con un uniforme gris y blanco que lo lavabas y te lo volvías a poner. La ropa también es un manifiesto político. Yo me he vestido de una manera u otra para generar diferentes impactos. 

Precisamente su aspecto generó cierta polémica incluso por parte de la oposición cubana en el exterior, que criticó que tuviera buen aspecto después de tantos años en prisión o que llegara a Miami con un reloj brillante.

Uno se da cuenta de que había una especie de estructura preparada para que se fuera a por mí desde el momento en el que bajara del avión. Yo me monté en el avión y me hicieron una foto y, desde ahí, comenzó todo. No había abierto la boca y ya estaban hablando del reloj, de mis músculos y de que estaba fuerte. Tú no sabes si estoy hinchado, si tengo exceso de líquido en el cuerpo o qué fue lo que pasó. Y ahí te das cuenta de que hay una matriz de opinión que se dispara. Creo que también hay personas o grupos que sienten que mi imagen o la del Movimiento San Isidro es un peligro, porque viene a poner en crisis la comodidad y las zonas de confort. Tú estás sentado hablando ante un micrófono de la dictadura, tienes tus likes y tus visitas, mientras hay nueve millones de personas en Cuba sufriendo. Entonces tienes que bajarme el alcance para que tenga menos seguidores y la gente se confunda. Uno entiende eso y sigue trabajando. Yo amo a Cuba con sus errores y sus horrores. Soy un tipo polémico porque creo que la polémica genera una ruptura dentro del pensamiento. Y para que el músculo crezca tiene que romperse. El cerebro también es un músculo, y se rompe para poder crecer.

Otra de las cosas que sorprendieron es que le dejaran llevarse sus obras del país. ¿Por qué cree que ocurrió? 

Porque sabían que si no me dejaban sacar las obras, me moría. Y ellos no me querían fuera, pero no muerto. Para mí el martirio es una opción que nunca he desechado, y yo por el arte me muero. En parte porque esto es mi vida y es lo que más amo en el mundo, más que a mi familia y a mis amigos, y mira que para mí ellos son lo más grande. El arte es una herramienta que Dios puso en mis manos y que yo no le pedí. Una herramienta de transformación ciudadana y de transformación del mundo a la que yo pongo mi pequeña parte. El arte es mi amor eterno y también es el legado que dejo a la humanidad. Ese compromiso brutal lo llevo hasta las últimas consecuencias. Por eso saqué de la prisión todas estas obras. Es una responsabilidad, para que el mundo pueda entender o ver un fragmento de lo que significa estar encerrado.

En el último año la situación en Cuba ha sufrido grandes cambios y América Latina ha vuelto a convertirse en uno de los focos principales para la política exterior de Estados Unidos, como ha recordado Donald Trump hace escasos días en la ONU. ¿Cree que hay similitudes entre lo ocurrido en Venezuela y lo que podría pasar en Cuba?

Creo que los procesos en los países son diferentes. Venezuela tiene una estructura económica, política y social diferente a la cubana. Ellos llevan más de veinte años con el chavismo en un sistema que es una dictadura, pero con partidos y estructuras de civilidad en la cabeza de la gente. Cuba es un país que lleva más de sesenta años con esto y, por tanto, somos analfabetos cívicos y políticos. Ahora mismo no tenemos un partido que la gente pueda entender qué supone o lo que es tener un líder opositor que pudiera optar al poder. Eso es una cultura que se va construyendo a medida que vas tropezando y levantándote. Pero Cuba se deconstruyó por completo, ya que hemos encadenado dictaduras desde hace casi 100 años entre Machado, Batista y Fidel.

¿Una intervención de EEUU es un escenario que ven factible?

Ahora mismo hay muchas teorías y posibilidades: una intervención militar, una intervención quirúrgica, un estallido social… Yo sí creo que Cuba tiene que salir de la dictadura. El sistema corrupto es, para mí, uno de los mayores lastres que generó este sistema. Existe una cúpula que no está para servir al pueblo ni para ser un servidor público, sino para que el pueblo le entregue las cosas que le corresponden. El segundo horror de la dictadura es la represión: de pensamiento, de lenguaje, de expresión y de que el pueblo pueda tomar el pulso de su país con sus propias manos. Un dirigente tiene que ser eficiente, porque si no lo que hace es reprimir y exprimir a su país. Tenemos entre cuatro y cinco millones de exiliados. Personas brillantes que deberían estar en Cuba aportando al cubano. Por eso el futuro inmediato es que se acabe la dictadura de una manera u otra. Y la gente visualiza una intervención militar con muertes, pero ese es un imaginario construido por la dictadura. En Venezuela fueron, sacaron a Maduro y se fueron, dejando todo eso que pasó allá adentro.

Y pese a capturar a Maduro, dejaron la estructura chavista…

Entre opositores y activistas existe el temor a que eso ocurra y a que las negociaciones entre la Administración de Donald Trump y los Castro terminen con ellos en el poder, con libertades económicas y cambios maquillados. Y que la oposición que lleva años trabajando y aportando, que es la que tiene las herramientas para construir una Cuba democrática, no sea tenida en cuenta. Tenemos una historia de cientos de años y no queremos que vuelva a ocurrir lo que sucedió con los estadounidenses y españoles a principios del siglo XX. Ese tipo de colonialismo y esa idea de llegar, invadir una realidad y después ponerse de acuerdo con otros sin contar con quienes están allí.

El gran problema de la dictadura cubana es la corrupción, tienen millones de dólares guardados. Tú ves a Díaz-Canel y a sus hijos viviendo en Europa y en hoteles. ¿El bloqueo no les afecta?

¿Cree que Estados Unidos no está teniendo en cuenta a la oposición cubana? 

Es uno de los errores que se están cometiendo en este momento. No se están poniendo encima de la mesa a figuras de la oposición como Rosa María Payá, José Daniel Ferrer, Elizardo Sánchez y cientos de opositores que tienen estructuras y aspiraciones políticas. Hay mesas de diálogo y personas inteligentes que están pensando en cómo construir el futuro. Que llevan años en Estados Unidos, que conocen cómo funcionan las economías abiertas, la libertad y la democracia y que quieren aportar a Cuba. Y no personas como ‘El Cangrejo’ (nieto de Raúl Castro), corruptos, dictadores, niños malcriados que desde que nacieron se lo dieron todo. Es un país quebrado, pero se echa la culpa a los americanos de que no hay corriente en Cuba, cuando tú ahora mismo podrías tener toneladas de petróleo entrando.

Desde el Gobierno cubano y otros lugares del mundo se ha criticado precisamente ese bloqueo económico de Estados Unidos por cómo afecta a la población. ¿Qué opina sobre el embargo a Cuba?

Hace unos días escuché que había un grupo de personas de izquierda pidiendo sanciones para Israel. Se puede pedir sanciones para Israel o para quien creas que está haciendo algo mal, como por ejemplo al apartheid de Sudáfrica en su momento, pero apoyas a una dictadura. El gran problema de la dictadura cubana ni siquiera es económico, es la corrupción, porque ellos tienen millones de dólares guardados. Tú ves a Díaz-Canel y a sus hijos viviendo en Europa y en hoteles. ¿El bloqueo no les afecta? Ahora, cuando los soviéticos mandaban millones de rublos a Cuba también había represión, presos políticos, estudiantes presos y artistas perseguidos, como Padilla. Hay sesenta años de ejemplos. ¿De qué hablan cuando dicen que las sanciones son las responsables de que el pueblo sufra? El pueblo sufre porque vive bajo una dictadura. De hecho, lo que me genera más problema es que el embargo no ha sido una herramienta eficaz para romper la dictadura. Yo quiero algo que pueda venir del pueblo cubano: un estallido social, una intervención, lo que sea. El pueblo cubano necesita una solución que verdaderamente nos quite de encima a la dictadura.

¿Se está más cerca o más lejos de ese cambio político en Cuba?

Cuando te sientas a hablar con generaciones anteriores a la mía, cada una tuvo su momento. Uno fue cuando cayó el muro de Berlín, pero después hemos tenido muchos otros que parecían buenos para la caída de la dictadura. Y, de hecho, yo creo que en cada uno de ellos la dictadura se cayó. Hoy es mi momento. Nuestro momento. Son varias generaciones luchando. Todo mi proyecto de vida, artístico y cultural está construido alrededor de esa idea. Y la prueba de que se acabó es que hoy siguen saliendo personas a la calle. Y ya no salen solamente opositores, activistas o personas con conciencia política. Sale la gente que perdió el miedo. Eso viene de una explosión social que quiere otra cosa. Puede que no tengan todavía la cultura cívica para explicar qué buscan políticamente, pero saben qué quieren: comida, electricidad, medicinas y un futuro. Y la dictadura no se lo va a brindar. El Gobierno ha salido cientos de veces en televisión diciendo que no tenemos solución, que será dentro de dos o tres años. No va a venir Dios ni nadie a hacerlo por nosotros. Los cubanos vamos a lograrlo. Fuera de Cuba están las mentes más brillantes y estamos pensando en el fin de la dictadura. Como dice la canción de ‘Patria y Vida’: “Se acabó”.

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