Luis Rodríguez aprendió a trabajar el muyuyo a los 17 años y hoy elabora artesanías para el hogar

2026/10/18

A sus 45 años, el artista alterna la elaboración artesanal con sus estudios universitarios de Jurisprudencia.

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18 de octubre, 2026 - 07h00

Las ramas de muyuyo y bejuco son los materiales que Luis Rodríguez utiliza para elaborar mesas, sillas, maceteros y artículos decorativos.

A sus 45 años, este guayaquileño continúa practicando un oficio que aprendió durante su adolescencia en Playas y que actualmente desarrolla junto con su esposa, Martha Vera, quien participa en el diseño de las piezas.

En su trabajo, el muyuyo sirve como base de las estructuras y el bejuco permite dar forma a los muebles y adornos. Rodríguez corta, une y acomoda cada pieza según el diseño que desea elaborar o el pedido que recibe de sus clientes.

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Para determinados artículos utiliza madera de cedro, especialmente en las tablas que personaliza mediante pirografía, una técnica que permite realizar dibujos y escribir frases sobre la superficie.

Su acercamiento a este oficio ocurrió después de regresar de Estados Unidos, país al que había viajado con su familia cuando tenía 5 años. Permaneció ocho años en Nueva York, donde cursó parte de sus estudios, y posteriormente sus padres se trasladaron a Playas.

Tenía 17 años cuando, durante una caminata, encontró un taller donde se elaboraban artículos con materiales naturales. Se acercó para solicitar trabajo y recibió la oportunidad de aprender de un artesano al que recuerda por la paciencia que tenía con sus trabajadores.

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“Uno aprendía solito viendo, literalmente uno aprende viendo. No es que él te dice aquí no, pues aquí no. Todo fue viendo, observando”, recuerda sobre sus primeros años de aprendizaje.

Permaneció un tiempo trabajando junto con su maestro y comenzó a desarrollar sus propios diseños. Más adelante incorporó nuevos elementos, entre ellos la pirografía y pequeños recipientes para cactus y suculentas, que actualmente forman parte de los productos que ofrece.

Un oficio que alterna con sus actividades laborales

Rodríguez vivió durante algunos años en Playas, pero las dificultades para obtener ingresos constantes mediante las artesanías lo llevaron a trasladarse a Guayaquil. En la ciudad consiguió un empleo estable que mantuvo durante aproximadamente diez años, aunque continuó realizando trabajos artesanales.

Actualmente estudia Jurisprudencia y se encuentra en el segundo semestre de su formación. Para generar ingresos trabaja como conductor mediante aplicaciones de transporte y atiende los pedidos de su emprendimiento, Arte Rústico, que durante este año comenzó a difundir con mayor frecuencia en redes sociales.

Su esposa, Martha Vera, de 44 años, interviene en la creación de los diseños y lo ayuda a decidir cómo elaborar determinados artículos. La participación familiar se extiende a sus dos hijas, de 4 y 11 años, quienes suelen acompañarlo cuando trabaja.

La menor tiene herramientas de juguete y se acerca para preguntarle si puede ayudarlo. La mayor colabora con tareas sencillas, como alcanzar materiales y participar en el lijado de ciertas piezas.

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Durante 2026, Rodríguez comenzó a publicar videos y fotografías de sus productos en Facebook, TikTok e Instagram. Hasta el momento de la entrevista había participado en dos ferias, una durante las fiestas julianas y otra en Chongón, donde presentó parte de sus trabajos.

Del muyuyo y el bejuco a los artículos para el hogar

La elaboración comienza con la obtención de los materiales. Rodríguez explicó que existen dos alternativas: adquirirlos a personas que se dedican a recolectarlos o desplazarse personalmente a las zonas donde crecen.

En años anteriores ingresaba a sectores boscosos para conseguirlos. Mencionó sitios de Manabí y Cerecita, donde todavía puede adquirir parte de la materia prima. En una de aquellas salidas llegó a extraviarse durante aproximadamente una hora, pese a que había señalado el camino por el que ingresó.

Una vez que dispone del material, prepara las piezas según sus dimensiones y la estructura que necesita. Explicó que los objetos pequeños pueden requerir mayor cuidado, debido a que cualquier diferencia en las medidas afecta el ensamblaje.

Para elaborar un juego de muebles, cuando trabaja solo y no existe urgencia de entrega, le toma alrededor de quince días. Si recibe pedidos de mayor volumen, solicita la colaboración de personas que conocen el oficio.

Entre los artículos que ofrece se encuentran tablas decorativas con pirografía desde ocho dólares, juegos de cinco piezas pequeñas por aproximadamente quince dólares y floreros elaborados con cáscaras de coco por veinte dólares. Las sillas de mayor tamaño pueden alcanzar los sesenta dólares por unidad.

El artesano reutiliza cáscaras de coco para fabricar floreros y segmentos de caña para determinados adornos. A las piezas de madera les incorpora nombres, dibujos, oraciones o frases que solicitan los compradores.

Rodríguez explicó que uno de los inconvenientes de su actividad es la comparación de precios con los muebles elaborados industrialmente. Según indicó, el trabajo manual requiere tiempo para preparar, ensamblar y revisar cada artículo, por lo que los costos pueden variar según el diseño.

Aunque actualmente elabora artículos pequeños por las condiciones del lugar donde trabaja, continúa recibiendo consultas para fabricar muebles de mayor tamaño. Los pedidos personalizados los coordina directamente con sus clientes, a quienes solicita los diseños y las medidas antes de comenzar la elaboración. (I)