27 de octubre, 2026 - 06h00
Luego del resultado de la primera vuelta, parecía improbable que Lula pueda ganar en la segunda vuelta sabiendo que la expectativa de los votos de los otros candidatos era más para la tendencia del senador derechista Flávio Bolsonaro.
Bolsonaro ganó la primera vuelta con 47 % de los votos, casi dos puntos más que Lula, y partió al balotaje como favorito con el apoyo de otros candidatos que sumaron más de 5 % de sufragios.
Lula pegó la remontada histórica y ganó su cuarto mandato presidencial al recibir 51,8 % de los votos válidos en el balotaje (Bolsonaro obtuvo 48,2 %).
El resultado también marca un récord, por ser la primera vez desde que Brasil adoptó este sistema electoral en 1988 que un candidato presidencial es derrotado luego de pasar al balotaje con más votos que el segundo.
Según los especiales que se pronunciaron en los medios de Brasil, hay al menos tres claves para el triunfo.
La primera son las redes sociales y el ambiente en las calles. Lula dio un giro en la estrategia del manejo de las redes sociales manejado –según la BBC- por André Janones, quien convirtió un canal de WhatsApp abierto en abril con el nombre de “Ejército de Lula” en un motor de la campaña del presidente sumando miles de integrantes por donde se posicionaron los mensajes y narrativas digitales ganando el índice de popularidad digital según la encuestadora Quaest. Esto se suma a las movilizaciones en la calle de Lula que contagiaron entusiasmo ante una fría campaña de Bolsonaro.
La segunda clave según los expertos fue que Lula aprovechó que está en el Gobierno para tomar entre la primera y segunda vuelta medidas sociales de impacto en el metro cuadrado de la gente (aumentó y adelantó los pagos de Bolsa Familia, alivio a las familias endeudadas y los subsidios a combustibles) para mí la más importante fue la reducción de la semana laboral de seis a cinco días, o de 44 horas a 40.
Y finalmente, un tercer factor sin duda fueron los dos debates en los que Lula demostró que sabe más por viejo y por diablo, logrando ganar con emociones a ese electorado indeciso al que le dio más certezas y seguridades frente a un Bolsonaro que no supo transmitir con claridad hasta dónde irían las medias sociales en su gobierno generando incertidumbre que terminó siendo su peor enemigo. En los debates, Bolsonaro se mostró corto de contenido social, de propuestas y reflejó inexperiencia. Lula todo lo contrario.
Brasil se aleja con este triunfo de la tendencia ideológica de derecha que se estaba imponiendo en América.
Lula –y Brasil– siempre serán actores importantes y bien hizo el presidente Daniel Noboa en prontamente facilitar y reconocer el triunfo dada la buena relación que hay entre los dos mandatarios, quienes ya habían fijado una agenda conjunta de trabajo.
Una vez más vemos que la polarización se define en una masa pequeña de la población que mira su metro cuadrado, su bienestar, que no se altera ni por encuestas ni por algoritmos; se mueve por su familia, por su trabajo y por su estabilidad. Mensaje recibido. (O)