Mansión Saavedra Zelaya: de palacete Belle Époque a albergar al Lenguas Vivas - LA NACION

2026/07/29

Desde 1963, el emblemático instituto educativo especializado en idiomas ocupa la bella residencia de Retiro, construida a principios del siglo XX en terrenos entonces ubicados a la vera del Río de la Plata

29 de julio de 202603:597'minutos de lectura

El barrio de Retiro preserva aún parte del corazón de la Belle Époque; tanto que otrora se ganó el elegante rótulo de la “París de América”. Fue en aquellos años dorados cuando la aristocracia mostraba su estirpe apelando a la arquitectura de líneas afrancesadas.

Precursor, don Luis María del Corazón de Jesús Saavedra Medrano compró en 1865 extensiones de tierra periféricas del trazado urbano principal que formaban parte de la quinta de los Estrada y en cuyo suelo crecían de modo anárquico los matorrales y las lluvias embarraban esos arrabales. Todos consideraron que era una mala inversión, pero él siguió su propósito.

Las gradas en el sector nuevo. Detrás, el señorial palacio.Hugo Mouján
Luis María Saavedra, el acaudalado empresario que hizo construir la mansión.

Justo cuando la calle Carlos Pellegrini se precipita hacia el Bajo porteño con un pronunciado declive, cruzando la actual coqueta Arroyo, ahí sobresale la hermosa casona familiar de dos plantas rodeada de jardines y parque, con caballeriza, patio de carruajes e invernadero, que hizo construir el acaudalado hombre de negocios y hacendado.

Podría decirse que fue un visionario si describimos su entorno actual. Concluida en 1905, está rodeada por el lujoso Four Seasons Hotel, la Avenida 9 de Julio y el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco por detrás, junto a la capilla Sagrado Corazón de Jesús y compartiendo la manzana con la torre cilíndrica de 107 metros de altura conocida como “El Rulero” y llamada oficialmente Torre Prourban.

La mansión Saavedra Zelaya (por su esposa, María Dámasa Francisca Zelaya Salas, con quien tuvo 6 hijas y un varón) es donde, desde 1963, funciona el prestigioso “Lenguas Vivas”, acotada mención coloquial para hablar del Instituto Nacional del Profesorado en Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández”.

Fachada de la residencia Saavedra Zelaya. El Lenguas Vivas funciona allí desde 1963.Fondo documental del IESLV
Dámasa Zelaya de Saavedra.

Fue creado el 10 de febrero de 1904 (continuador de la pionera Escuela Normal de Mujeres N° 2) gracias al decreto firmado en esa fecha por el presidente Julio A. Roca y su ministro de Instrucción Pública, Juan Ramón Fernández (de ahí el nombre completo del establecimiento). Sin dudas, es una verdadera academia de los idiomas.

Fue la primera institución pública dedicada a preservar el conocimiento y formar profesionales en lenguas extranjeras para ejercer la docencia o el traductorado. Valga decir que entre sus docentes ilustres estuvieron la poetisa Alfonsina Storni y el magnífico Jorge Luis Borges (y su padre en la materia psicología).

Paula López Cano, rectora: aquí se formó y lo conduce por segunda vez.Hugo Mouján
Escaleras e importantes barandas labradas, en el área del piano nobile.Hugo Mouján

Paula López Cano, quien es egresada de la institución, ejerce el rectorado por segunda vez; una elección que surge del voto del cuerpo docente de nivel superior. “Como somos la institución más antigua en Lenguas Vivas y en los comienzos no estaba formalizada la enseñanza de idiomas, las primeras profesoras habían hecho alguna capacitación localmente o en Europa y presentaban como currículum haber instruido a los hijos de determinadas familias reconocidas o se desempeñaron en embajadas”, asegura.

Ciertamente, cuando se piensa en los legendarios palacios escuela de Buenos Aires levantados con ese fin, el mejor ejemplo es el Instituto Bernasconi. Sin embargo, también sobresalen aquellos centros educativos que se alojaron en deslumbrantes moradas de la clase rica de antaño, como el Lenguas Vivas, que primero tuvo sus aulas en Esmeralda y Cuyo (hoy Sarmiento), pero un derrumbe vecinal afectó la estructura y hubo que mudarse.

El puma

La lujosa vivienda, de unos 60 m de frente y una superficie total de 3512 m2, tiene su puerta principal sobre Carlos Pellegrini 1455, arteria que antiguamente se llamaba Calle de las Artes dado que en su trayecto se concentraban talleres de artesanos talabarteros –que confeccionaban monturas y aperos– y plateros que producían piezas utilitarias (mates, espuelas, frenos de caballos, vainas de cuchillos) y ornamentales para las familias pudientes.

La mansión Saavedra Zelaya en la bajada de Carlos Pellegrini.Hugo Mouján

Se ingresaba por una ancha escalera de mármol a lo que era la recepción, para continuar con la antesala, el comedor, la sala de música, salones secundarios y biblioteca. En tanto que una amplia escalera de madera y barandas de bronce daba paso al primer piso con habitaciones y a una capilla. Al lado del edificio principal estaban las viviendas del personal de mantenimiento (herreros, jardineros, albañiles...), solar que fue donado al Pequeño Cottolengo de Don Orione.

La estructura en forma de ángulo de 90° conteniendo los jardines permitía el ingreso de luz a las galerías con vastos ventanales y a los distintos ambientes. Poblado de palmeras, árboles, flores y una fuente en el medio, fue un hábitat no tan hostil para el cachorro de puma que tuvo como mascota la familia, como lo testimonia una imagen de Mercedes (una de las seis hijas) sentada junto a un ejemplar aún moteado por su corta edad.

Mercedes, una de las hijas del matrimonio Saavedra Zelaya, y su felino como mascota.Fondo documental IESLV

En tren de anécdota –no certificada– hay relatos que aseguran que, en 1934, estando de visita el cardenal Eugenio Pacelli, quien se hallaba en la Argentina por el Congreso Eucarístico, vivió un episodio con el manso pumita ya que le desgarró la sotana y hubo que buscar de urgencia una de reemplazo porque debía oficiar una importante misa. Cabe citar que un lustro después el purpurado fue ungido sumo pontífice como Pío XII.

La posesión del animalito hoy representa una crueldad; sin embargo, en esos tiempos era común tener u obsequiar animales salvajes, puesto que denotaban fortuna y estatus. Felinos, primates y aves exóticas aparecían en cuadros y fotos. No solo había que ser, sino también parecer.

Matrimonio de María Luisa Saavedra Zelaya y Oscar Carreras, en 1908.

A propósito de las chicas Saavedra Zelaya, una de las leyendas fantasmales que rondan en el instituto educativo es que cada tanto aparece en la galería una de ellas ataviada con un vestido de época y se menciona que alguna vez le abrió una puerta a una autoridad.

Don Luis María (quien era sobrino de Cornelio Saavedra, el presidente de la Primera Junta) murió en 1900 y doña María en 1929. Dos décadas después (en 1948), sus descendientes vendieron al Estado la propiedad en una subasta, si bien la capilla, altares, imágenes y reclinatorios fueron a manos del Cottolengo. Al principio, el Gobierno destinó el inmueble a oficinas administrativas del Ministerio de Cultura y Educación hasta que en 1963 lo ocupó el Lenguas Vivas.

¿La autoría?

El “edificio protegido”, según consta en un baldosón empotrado en la vereda, mantiene una incógnita. ¿Quién lo diseñó y/o construyó? Algunas fuentes dicen que fue el ingeniero y constructor Guillermo José Wheeler Mc Clymont (también autor de la ex Fábrica de Galletitas Canale) y otras versiones adjudican la autoría al arquitecto italiano Gerónimo Agostini. La cuestión es que el palacete quedó chico para la demanda y en 1993 se inauguró un nuevo edificio, moderno, sencillo, funcional, más cerca de Avenida del Libertador, en Pellegrini 1515, donde se imparte la instrucción a primarios y secundarios y cuyo patio central está en contacto con los jardines existentes.

Profesoras egresadas del Lenguas Vivas en 1913.AGN

La matrícula es de alrededor de 3000 alumnos y estudiantes que cursan los niveles primario, secundario y terciario. “Los primeros idiomas –dice la rectora– fueron inglés y francés y paulatinamente se fueron sumando portugués y alemán, hasta llegar a la actualidad con cuatro carreras del profesorado y cuatro del traductorado en los cuatro idiomas. Además de enseñarse español (para extranjeros que necesitan asimilarlo) y ofrecer un programa de extensión abierto a la comunidad donde se agregan italiano, árabe, ruso y japonés con solo pagar un bono de contribución para la cooperadora.”

Cabeza esculpida con motivos florales: hay varios detalles de categoría (cielorrasos pintados, boiserie, etc.) en la mansión.Hugo Mouján
Juan Ramón Fernández le da nombre al establecimiento.

Un detalle singular de años recientes es el aumento de la matrícula de chicos rusos en los primeros niveles, tendencia que se insinuaba por la cantidad de extranjeros de ese país inscriptos en el curso de español para adultos. “Siempre hemos tenido mucho vínculo con las embajadas y tratamos de mantener una idea que lanzó Juan Ramón Fernández desde el inicio en 1907: que los egresados puedan hacer una estadía prolongada de estudio en la nación cuya lengua están aprendiendo. Siempre se trató de lograr, aunque no haya podido concretarse masivamente”, afirma López Cano.

La Noche de los Museos, en noviembre, será la ocasión para conocer la mansión y la historia a partir de los materiales museísticos y los aportes del Fondo Documental que se ha encargado de la conservación de objetos, fotografías y documentos. No faltará el escudo azul y rojo, dividido por una cruz dorada con una leyenda que hace honor a su trayectoria educacional: Ad altiora tendimus (“tendemos hacia la perfección”).