Menos conocida pero mayor que el Vesubio, gran parte de esta ladera volcánica se encuentra bajo el agua y su última erupción fue en 1538

2026/09/26

Los Campos Flégreos constituyen una caldera volcánica gigantesca y activa emplazada al oeste de Nápoles, menos conocida por el gran público que el imponente Vesubio pero sustancialmente mayor en extensión geológica y potencial destructivo. A diferencia de las estructuras cónicas tradicionales, gran parte de sus más de 130 kilómetros cuadrados de superficie y sus 24 bocas eruptivas yacen actualmente sumergidas bajo el mar. Este complejo supervolcán mantiene en alerta permanente a los geólogos de la región de Campania.

La historia geológica de este sistema comenzó hace más de sesenta mil años, viéndose marcada por cataclismos de dimensiones épicas que transformaron el Mediterráneo. Destaca la erupción de la ignimbrita campaniana hace cuarenta mil años, la más violenta de la región, que sepultó dos tercios del territorio bajo espesas capas de toba y ceniza. Siglos más tarde, la erupción de la Toba Amarilla Napolitana devastó mil kilómetros cuadrados, provocando el colapso de la enorme caldera que hoy caracteriza la geografía napolitana.

Un territorio con semejante dinamismo telúrico alimentó desde la antigüedad fascinantes mitos y leyendas clásicas. Los colonos griegos creían que esta tierra convulsa era la tumba de los gigantes derrotados por Zeus, cuyas heridas ardientes emanaban fuego y agua. De la palabra griega flego, que traduce fuego, derivó el nombre de la región Flegrea. El insigne poeta Virgilio consolidó esta aura mística en la Eneida al situar en el cercano e imponente lago Averno la entrada principal hacia el mismísimo inframundo de la mitología romana.

Los depósitos piroclásticos expulsados durante la última erupción dieron origen al cono volcánico del Monte Nuovo

Durante el apogeo del Imperio Romano, la vertiente térmica y la extraordinaria fertilidad de los Campos Flégreos atrajeron a la alta aristocracia patricia. Ilustres personajes como Julio César y Nerón erigieron lujosas villas residenciales para disfrutar de las aguas termales y las saunas naturales excavadas en la roca. Sin embargo, el paulatino hundimiento del terreno sumergió la próspera ciudad balneario de Baia, convirtiéndola en una fascinante reserva arqueológica submarina conocida hoy internacionalmente como la Pompeya sumergida.

A pesar de su incesante desgasificación, el complejo volcánico ha permanecido relativamente dormido en época histórica, registrando su última erupción en septiembre de 1538. Aquel fenómeno freatomagmático, precedido por fuertes terremotos y elevaciones del suelo, duró una semana entera y destruyó por completo la localidad de Tripergole junto con sus célebres fuentes termales. Los depósitos piroclásticos expulsados durante esa semana dieron origen al cono volcánico del Monte Nuovo.

La peculiaridad geológica más singular de este volcán reside en el bradisismo, un fenómeno de elevación y hundimiento periódico de la superficie terrestre. Esta pulsación telúrica está impulsada por variaciones de presión en la cámara magmática y por una intensa actividad hidrotermal subterránea. Sus manifestaciones visibles más impactantes se observan en el cráter de La Solfatara y las fumarolas de Pisciarelli, donde continúan brotando incesantemente intensas columnas de vapores sulfurosos a elevadas temperaturas.

Tensión constante

En las últimas décadas, la reactivación del bradisismo ha desencadenado severos episodios sísmicos que mantienen en constante zozobra a la población local. Desde 2005, la caldera ha experimentado una elevación acumulada superior a 140 centímetros, acompañada por reiterados enjambres de terremotos que superan la magnitud cuatro en la escala de Richter. El Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología monitorea de manera ininterrumpida la zona para detectar cualquier alteración.

En la actualidad, más de 500.000 personas residen en la denominada zona roja de máximo riesgo volcánico, expuestas a un eventual plan de evacuación nacional. A pesar del peligro latente de los flujos piroclásticos, la población local continúa desarrollando su vida cotidiana aprovechando la enorme fertilidad de los suelos agrícolas y la belleza del litoral. Los Campos Flégreos representan así un territorio dinámico donde la historia milenaria, el mito clásico y la impresionante fuerza de la naturaleza conviven en permanente equilibrio.