Luego de rememorar y festejar, hay que tomarse el tiempo para reflexionar qué tipo de ciudad se quiere para el futuro...
1 de octubre, 2026 - 00h01
Hoy empieza el mes de Guayaquil, tiempo para rememorar, resaltar y festejar los 206 años de independencia de la ciudad del régimen español imperante desde su fundación, en 1534. Tiempo para honrar a ese grupo de valientes hombres y mujeres que en 1820 se organizaron y pudieron imponer sus ideales de libertad, marcando así el camino de lo que una década después sería la República del Ecuador.
Será, sin duda, un mes cargado de emociones. Desfiles, comparsas y representaciones del Guayaquil de ayer, desde escuelas, colegios y gremios. Conversatorios y ceremonias solemnes desde la academia, cámaras e instancias del poder gubernamental y local. Pero más allá de los actos, este mes en que el guayaquileñismo está a flor de piel y todos cantan con emoción la inspiración del mayor prócer local, José Joaquín de Olmedo, anunciando “esa aurora gloriosa que anuncia libertad”, este octubre que empieza hoy tiene la particularidad de ser un mes que está justo en la antesala de las elecciones más importantes para la ciudad en lo que va del siglo XXI: tiempo de elegir un alcalde o alcaldesa y un Concejo que saque a la ciudad del agujero en el que ha vuelto a caer, en la actual administración municipal.
A lo largo de estos 206 años de independencia, la ciudad ha tenido sus altos y bajos. Épocas gloriosas derivadas de la riqueza agrícola del cacao, que por suerte parece volver, o del banano que desde mitad del siglo XX se embarcaba hacia el mundo desde el malecón, cuando no existía otro puerto aún. Lamentablemente hay que recordar los terribles años 80, cuando la corrupción se enseñoreó en sus instituciones y la insalubridad se podía constatar por doquier. Vinieron los 90 y las cosas empezaron a cambiar, pero lo que parecía ser una administración en marcha ha retrocedido décadas en apenas 4 años.
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Es por eso que este octubre es muy significativo. Luego de rememorar y festejar, hay que tomarse el tiempo para reflexionar qué tipo de ciudad se quiere para el futuro y a quiénes se debe elegir como garantía de progreso. (O)

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