Messi, ante el desafío del gran símbolo que supone Inglaterra

2026/07/15

Hay partidos que huelen a historia, que transpiran rivalidad, que están llamados a ser mitos y que se incrustarán para siempre en la memoria individual y colectiva. La semifinal Inglaterra-Argentina de hoy en Atlanta no es un partido más. Ni para unos ni para otros porque les apela directamente a la identidad. Para ambos es el desafío del gran símbolo. Para la albiceleste, enfrentarse a los ingleses remite a revancha de heridas nacionales y nacionalistas y así lo cantan –afición y jugadores, por cierto–. Para los Three Lions, el recuerdo de lo sucedido en 1986 en el Azteca equivale a una afrenta, por la trampa del primer gol, por la humillación del segundo.

Han tenido que pasar 7.551 días desde la última vez que las dos selecciones se vieron las caras: fue un amistoso en Ginebra (3-2 con remontada inglesa con doblete de Owen en el 88 y el 92). Pero hace aún más, 24 años, del último enfrentamiento oficial, en Sapporo, en el Mundial del 2002 (decidió Beckham de penalti).

24 años desde el último duelo oficial

Han tenido que pasar 7.551 días desde la última vez que las dos selecciones se vieron las caras en un amistoso

Ha llovido tanto que son varias las generaciones que viven de escuchar las leyendas pasadas y ni siquiera Leo Messi, que ha hecho de todo, que enseñó la camiseta del Barça en el Bernabéu, que profanó Maracaná en una final contra Brasil y que cosió la tercera estrella en el escudo, sabe qué significa encarar al gran rival. Jorge Valdano dijo para definirle que “Messi es Maradona todos los días” pero el Mundial le ha puesto otro reto mayúsculo: ser lo que fue y hacer lo que hizo el Pelusa contra los ingleses, emularlo para escapar de la última sombra de Diego.

Después de todo lo que le han pedido ser (capitán, líder, ganador, campeón, el mejor...), hoy debe ser general en el césped. Y le toca escalar la montaña del gran símbolo con 39 años.

La última sombra de Diego

Con 39 años, el diez de la albiceleste tiene una semifinal para alargar su ciclo y emular el gran día de Maradona

A esa edad, en el año 2000, Maradona participaba en el homenaje a Lottar Matthäus en Munich. Su silueta era panzona, con mucho sobrepeso. Era un futbolista retirado y parecía un jubilado. Nada que ver con el fibrado Messi, preparado con mimo para esta cita donde se convertirá en el jugador de más edad en jugar una semifinal y lo hará con todo el protagonismo, luchando por la Bota de Oro... en su partido número 33 en la historia del torneo, seguramente el penúltimo.

Aunque tanta carga alegórica no es una novedad para Leo, acostumbrado a una exigencia superior tras toda su carrera en la élite en Europa. En la Champions League tuvo muchos e importantes cruces con los clubs ingleses, a los que les endosó 27 goles en 36 choques particulares, incluyendo las dos finales de Roma y de Wembley ante el Manchester United con la camiseta del Barça.

La larga espera

Inglaterra lleva seis décadas esperando el momento de regresar a una final del Mundial, desde que lo organizaron y lo ganaron en 1966

Si Messi nunca pudo medirse con Inglaterra, varios de los miembros del cuerpo técnico de Scaloni sí que conocieron esa experiencia religiosa. Ayala, Samuel y Aimar pueden hablar en primera persona. Y el propio seleccionador, con un talante en las antípodas al de Bilardo, la eliminó en el Mundial sub-20 de Malasia antes de proclamarse campeón.

Además, cinco de los titulares habituales de Scaloni juegan en la Premier y Julián, antes de ir al Atlético, militó en el City. Pese a a las agonías del torneo, están habituados a ese ritmo físico y veloz que promueven los pross y más a las órdenes del alemán Thomas Tuchel, que busca ser el primer técnico extranjero que lleva a una selección que no es la suya al cetro.

Con la camiseta visitante

Argentina jugará con el segundo uniforme, negro y azul, lo que ya se ve como una señal que les une a los duelos de 1986 y de 1998

Y las supersticiones sirven para donde no llega el fútbol. Argentina, visitante en Atlanta, jugará con la segunda equipación, negra y azul, lo que ya se ha visto en el país como una señal que les une a las eliminatorias de 1986 (el 2-1 de Maradona) y del Mundial de 1998, donde tras el 2-2 se llegó a los penaltis, que sonrieron a sus intereses y dejaron fuera a Inglaterra.

Sin embargo, todos los duelos anteriores entre los contendientes no alcanzan la relevancia deportiva de este, que es la antesala de una final. El que gane, después de 90 o 120 minutos o la tanda de penaltis, se irá a Nueva York para jugar el domingo contra España. Casi nada. Inglaterra lleva seis décadas esperando el momento de regresar a una final del Mundial, desde que lo organizaron y lo ganaron en 1966. Para Argentina, defensora del título, significaría seguir alargando un ciclo maravilloso para intentar repetir el éxito de Qatar, algo que nadie logra desde Pelé. Y hasta Messi igualaría las dos finales consecutivas que logró Maradona en el zenit de su carrera en México e Italia.

Este tipo de partidos tan mediatizados, con tanta tensión y tan simbólicos se sabe cuándo empiezan pero nunca cuándo acaban.

Carles Ruiperez Tirado

Periodista que cubre la información de Deportes en La Vanguardia desde 2006. Vibra con el fútbol y el ciclismo. Asiduo del Camp Nou, de Castalia y de los puertos del Tour