Observar el mundo para conocerse a uno mismo. Minor White, considerado uno de los nombres esenciales del siglo xx para comprender la evolución de la fotografía moderna, nos recuerda que esta disciplina es una forma de explorar y reflejar nuestro interior. La poesía que desprenden sus imágenes es una de las claves de sus trabajos, y el público que se acerque hasta el centro KBr de Fundación Mapfre en Barcelona podrá comprobarlo con la retrospectiva más completa del artista en Europa.

“Minor White fue un poeta, y la fotografía la razón última de su existencia, la manera de vivir con su herida y sus contradicciones, su manera de ser y de estar en el mundo”, explicó Carlos Gollonet, conservador jefe de fotografía de Fundación Mapfre, durante la presentación de la muestra. Esta se articula valiéndose, sobre todo, de la idea de secuencia. “Cualquier fotografía vista por sí sola fracasará en el intento de comunicar. Para comunicar o evocar se requiere un mínimo de dos fotografías o una fotografía con palabras”, decía White. Por ello, el artista le daba valor al conjunto, haciendo que las imágenes se relacionasen entre sí, contando una historia, pero, a su vez, con un elemento indispensable: el público. Así, “buscaba la participación activa del espectador”, según Gollonet, haciendo referencia a lo que White consideraba “el cine de imágenes fijas”.

Minor White fue un poeta, y la fotografía la razón última de su existencia, la manera de vivir con su herida y sus contradicciones, su manera de ser y de estar en el mundo
Carlos Gollonet
Conservador jefe de fotografía de Fundación Mapfre
Nacido en Minneapolis en 1908 y fallecido en Boston en 1976, White inició su formación en la botánica y las artes, y escribió poesía desde muy joven. A partir de finales de la década de 1930, se dedicó plenamente a la fotografía, desarrollando su trabajo inicial en Portland, donde se acercó a la obra de artistas como Alfred Stieglitz, que impulsó la fotografía directa, con nitidez y sin retoques; Ansel Adams, el paisajista por antonomasia; y Edward Weston, que estudiaba las formas y texturas con gran detalle.

A partir de los años cuarenta, consolidó su doble perfil como fotógrafo y docente. Trabajó en centros como la California School of Fine Arts de San Francisco, institución que renovó la enseñanza fotográfica en Estados Unidos, o el Massachusetts Institute of Technology, además de impartir talleres para las nuevas generaciones. La importancia de White también reside en su papel como editor, siendo uno de los fundadores de la revista Aperture en 1952.
White concebía la fotografía como una herramienta de percepción y conciencia ante el auge del fotoperiodismo y la fotografía documental. Por ello, su producción resulta todavía más extraordinaria. Los temas de sus instantáneas –la naturaleza, el paisaje, el retrato y el desnudo masculino– escapan de lo convencional, reflejando una intensa carga introspectiva y espiritual.

La exposición está conformada por unas doscientas cincuenta copias de época, de las que unas ciento sesenta constituyen once secuencias. Algunas de ellas no fueron exhibidas nunca en vida del fotógrafo y la mayoría no han sido mostradas íntegras en Europa. Cincuenta años después de su muerte, Fundación Mapfre le rinde así un merecido homenaje, en Barcelona hasta el 6 de septiembre y en Madrid, del 24 de septiembre al 10 de enero.