La entrada de más de 80.000 personas en dos días a Ceuta, un episodio más de la guerra híbrida de Marruecos contra España para conseguir sus aspiraciones de soberanía territorial, ha servido para activar las peticiones de "prosperidad compartida". Sobre todo, ahora que se ha tirado la verja entre Gibraltar y España.
Después de que Pedro Sánchez cediera en 2022 a las pretensiones de Rabat sobre el Sáhara Occidental, Marruecos ha utilizado ahora el movimiento migratorio masivo sobre Ceuta como medida de presión, para poner sobre la mesa el debate sobre la soberanía de las dos ciudades autónomas.
Así lo han interpretado todos los grupos políticos salvo el PSOE, como quedó patente en la ronda de comparecencias de ministros, que Margarita Robles abrió el martes en el Congreso de los Diputados.
El acuerdo alcanzado con Reino Unido sobre el Peñón y la reciente crisis migratoria en Ceuta parecen presagiar un reajuste estratégico en torno al Estrecho.
Además, Rabat cuenta con el apoyo de los grandes beneficiarios de la invasión de Ceuta, Estados Unidos e Israel, a un paso más del control del Estrecho.
Las reivindicaciones de las ciudades de Ceuta y Melilla quedaron aparcadas en el reinado de Mohamed VI, que se ha centrado en convertir el Sáhara Occidental en las provincias del sur con su plan de autonomía, reflejo del de Francia y España, sus grandes aliados en Europa.
Sin embargo, el escenario ahora es propicio con el apoyo internacional porque "el codesarrollo puede convertir una frontera percibida como problema en un espacio de oportunidades compartidas", confirmó el exministro y analista Lahcen Haddad.
La fórmula marroquí la ha desvelado Haddad, presidente de la Comisión Parlamentaria Mixta UE-Marruecos y vicepresidente de la Cámara de Consejeros de Marruecos: "España y Marruecos podrían trabajar mucho más en el desarrollo compartido de las regiones vecinas: prosperidad, empleo, infraestructuras, movilidad ordenada e intercambios económicos y humanos".
Sin embargo, no se deja en el tintero lo que Rabat pretende en un futuro. "Y después, llegado el momento, dos países vecinos, soberanos y condenados por la geografía a entenderse pueden abordar el futuro de ambas ciudades con serenidad, imaginación y respeto mutuo", adelanta.
Plan de Hassan II
No hay que olvidar que Rabat aspiró a recuperar Ceuta desde los años 50. Un plan del rey Hassan II, padre de Mohamed VI, con el acuerdo verbal de Barajas.
En 1963, Hassan II se reunió con el dictador Francisco Franco en el aeropuerto de Madrid para abordar el proceso de recuperación por parte de Marruecos de sus territorios pendientes.
Uno de los puntos fundamentales del acuerdo consistía en aplazar el tratamiento de la cuestión de Ceuta y Melilla, considerándola un asunto fronterizo independiente del resto de reivindicaciones marroquíes respecto al Sáhara, y comprometiéndose Rabat a no plantearla ante el IV Comité de Naciones Unidas sobre Asuntos Políticos Especiales y Descolonización.
Así, España logró que Ceuta y Melilla, a diferencia de Gibraltar, se incluyeran en la lista de Naciones Unidas de territorios no autónomos. De esta manera las aspiraciones marroquíes quedaron en suspenso hasta la resolución del asunto del Sáhara Occidental.
En todo caso, Hassan II retomó la cuestión en 1987, mediante una carta dirigida al rey Juan Carlos I y entregada a través de su ministro del Interior José Barrionuevo durante el gobierno de Felipe González.
'Célula de reflexión' hispanomarroquí
En esas líneas, Marruecos ya proponía la creación de un comité de reflexión hispanomarroquí, una célula de reflexión, para abordar el asunto de Ceuta y Melilla y adoptar la vía de la negociación diplomática con vistas a la transferencia de su soberanía a Marruecos.
No obstante, el Gobierno español manifestó su rechazo a la iniciativa, sosteniendo que ambas ciudades son españolas, forman parte de su territorio nacional y no constituyen colonias, a diferencia del caso de Gibraltar.
El expresidente José María Aznar abordó esta cuestión en sus memorias El compromiso del poder en 2013. En esas páginas Aznar confirma que el entonces príncipe heredero Mohamed VI le visitó en 1997, como enviado de su padre, y le transmitió las propuestas marroquíes relativas a Ceuta y Melilla, las cuales él rechazó.
Asimismo, menciona que en 1998 conversó con el rey Hassan II y le advirtió de que, si Marruecos pretendía tomar el control de ambas ciudades por la vía militar, se vería abocado a una "guerra perdida".
Nuevas fórmulas
Actualmente, el enfrentamiento entre ambas partes ha adoptado nuevas fórmulas, alejadas del conflicto militar. El cambio más significativo reside en la estrategia marroquí: Rabat busca relacionarse con España desde una posición de "igualdad".
De tal manera que en Marruecos la "soberanía conjunta" sería una solución de compromiso que permita a ambas ciudades tener un estatus especial que las devuelva a Marruecos sin arrancarlas de España, y al mismo tiempo ponga fin a su creciente crisis económica.
"La soberanía compartida" volvió a surgir en agosto de 2024, cuando Fernando Cucho Pérez, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid y analista de inteligencia aseguró haber visto informes sobre un acuerdo entre Marruecos y España para implementar un sistema de soberanía compartida en Ceuta y Melilla entre 2030 y 2032.
Aseguró que el hecho de que Marruecos se haya convertido en un aliado estratégico de Estados Unidos, Francia, Rusia y el Reino Unido, podría resultar en acuerdos especiales entre la Unión Europea y Rabat, similares a los existentes con Andorra o Turquía.
En todo caso, la prosperidad compartida no deja de ser una primera etapa en esta zona gris, porque el país magrebí no va a renunciar a anexionarse Ceuta y Melilla en el futuro, algo que le dejará pendiente Mohamed VI a su heredero, Moulay Hassan.
Además de las publicaciones de los lobbies estadounidenses proisraelíes, de las declaraciones de los ministros de Justicia y Asuntos Islámicos, la prensa marroquí también hace su trabajo y desentierra documentos del pasado.
Asimismo, aluden a lo que reveló el diplomático Ángel Manuel Bañasteros, el único enviado al Sáhara tras la Marcha Verde, en una entrevista en el diario El Faro de Ceuta en 2013: que los españoles entregarán ambas ciudades a Marruecos inmediatamente después de recibir Gibraltar de Gran Bretaña.
Porque, alegó, "las grandes potencias no permitirán que España controle ambas orillas del estratégico Estrecho de Gibraltar".
Igualmente, los medios recuerdan que en 2013, Londres desclasificó una correspondencia que había sido retenida por el Ministerio de Asuntos Exteriores británico, actualmente depositada en el Museo Nacional Británico, que incluye palabras del rey Juan Carlos I fechadas en 1982.
El monarca español afirmaba que el rey Hassan II le comunicó que si España recuperaba Gibraltar, Marruecos a cambio activaría sus reclamaciones respecto a la recuperación de la soberanía sobre Ceuta y Melilla.
Referéndum en Ceuta y Melilla
Hassan II no sólo reclamaba Ceuta y Melilla en privado, sino que públicamente lo hacía en declaraciones a la prensa y en encuentros con repercusión mediática. Así en 1974 en una reunión con empresarios británicos afirmó: "Espero que las reclamaciones de los españoles sean muy fuertes, porque nos devolverán Ceuta y Melilla si los británicos les entregan Gibraltar".
Volvió sobre la misma idea en 1986, antes de visitar oficialmente España. Entonces dijo que "los españoles reclaman Gibraltar porque está en territorio español" y en contrapartida, "Marruecos continuará reclamando Ceuta y Melilla porque están en territorio marroquí".
Mientras en Gibraltar se celebraron dos referendos, Madrid se negó a organizarlo en las ciudades autónomas considerando que la situación es diferente a la de Gibraltar e incluso a la del Sáhara Occidental.
Sin embargo, en Rabat consideran que podría verse obligada a convocarlo si ambas ciudades se convierten en una carga económica y social creciente para España, o si Rabat encuentra un fuerte respaldo internacional en su camino para llevar este caso ante la Cuarta Comisión de las Naciones Unidas.
Hasta la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH), en el informe que presentó el 8 de agosto en Rabat en referencia a la entrada masiva de personas marroquíes a Ceuta, concluyó que "este episodio pone de relieve de forma contundente la anomalía geopolítica de Ceuta y Melilla, dos ciudades ocupadas en territorio marroquí cuyo estatus actual es, evidentemente, insostenible".